Jesús Marino Pascual defiende el valor de los calados vinculado a las emociones

Rebeca Palacios
Logroño, (EFE).- El arquitecto Jesús Marino Pascual ha dicho a EFE que los calados «son un patrimonio cultural y una referencia que se debe cuidar» por su valor «vinculado a las emociones», ya que son espacios de «convivencia exultante, fuera de prejuicios y sin etiquetas».

Con la ponencia «El patrimonio cultural nos enriquece a todos», Pascual ha intervenido este viernes en el IV Congreso Internacional de Barrios Históricos de Bodegas «Sostenibles, singulares y reales», que se celebra en la localidad riojana de Villamediana de Iregua, impulsado por el CEIP Rural.


A su juicio, el patrimonio vinculado a los calados y bodegas «no solo no se ha cuidado, sino que se ha despreciado», cuando es «mucho más importante de lo que puede parecer, porque está vinculado con el sentir de las personas que lo han vivido y sus emociones».

Un lugar para «celebrar»

Tradicionalmente, los calados excavados en la roca permitían mantener el equilibrio térmico para conservar el vino que se elaboraba en un cuerpo construido, que tenía una característica muy singular: un hogar con una mesa y, en tiempos anteriores, unos pesebres, ha relatado.


Así, al volver del campo, era el lugar en el que, «con un vasito de vino», se celebraba el fin de la jornada de trabajo.

Cuando llegaba la vendimia y concluía la actividad frenética, el calado también servía para «celebrar», por lo que este arquitecto defiende que los barrios históricos de bodegas tienen «un significado muy arraigado en el sentir de los que lo han vivido».

Ha precisado que el catastro del Marqués de la Ensenada permitió identificar en 1753 en Alberite un total de 50 bodegas; casi 200 años después, en 1950, se conserva el mismo número; pero en 2013 se identificaron 278, con posibilidad de construir un centenar más.

Tras la industrialización de sector agrario, en los años 60 del siglo XX, se habilitaron muchos nuevos calados familiares, a pesar de que ya no se necesitaban para elaborar el vino, «porque la bodega se había convertido en un lugar de celebración de la amistad».

El también Galardón a las Bellas Artes Riojanas 2011 ha insistido en que «no se puede despreciar» el valor de los calados «como germen de una gran cultura» en esta comunidad.

Barrios como hormigueros

A pesar de la «potencia vitivinícola» que tiene La Rioja, cree que «no se vio lo que era un barrio de bodegas en realidad, con su planimetría, hasta que se estudió el de la localidad de Quel».

Gracias a un convenio con el Ayuntamiento de este municipio riojano, se realizó el levantamiento planimétrico de este barrio, que «por primera vez» quedó reflejado en planos de los diferentes niveles y se publicó en un libro en el año 2010.

Un barrio de bodegas es «como un hormiguero», ha explicado, y en Quel se da la circunstancia que la zona de viñedo está ubicada sobre los calados, por lo que la uva se vertía a través de unas chimeneas, «algo muy singular».

La necesidad de proteger


Aunque las bodegas centenarias ya estaban protegidas en La Rioja, en el año 2013, el Gobierno riojano declaró los barrios históricos de bodegas «bien de interés cultural identitario», lo que les brindó una protección.

Después, se elaboró el plan director del barrio de Alberite, que es un instrumento técnico necesario para «recuperar y mantener» estas zonas, cuya conservación tiene «gran complejidad» al estar ubicados los calados bajo calles y zonas de tránsito.

Por ello, para mantener los barrios de bodegas, ha demandado que se elaboren los «estudios necesarios» para tener una visión «completa» de todo el entorno, porque una actuación en una zona del subsuelo afecta al resto del entramado, debido a la presencia de aguas subterráneas.

«Si queremos que pervivan estos barrios, hay que dotarlos de instalaciones, como aseos o puntos de suministro de agua, que en algunas zonas no es posible colocar», ha concluido.

EFE La Rioja