Heredar un calado, un «regalo envenenado»

Rebeca Palacios

Logroño, (EFE).- Heredar un calado puede convertirse en «un regalo envenenado», porque exige mantener sus instalaciones en perfecto estado y su conservación depende también de las bodegas colindantes, lo que supone un coste económico «tremendo», según asegura a EFE el abogado Félix Pérez.


Este socio y fundador de Servicios de Asesoría Integral (SEAIN) ha intervenido este jueves en el IV Congreso Internacional de Barrios Históricos de Bodegas, que se celebra hasta mañana en la localidad riojana de Villamediana de Iregua, impulsado por el Centro Europeo de Información y Promoción del Medio Rural (CEIP) Rural de La Rioja.

«Mi tío me ha dejado un calado en herencia, ¿tengo motivos para alegrarme?» es el tema de su ponencia en este congreso, en la que sostiene que «mantener bien el calado propio y también los de alrededor no es un tema fácil», ya que «hace falta mucho dinero para arreglar» este tipo de bodegas subterráneas.


Sin embargo, ha defendido la conservación y recuperación de este tipo de construcciones, porque los barrios históricos de bodegas son espacios «identitarios» de los municipios y ha opinado que «si no se hace algo, se pierden».

Pérez ha explicado que si los municipios no se conciencian y no solicitan una declaración de interés cultural, los calados se acaban abandonando, como «desgraciadamente» ha ocurrido en Entrena (La Rioja), donde se no se invierte lo suficiente para mantener su barrio histórico.

Debido al alto coste económico que exige su rehabilitación, estas bodegas subterráneas son «un patrimonio que se acaba abandonando», pero en algunos municipios riojanos, como Autol, están «bastante bien conservadas» y cuentan con un barrio «bien organizado».

«Un calado es un bien histórico y patrimonial que se puede utilizar en el desarrollo del enoturismo, tan de moda, pero hay que mantenerlos», ha reflexionado, por lo que «habría que buscar ayudas para conservar, al menos, una parte de estos calados y la redacción planes directores que hagan una fotografía para tener información de su estado».

¿Debo aceptar un calado heredado?


Para este abogado, aceptar un calado en herencia «depende de su situación, su mantenimiento previo y las condiciones de seguridad», pero ha recalcado que «si tiene unas cargas de mantenimiento muy fuertes, es mejor no aceptar esa herencia».

Según ha explicado, «lo primero» nada más heredar un calado es pedir un informe técnico de su estado y de sus alrededores, porque las propiedades colindantes tienen que estar en perfecta conservación, debido a que, en muchas ocasiones, una se apoya sobre otra y «si se cae un calado, se desploma el siguiente».

Después, ha proseguido, hay que solicitar un informe jurídico para comprobar si está inscrito en el catastro y en el registro de la propiedad con el objetivo de conocer su situación real.

«Sin tener estos informes previos, yo no aceptaría la herencia de un calado, porque primero hay que averiguar en qué estado está la propiedad», ha puntualizado.

Foto de archivo (7/672020) de un calado en Fuenmayor (La Rioja). EFE/Raquel Manzanares

Planes directores de barrios de bodegas


Ha precisado que, en La Rioja, ya se han redactado planes directores para los barrios de bodegas de los municipios de Quel y Alberite, en los que se ha identificado el número de calados y su estado de conservación.

En estos dos casos, los ayuntamientos ya han realizado un trabajo previo y los propietarios cuentan con una memoria descriptiva inicial del estado de las instalaciones, por lo que disponen de información técnica para decidir si se animan a rehabilitarlo.

En los barrios históricos, los calados se han construido de forma tradicional en el subsuelo, ha indicado, por lo que se entiende que el propietario de la superficie es también el dueño de la bodega o cueva.

«El principal problema en un calado es que si el que está construido encima no está en buenas condiciones, puede llegar a derrumbar los dos, que es una situación muy frecuente en aquellos municipios en los que no se ha invertido dinero en redactar un plan director», ha precisado.

Por ejemplo, está situación podría producirse en localidades como Autol, donde las bodegas subterráneas están ubicadas fuera del municipio, algo que no sucede en Navarrete, donde muchas de las casas tienen su propio calado.

También ha explicado que cualquier modificación que se haga del estado del calado es obligatorio declararla en el catastro, debido a una cuestión fiscal para el pago de impuestos; mientras que en el registro de la propiedad solo es «voluntario», aunque aconsejable.

Suelo sobre los calados


El calado se construye en el subsuelo y su propietario es el dueño de la superficie de este terreno, ha aclarado.

Sin embargo, en algunos casos, los calados discurren bajo una plaza, un jardín o un tramo de calle, por lo que, ha puntualizado, esa parte de la bodega sería «bien público y propiedad del Ayuntamiento».

En estos casos, es aún más complicado heredarlo, porque el Ayuntamiento tiene que modificar ese bien para que se considere patrimonial y se pueda vender o permutar, lo que complica aún más la tramitación jurídica.

Estos calados han funcionado durante 300 años sin problemas de humedades, ha dicho, pero cuando se pavimentan las calles no se deja transpirar a la tierra y no hay ventilación suficiente, por lo que se produce una concentración de agua y acaban inundados, ya que el agua siempre busca una salida.

EFE La Rioja