La «patera enigma» o la herida abierta de los migrantes desaparecidos

Fatima Zohra Bouaziz |

Beni Melal (Marruecos) (EFE).- Aziza Chenadri, Najat el Wataoui y Naima Fekkak guardan aún la ropa de sus hijos en espera de que algún día vuelvan a casa. Desaparecieron el pasado 27 de marzo tras salir en una patera hacia las Islas Canarias, pasando así a engrosar la lista de los desaparecidos en el Atlántico.

Sus madres, tías, hermanas y abuelas, que se han organizado en un movimiento inédito en Marruecos, la llaman «la patera enigma» porque nadie sobrevivió y no se sabe cómo naufragó. Doce de estas mujeres abren su casa a EFE para explicar el dolor de su día a día sin ellos, aferradas a una esperanza que no decae.

Al menos 55 marroquíes de entre 16 y 45 años viajaban en esa barca neumática, de la que aparecieron 14 cadáveres. Otros 41 siguen desaparecidos, casi todos de Beni Melal, una ciudad del empobrecido centro del país vértice del llamado «triángulo de la muerte», el espacio entre tres ciudades donde se concentran muchos marroquíes tragados por el mar.

La ONG Caminando Fronteras, que hace un seguimiento de las barcas que salen rumbo a Canarias, recibió la alerta de esta neumática el 6 de abril. Llamó la familiar de un desaparecido que vive en España: «Los familiares avisaron tarde y no se pudo evitar la tragedia. Nos llamó desde Valencia y avisamos a la Guardia Civil», cuenta a EFE Helena Maleno, portavoz de la organización.

La "patera enigma" o la herida abierta de los migrantes desaparecidos
Aziza Chenadri muestra el retrato de su único hijo, Tarik Rahimi (27 años), desaparecido tras zarpar de una patera a las Islas Canarias el 27 de marzo. EFE/María Traspaderne

«Veo a mi hijo por todas partes»

En Beni Melal, reunidas alrededor de un cuscús en casa de Rahma Chegraoui, abuela de uno de los desaparecidos, las mujeres relatan el último contacto con sus seres queridos, sin soltar folios con sus fotos impresas en un intento de que alguien los reconozca vivos.

Era 27 de marzo por la tarde cuando Aziza recibió la última llamada de su único hijo Tarik Rahimi (27 años). Le dijo que iban a salir aquella noche y que apagaría su móvil.

«Su sueño era ir a España, trabajar allí para poder comprarme una casa. Espero que esté vivo porque así no puedo vivir. Para mantenerle, limpiaba casas desde que tenía dos años, cuando murió su padre», cuenta desolada.

A su lado, Naima Fekkak explica que lo último que supo de su hijo Said Oufkir, de 33 años, fue a través de uno de los siete traficantes que fletaron la patera, a los que pagaron 40.000 dirhams por persona (3.600 euros). Sobre ellos pesa ahora una denuncia colectiva de las familias.

«Dos días después de la salida de la patera, H.A. (el traficante) llamó a mi hija para decirle que su hermano había llegado bien a Canarias. Pasaron los días y no supimos nada de él. Cuando aparecieron algunos cadáveres, el mundo se nos vino encima».
«Desde entonces vivimos en un infierno», coinciden Naima y las otras mujeres, atrapadas en la desolación pero agarradas a la esperanza de que sus «hijos» -así los definen todas- aparecerán.

La "patera enigma" o la herida abierta de los migrantes desaparecidos
Varias mujeres enseñan los retratos de sus hijos, hermanos o nietos desaparecidos tras zarpar de una patera a las Islas Canarias el 27 de marzo. EFE/María Traspaderne

«Veo a mi hijo Fahid por todas partes. Tenía una moto y ahora, cuando alguien pasa en moto cerca de casa, me asomo para ver si es él», cuenta entre lágrimas Najat, madre de Fahid Mowaden (34 años).

Conectadas por videollamada con otras madres que también quieren contar su historia, todas barajan diferentes tesis sobre el destino de sus hijos. Una es que están secuestrados en Canarias o el Sáhara Occidental, de donde partieron. Sus teléfonos, dicen, siguen sonando.

«Mientras sigamos vivas, vamos a seguir hasta que aparezcan nuestros hijos, vivos o muertos», dice Naima. Las demás asienten convencidas.

Las familias levantan la voz por primera vez

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre octubre de 2021 y el mismo mes de este año 1.532 personas murieron en la ruta canaria, el número más alto desde que tiene cifras (2014). Caminando Fronteras calcula que entre el 70 y el 80 % de los cuerpos nunca aparecen.

Las familias de la «patera enigma», casi todas de condición humilde, se esfuerzan en recaudar fondos para organizar protestas y contratar abogados. Han creado un grupo de WhatsApp en el que se coordinan, intercambian información y también se consuelan.

«Ahora somos una familia y lloramos juntos. A veces llamo a Nisrin (tía de uno de los desaparecidos) y le digo que han muerto, pero ella me anima. Me dice que si hubieran muerto, el mar los echaría fuera y me recuerda que las malas noticias llegan rápido. Sus palabras me devuelven la vida», cuenta Najat.

Esta asociación surgida de forma espontánea no es normal en Marruecos. De hecho, es la primera vez que familias de desaparecidos reclaman una respuesta sobre sus seres queridos.

«Hay un movimiento que acaba de nacer de búsqueda de la verdad y la justicia, un movimiento conducido por las familias», dice a EFE Hasan Ammari, presidente de la Asociación de Ayuda a Emigrantes en Situación Vulnerable, que lamenta que los desaparecidos en el mar son los «invisibles» del fenómeno migratorio.

YouTube player