El «colonialismo» energético que hunde la transición verde en África

Isaac J. Martín |

Sharm el Sheij (Egipto), 15 nov (EFE).- El «colonialismo» está de vuelta en África con las empresas, bancos y gobiernos occidentales que buscan a la desesperada hacerse con los recursos y combustibles fósiles del continente africano, en un David contra Goliat en el que las víctimas se cuentan por millones.

Desde la invasión de Rusia a Ucrania el pasado 24 de febrero, Europa está viviendo una acuciante crisis energética por la que han tenido que buscar alternativas para alejarse de la dependencia de Rusia para el gas. Una de sus principales miradas se ha puesto en el continente africano, muy rico en recursos naturales.

Pero la realidad para los africanos es muy diferente: vienen a «aprovecharse» de la energía del territorio, según dijo en una entrevista a EFE el keniata Omar Elmawi, director de StopEACOP, una campaña mundial contra la construcción del oleoducto de petróleo crudo de África Oriental (EACOP, por sus siglas en inglés).

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Propia definición de colonialismo

«Tienes que ir a la misma definición de colonialismo: viene la gente tomando los recursos sin el permiso, llegan en nombre del desarrollo de la civilización, pero lo que están haciendo es aprovecharse de sus recursos», señaló Elmawi en el marco de la Cumbre del Clima COP27, en la ciudad egipcia de Sharm el Sheij.

Precisamente este martes, su organización, Urgewald y más de una treintena de oenegés denunciaron en un informe que 200 empresas están explorando o desarrollando nuevas reservas de combustibles fósiles, como terminales de gas natural licuado (GNL), gasoductos o centrales eléctricas alimentadas con gas y carbón, en África.

Sin embargo, como siempre en las promesas de proyectos industriales, está presente la división de opiniones en torno al empleo que generan los terminales de GNL y las minas de carbón, sobre todo en Sudáfrica.

Elmawi opina que «la transición energética es un aspecto muy importante y hay que brindar alternativas. Lo bueno es que muchos de esos proyectos no se han implementado en el terreno porque tenemos ahora la oportunidad de enfrentarnos a ellos», indicó el activista.

Pero incide que al final son «los expatriados» quienes acuden a estos nuevos proyectos de combustibles fósiles en el continente africano, mientras que «los trabajos mal pagados y no cualificados van para los locales. Ni siquiera nos beneficiamos nosotros, ni siquiera se preocupan por nuestra salud».

Al respecto, la directora de Urgewald, Heffa Schuecking, aseguró a Efe en Sharm el Sheij que hay países como Nigeria o Sudáfrica, con sus minas de carbón, donde estas inversiones generan «un real problema»; sobre todo para la gente que» trabaja en dichas minas y que dependen de esos trabajos».

Lo que hay que hacer, sostiene, es darles «un trato justo, una oportunidad para volver a formarse en otros trabajos que tengan como base la energía renovable».

Por ejemplo, como señaló Schuecking, existen 400 minas abandonadas en Sudáfrica que son toda «una bomba de relojería» para la población.

Carne de insurgencia

Del informe publicado hoy, el conglomerado de ONGs ecologistas reveló que esas centenares de empresas están persiguiendo proyectos de expansión de combustibles fósiles en 48 de 55 países africanos.

Además, los bancos comerciales están canalizando 98.000 millones de dólares (94.000 millones de euros) en los proyectos de combustibles fósiles, entre ellos los españoles Santander y BBVA; que se sitúan entre las 28 entidades que más financian.

Del total de 98.000 millones de dólares canalizados hacia esta industria contaminante en el continente africano, «44.000 millones de dólares (42.000 millones de euros) se proporcionaron a través de préstamos y 54.000 millones de dólares (52.000 millones de euros) a través de la suscripción de nuevas emisiones de acciones y bonos», según el informe.

El mayor desarrollador de nuevos recursos de petróleo y gas «upstream» o extracción de hidrocarburos en África es el grupo petrolero francés TotalEnergies, que ya «obtiene el 25 % de su producción de hidrocarburos» en el continente y que pretende agregar 2.270 millones de barriles de petróleo equivalente a su cartera africana.

Uno de los proyectos de Total que está completamente paralizado es el que tiene en Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, donde está desplegada la rama del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Esa llama prendida de los combustibles fósiles es una de las muchas razones por las que la insurgencia se ha hecho más fuerte en esta parte del territorio africano, donde el EI está trasladando su campo de batalla desde Siria e Iraq, países que fueron la cuna de una de las organizaciones extremistas que más terror han creado en este siglo.

Según Schuecking, Mozambique es el mejor ejemplo de «punto caliente» para Europa.

«Han creado el terreno para un estado islámico insurgente activo. El Gobierno de Mozambique se ha basado principalmente en el sur del país, pero el norte es una zona sin recursos, precisamente donde se sitúa la provincia de Cabo Delgado», explicó.

Además de los costes ambientales, incidió la experta, los proyectos que traen a África las energéticas europeas crean una tensión que «puede llevar a una explosión» y provocar «una catástrofe de derechos humanos en esos lugares, como con Mozambique» de la que son responsables esas compañías, zanjó.