Vino y arte: el maridaje perfecto de la colección Vivanco llega a Santiago

José Carlos Rodríguez I

Santiago de Compostela (EFE).- La Fundación Vivanco realiza en el Centro Obra Social Abanca de Santiago un recorrido artístico desde el siglo XV hasta la actualidad a través del vino, con un total de 80 obras de artistas como Alberto Durero, Annibale Carracci, Eduardo Chillida, Andy Warhol, Pablo Picasso, Miquel Barceló o Menchu Gal, que demuestran que arte y vino maridan a la perfección.


«Inspirados por el Vino. Maestros del Grabado en la Colección Vivanco» es el título de la exposición que se ha inaugurado este jueves en la sala Carlos Maside del Centro Obra Social Abanca y que podrá verse hasta el próximo 10 de noviembre de forma gratuita.


La muestra, comisariada por Eduardo Díez, cuenta con obras pertenecientes a la colección privada de la familia bodeguera Vivanco y está centrada principalmente en el grabado, aunque también cuenta con obras de técnicas más variadas.


Tras pasar por Navarra y Bilbao, la muestra recala ahora en Santiago para mostrar que el vino «forma parte de la cultura occidental», tal y como ha expresado el presidente de la Fundación, Santiago Vivanco, que ha presentado la exposición acompañado por el gerente de la Agencia de Turismo de Galicia, Antonio Casas.

El vino en el Renacimiento


Dividida en diferentes bloques, arranca en el siglo XV con el Renacimiento, el despertar de la cultura grecorromana y la iconografía clásica centrada principalmente en Dionisio -Baco en la cultura romana-, el dios del vino.


Sileno, el padre adoptivo de Dionisio, faunos y ménades conforman el tíaso, la comitiva festiva que celebra la cultura vinícola en grabados de José de Ribera, Andrea Mantegna, Johannes Sadeler, Annibale Carracci o Francesco Piranesi.

El vino y el cristianismo


Otra de las estancias de la exposición se centra en el arte del cristianismo, que inunda toda la civilización occidental. El vino, en representación de la sangre de Cristo ocupa gran parte de la iconografía de los grabados del siglo XVI, como muestran dos obras originales de Alberto Durero, «La Cena de Emaús» y «La Virgen, reina de los ángeles».


En la muestra puede observarse también un ejemplo de la prensa o lagar místico, una iconografía muy peculiar que solo se daba en España y Francia y que representa a Cristo en el interior de un lagar bajo un prensa en forma de cruz, de manera que la sangre estrujada de Cristo simboliza el vino que después se toma en la Eucaristía.


Sobresalen también escenas bíblicas como las estampas de «Lot y sus hijas», firmadas por Lucas van Leyden, Jan Saenredam y Johann Gotthard von Müller.

Costumbrismo vinícola


Banquetes, tabernas o paisajes de vendimia son los escenarios de la sección dedicada a las escenas costumbristas donde los grabadores plasman momentos cotidianos con la vid y el vino presentes. De la vendimia y sus labores, a la fiesta o los efectos embriagadores de esta bebida milenaria, destacan en la exposición artistas como William Hogarth, Johannes van Vliet, o Jan Saenredam.


Aunque el grabado se concibió principalmente en sus orígenes como un modo de facilitar la difusión de imágenes e ilustraciones, a finales de siglo XIX, con las vanguardias y el nacimiento de la fotografía, adquirió entidad propia como disciplina artística, pero fusionándose con otras técnicas.

El vino en el arte contemporáneo


Por ello la muestra más amplia y heterogénea es la dedicada al arte moderno y contemporáneo, con obras de Pablo Picasso, Marc Chagall, Andy Warhol, Antoni Tàpies, Miquel Barceló, Menchu Gal, Joan Miró, Antonio Saura o Paula Rego.


De Picasso, Santiago Vivanco ha destacado especialmente una prueba de autor, que representa la cabeza de Baco joven, un mito muy presente en las obras del artista malagueño.


Sin embargo, más alejado de la mitología el vino también aparece en la obra de Manolo Valdés y sus botellas de aire cubista en «Homenaje a Juan Gris» y «Botella, carta y pipa», o en las litografías de Eduardo Arroyo y el mítico Tío Pepe.


De forma menos explícita también puede observarse el vino en la obra de Chagall o en las estampas de Miquel Barceló o Paula Rego, donde la embriaguez aflora cierta sensación de melancolía, además de en la representación grotesca de Antonio Saura, con su «Cocktail Party».


A pesar de su carácter poco figurativo, Joan Miró también fue otro de los artistas que se rindieron al vino, como se aprecia en su obra «Los vendimiadores» y en el sacacorchos que dibujó en su obra «Le Troubadour», que a día de hoy es la etiqueta del vino crianza de Vivanco.


Una prensa en aguafuerte de Eduardo Chillida, los bellos viñedos de Menchu Gal, una gran copa firmada por Tàpies y otra por Warhol para celebrar la llegada del año 2000, o el racimo de uvas de la mezzotinta de Yozo Hamaguchi son algunos de los ejemplos que en esta exposición demuestran que el universo vinícola fue motivo de inspiración de muchos artistas a lo largo de la Historia y, quizás, el brebaje que atrajo en muchos casos a las musas. EFE
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