La flotilla de submarinos de Colombia, 50 años de viajes al fondo del mar

Por Ricardo Maldonado Rozo |

Cartagena (Colombia), (EFE).- Los 42 tripulantes del submarino ARC Pijao de la Armada Nacional de Colombia, formados y listos para zarpar, rezan antes de la inmersión para que la misión que van a cumplir salga perfecta y puedan regresar a puerto sanos y salvos.

Esta es una de las pocas veces que la tripulación conoce el propósito de la misión porque normalmente la orden se limita a indicarles que deben alistarse para un determinado número de días en el mar; pero esta vez la tarea es diferente, será la celebración de los 50 años de operaciones de la flotilla de submarinos de la Armada, una inmersión a la cual fue invitado un equipo de EFE.

«En un submarino hay espacio para todo menos para un error porque el error te puede costar la vida», afirma el jefe asesor de comando, Freddy Peralta, quien ha pasado 19 de los 21 años que lleva en la flotilla de submarinos a bordo del ARC Pijao.

Un mundo aparte

Un miembro de la Armada Nacional de Colombia observa a través del periscopio del submarino ARC Pijao, durante unos ejercicios de entrenamiento. EFE/Ricardo Maldonado

El submarino es un mundo completamente diferente; los espacios son muy reducidos, solo hay dos estrechos sanitarios y no hay camas para toda la tripulación, por lo que tienen que rotarse las literas; una vez despierta un tripulante, el otro cambia las sábanas y se recuesta.

Cuando se entra al submarino se pierde toda conexión con el exterior, solo hay comunicaciones con el alto mando de la Armada a través de sistemas sofisticados. El aire que se respira y la presión son estrictamente regulados.

El pilotaje está a cargo de tres marinos, uno opera el timón que gira a la izquierda o la derecha, otro el mando para la inmersión y otro el de emerger.

La flotilla cuenta con dos submarinos del tipo U209-1200, los ARC Pijao y Tayrona, y dos más del tipo SX-506, los ARC Intrépido e Indomable, de fabricación alemana que el próximo 4 de noviembre estarán en la celebración en la Base Naval de Cartagena de Indias.

Garantía de seguridad

Durante una navegación en la que el Pijao efectuó una inmersión a 150 pies, el comandante del submarino, el capitán de fragata Harvey Murcia, explica a EFE que alcanzar medio siglo de operaciones es «motivo de orgullo, de ánimo de seguir adelante» en una tarea que «representa un poder estratégico» para el país.

El comandante del submarino ARC Pijao, capitán de fragata Harvey Murcia (d), durante una faena de entrenamiento. EFE/Ricardo Maldonado

«La importancia de nuestra fuerza submarina es poder brindarle al país esa seguridad marítima; que las líneas de comunicaciones marítimas tengan ese apoyo estratégico, creíble, que los países de la región sepan que Colombia cuenta con este poder naval», afirma el oficial.

Murcia explica que la fuerza de submarinos garantiza el comercio internacional en esa parte del mar Caribe porque es un poder que «en el momento en que se necesite ahí va a estar garantizando ese zarpe y ese atraque de esos buques».

«El futuro de la fuerza submarina en Colombia es prometedor, positivo porque hay la confianza de parte de todos los colombianos de que en un futuro próximo podamos tener nuevos submarinos», agrega.

Lobo de mar

El ARC Pijao participó recientemente en unos ejercicios navales en los que estuvo también el submarino nuclear USS Minnesota, lo que para la Armada colombiana es una muestra de confianza por parte de Estados Unidos, porque es la primera vez que un buque de esas características emerge en aguas colombianas.

El oficial explica que los ejercicios navales consisten en detectar al contrincante, «lo cual es muy difícil».

Integrantes de la Armada Nacional de Colombia ingresan al submarino ARC Pijao, durante unos ejercicios de entrenamiento, en Cartagena (Colombia). EFE/Ricardo Maldonado

«En ese ejercicio nos fue muy bien, realmente tuvimos varias detecciones del contrincante», recuerda.

Por su parte Peralta, que es probablemente quien mejor conoce el ARC Pijao, dice con nostalgia que cree que no le quedan «más de dos años de navegación» porque tendrá que jubilarse y despedirse de esta vida.

Recuerda que durante los tiempos de tensión con Venezuela tuvo que encarar la realidad de una posible confrontación. «La primera vez que tuve esa situación yo era torpedista», afirma.

Pese a estas situaciones y a la navegación que en sí misma es una actividad de altísimo riesgo, Peralta dice que lo que más le gusta «es la camaradería que hay entre los suboficiales y oficiales, el compromiso que hay con todos los tripulantes porque básicamente nosotros dependemos de nosotros mismos y del compañero que tengo al lado». 

Edición web: Jorge Rincón