Eduardo Palacios | Logroño (EFE).- Dentro de un vestuario profesional conviven diferentes egos, culturas y formas de entender el deporte, por el entrenador tiene la misión de ejercer el liderazgo e implicar a todos en un proyecto común.
Así lo entiende Juan Carlos Álvarez, experto en ‘coaching’ deportivo, que trabaja desde hace dos décadas con entrenadores y jugadores de fútbol profesional y también ha formado parte del equipo de otros deportistas, como Carolina Marín o el jugador de voleibol Rafa Pascual.
En su experiencia, en la que también está el trabajo para la selección española de fútbol o clubes como el Sevilla o el Celta, tiene claro que a los jugadores hay que hacerles ver un mensaje principal: que la individualidad no sirve si no está al servicio del equipo, recalca el que también dirige el máster en Coaching Deportivo de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Esta idea, ha explicado a EFE, tiene como un gran ejemplo al que fue entrenador de los Chicago Bulls campeones de la NBA, Phil Jackson «que fue capaz de decirle a Jordan que aunque metiese 40 puntos, si no se sacrificaba y jugaba para los compañeros, no iban a ganar».
No ser de repente quien más corre
En su trabajo se encuentra con jugadores a los que desde niños les han dicho que en su deporte deben rendir individualmente y no les han transmitido ese mensaje «y ahí es donde llega el entrenador, que debe hacer ese papel» aunque «es cierto que tampoco se trata de decirle a un jugador que no lo hace que empiece a correr como el más, si no que hay que implicarle en que ayude, que se posicione mejor, que tape y que trabaje», explica Álvarez.
Los entrenadores que tienen capacidad de liderazgo «saben dar a cada jugador diferentes cosas, usan la táctica de calor y frío porque primero le dan algo y luego le exigen un poco más» y «en general eso es algo que funciona en poco tiempo».
‘Solo’ gestores de grupo
Álvarez lamenta que se diga de algunos entrenadores de forma despectiva que solo son gestores de grupos «cuando eso es crucial y la prueba está en cómo les va a otros entrenadores que saben de táctica pero no dominan los vestuarios».
«Cuando un entrenador sabe tratar a cada jugador, darle su espacio y hacerle ver que forma parte de un engranaje, ese deportista compra el mensaje, aunque nada más sea por egoísmo, porque cree que le va a ir mejor», explica, «y si no se hace así la situación se complica como se ha visto este año en algún vestuario de fútbol».
«Simplemente se trata de que al llegar a un vestuario el entrenador sepa unir al grupo, exponer que hay un objetivo común que todos deben apoyar sea cual sea su rol y luego sacar el máximo de cada uno», detalla el profesor de UNIR, que asume que «si no se consigue esto es cuando llegan los enfados entre jugadores y se empieza a no trabajar bien».
Si las cosas se hacen bien, concluye Álvarez, «el jugador asume la causa común y se logra que no reme cada uno para su lado, porque en los equipos que ganan reman todos a una».







