Los pembas, un pueblo preso en el limbo de la apatridia en Kenia

Lucía Blanco Gracia |

Gazi (Kenia) (EFE).- Mize Hamisi Ali no está segura de su propia edad pero no duda al afirmar que Kenia es la única patria que ha conocido en su vida, a pesar de que su comunidad, el pueblo pemba, ha vivido durante décadas en un limbo legal, al no ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho del país.

“Hemos vivido aquí desde que alcanza nuestra memoria”, susurra en una entrevista con EFE esta anciana, envuelta en un pareo floreado y sentada sobre una estera en el porche de la casa de arcilla y hojas de palma que construyeron ella y su marido, Mfaki Sharif Omar, en un pedazo de tierra que no les pertenece del pueblo de Gazi, en el sur de la costa keniana.

De un sobre arrugado, Omar extrae con sus manos huesudas los escasos documentos que conservan él y su mujer, cuya comunidad cuenta con más de 7.000 miembros en Kenia -según su propio recuento-, donde han vivido como apátridas desde la independencia del país en 1963.

Entonces, los pembas no fueron registrados como una tribu indígena ni reconocidos como ciudadanos de la nueva república declarada en 1964, lo que se tradujo en décadas de marginación y acoso de las autoridades.

Pero esta situación podría cambiar después de que el presidente keniano, William Ruto, anunciara el pasado diciembre el inicio del proceso para concederles, por fin, la ciudadanía.

El presidente de Kenia, William Ruto, en una conferencia de prensa en su residencia oficial en Karen, Nairobi, Kenia, el pasado mes de septiembre. EFE/EPA/Daniel Irungu


Marginación histórica

La presencia de los pembas en el territorio que es hoy en día Kenia “data de hace siglos”, explica a EFE Robert Waweru, politólogo de la Comisión de Derechos Humanos de Kenia (KHRC, en inglés), que sitúa los primeros indicios entre los siglos XIV y XV.

Desde finales del siglo XVII, gran parte de la franja costera de África oriental, incluyendo las actuales playas kenianas, estuvo bajo el dominio de los sultanatos de Omán primero y de la isla de Zanzíbar después.

Este estatus se mantuvo parcialmente durante el periodo colonial británico (1920-1963) y hasta que esos territorios fueron cedidos por las autoridades zanzibaríes en octubre de 1963, meses antes de que el país lograra la independencia en diciembre.

“Regímenes sucesivos después de la independencia sostuvieron que los pembas de Kenia procedían de la isla Pemba de Tanzania”, señala Waweru, así que “el Gobierno no les permitió registrarse como ciudadanos”, lo que les ha negado derechos como la sanidad y la educación públicas o la propiedad de la tierra.

Si bien en el pasado no eran necesarios documentos de identidad para inscribirse en la educación primaria o secundaria en Kenia, un nuevo sistema obliga desde 2017 a presentar el certificado de nacimiento de los menores, que sólo puede obtenerse con el carné de identidad de los padres.

Aunque podrían haber accedido a las aulas antes, la inmensa mayoría de los pembas son analfabetos, porque “tras años de acoso, arrestos por ser considerados inmigrantes ilegales y deportaciones (a Tanzania), la mayoría vivían escondidos” y no fueron a la escuela, lamenta Waweru.

“Cuando das a luz sin tener la seguridad de Linda Mama te ves obligada a pagar, mientras con ese programa podrías recibir apoyo si algo va mal durante el parto”, relata, por ejemplo, Fatuma Hamadi Juma, madre de diez hijos y vecina de Gazi, sobre una de las iniciativas de la sanidad pública keniana de las que se ven excluidos.


Falsificación

La falta de DNI hace que tampoco puedan abrir una cuenta bancaria o registrar un negocio, por lo que muchos acaban falsificando este documento, haciéndose pasar por miembros de las más de cuarenta tribus sí reconocidas en el país.

Mize Hamisi Ali muestra un documento que la acredita como integrante del pueblo pemba, en Kenia. EFE/ Lucía Blanco Gracia

Vestida con un chador gris -los pembas son generalmente musulmanes-, Juma revela que “algunos usan el carné de identidad de sus vecinos o amigos” o lo compran en el “mercado negro”.

Es el caso de Ibrahim Ahmed Mohamed, un activista de 33 años que regenta un puestecito de especias en el mercado central de Mombasa, segunda ciudad de Kenia y principal urbe de la costa.

Los padres de Mohamed, que ha logrado estudiar en la universidad, consiguieron papeles en los años noventa, a través de contactos en la Administración, lo que le permitió a él luego tramitar su propia documentación.

“Mis padres nos decían: si queréis conseguir vuestro carné de identidad, no os expongáis, no digáis que sois pembas”, recuerda, “pero no quiero esconder mi tribu. Estoy orgulloso, ¿por qué debería negarla?”.

En 2021, un grupo de parlamentarios visitó a esta comunidad, tradicionalmente pescadora, y concluyó que debían ser reconocidos como ciudadanos del país.

Si esto se materializa tras la promesa del presidente, los pembas dejarán de engrosar la lista de alrededor de 18.500 apátridas que malviven en Kenia, según la última estimación de 2016 de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).