La paz se volvió fiesta en Buenaventura, el ejemplo para Colombia

Por Laia Mataix Gómez |

Buenaventura (Colombia) (EFE).- «La paz para Colombia» fue la consigna más repetida en Buenaventura, ciudad donde se celebró la tregua entre dos bandas delincuenciales que ha supuesto 85 días sin homicidios y que le valió para convertirse en «un faro para alumbrar el camino» del país.

Pero la paz no sólo se habló, se lució en camisetas con mensajes en contra de la violencia, en carteles que llegaron desde otras regiones del país y con banderas de Colombia y Buenaventura.

El principal puerto del país Pacífico que pasó de ser una de las ciudades más peligrosas de la nación andina y el mundo a ser el paradigma para «emancipar la región pacífica».

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, habla durante una reunión del diálogo social vinculante, en Buenaventura (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

Así lo afirmó el presidente colombiano, Gustavo Petro, que viajó acompañado de la vicepresidenta, Francia Márquez, y el alto comisionado de Paz, Danilo Rueda, para poner en valor el esfuerzo que han hecho más de 1.700 jóvenes de las bandas ‘Shotas’ y ‘Espartanos’ para dejar de matarse entre ellos y abrazar la paz.

«Es un éxito que se debe a la decisión de las agrupaciones de no matarse entre sí, de dar un espacio, una oportunidad a la paz (…), eso tiene que premiarse, no castigarse», arguyó Petro subido a una tarima donde la marimba y el tambor armaron una fiesta minutos antes para celebrar este hito.

Este «proceso de paz urbano» es «inédito» y ha convertido a Buenaventura en «un faro que alumbra en el mundo que cada vez se llena más de conflicto», y para Colombia un gesto que «debe ser aplaudido porque se necesita reconciliación, perdonar».

Respirando paz en Buenaventura

«Los últimos registros señalan que se venían presentando 25 homicidios al mes, los enfrentamientos bélicos en las calles no nos permitían vivir en paz, salir en paz», continuó el obispo de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo, uno de los artífices de la paz.

Pero celebró que «se han quitado las fronteras invisibles» y que este enclave del pacífico se ha convertido en una «inspiración para otros territorios el país».

No obstante, consciente de que todavía queda trabajo por hacer, convocó a los «actores armados que están en la ruralidad» a seguir el ejemplo de los ‘Shotas’ y ‘Espartanos’.

«Sabemos la zozobra de no poder andar por nuestro territorio tranquilos, conocemos la guerra por dentro (…) y hoy estamos aquí para comprometernos con la paz», insistió, por su parte, Márquez, quien además solicitó un minuto de silencio por «tantos jóvenes, mujeres, líderes sociales que han perdido la vida en este territorio por causa de la violencia».

El delegado de la Unión Europea Eamon Gilmore habla durante una reunión del diálogo social vinculante, en Buenaventura (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

Los días de celebración en Buenaventura también contaron con la participación de la cooperación internacional y de delegados en Colombia, entre ellos Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea para la Paz en Colombia, quien destacó que no conoce «ninguna ciudad que haya logrado lo que ha logrado Buenaventura en el mundo».

Además, reiteró que «la UE ha estado apoyando la construcción de paz en Colombia durante décadas (…) y seguirá apoyando a este país» en ese camino.

Camino hacia la paz

Leonard Rentería, uno de los jóvenes líderes más reconocidos de la ciudad portuaria, tiene claro que este proceso está siendo un éxito:

«Hace unos meses éramos vistos como el epicentro de la violencia, creíamos que no saldríamos de esa situación, las noticias de Buenaventura se enfocaban en la muerte, el desplazamiento, en las fronteras invisibles, pero después de los últimos 90 días hemos pasado de eso a poder transitar de un barrio a otro sin problema», cuenta a EFE.

La vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, bLa vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, baila durante una reunión del diálogo social vinculante, en Buenaventura (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

Y la vicepresidenta lo dejó claro desde Buenaventura, comprometiéndose a trabajar por acabar con la inequidad y desigualdades, porque «un pueblo que tiene derechos es un pueblo que no se levanta en contra de su propia gente».

«La paz total es la paz donde cabemos todos», concluye esperanzado Leonard, que no olvida que el trecho es largo, pero las ganas de que haya paz son más fuertes.