Netanyahu retomará el poder enjuiciado por corrupción: ¿conflicto de intereses?

Joan Mas Autonell |

Jerusalén (EFE).- Tras años de inestabilidad, Benjamín Netanyahu retomará el poder en Israel con una holgada mayoría que le permitirá gobernar sin muchas trabas, pero su retorno está manchado por su juicio abierto por corrupción. Voces críticas alertan de que lo podría usar para condicionar el proceso a su favor.

Tras más de dos años de pesquisas policiales, el próximo jefe de Gobierno -que ayer informó al presidente que tiene apoyo suficiente para crear Ejecutivo- fue acusado de cohecho, fraude y abuso de confianza en tres casos separados a fines de 2019.

Esto marcó la cuenta atrás de su juicio, que comenzó en mayo de 2020, que aún sigue su curso y previsiblemente durará años.
El proceso quedó en segundo plano este 2022 y casi no tuvo peso en la campaña para los comicios del 1 de noviembre, pero es un asunto que afectará esta legislatura.

En caso de ser declarado culpable con condena firme, Netanyahu debería dimitir, pero mientras podrá mantener el poder: la ley israelí marca que un ministro debe dejar su puesto al ser acusado, pero esto no se aplica a un jefe de Gobierno.

Netanyahu, primer ministro más longevo de la historia de Israel que gobernó durante 15 años (1996-1999 y 2009-2021), no abandonó el cargo cuando fue imputado hace tres años, y su retorno devuelve al Estado a la contradicción de tener a su principal gobernante triplemente enjuiciado.

Netanyahu retomará poder enjuiciado por corrupción: ¿conflicto de intereses?
Carteles electorales de apoyo a Benjamín Netanyahu, el pasado mes de octubre. EFE/Sara Gómez Armas

Conflicto de intereses

«Si eres juzgado por corrupción y primer ministro, esto te pone en un conflicto de intereses, porque puedes usar el aparato estatal para obtener una decisión favorable en tu caso», afirma a Efe Adam Shinar, docente de derecho en la Universidad Reichman de Israel.

En el llamado «Caso 1000», se acusa a Netanyahu de aceptar lujosos regalos de multimillonarios. En el «Caso 2000» se juzga un intento de pacto para obtener cobertura a su favor con el editor del importante diario Walla a cambio de limitar la distribución de otro periódico rival.

Y en el «Caso 4000» es sospechoso de favorecer a la empresa de telefonía Bezeq a cambio de esa cobertura favorable en Walla, ya que ambas empresas estaban controladas por el magnate Shaul Elovitch. Esto implica el cargo de cohecho, penado con hasta diez años de prisión.

Los otros casos por fraude y abuso de confianza podrían implicar penas de hasta tres años, aunque Netanyahu niega todos los cargos y alega un complot de fiscales, medios, inspectores policiales e izquierda.

Sus críticos especulan con la posibilidad de que pudiera usar su posición para anular su juicio con maniobras legales, y así lo insinuó alguno de sus socios de extrema derecha, pero analistas creen que no le interesa dar este paso ni causar revuelo con medidas que se verían como ataques a la justicia y a la democracia israelí.

«No creo que Netanyahu quiera cancelar el juicio de forma clara porque el proceso aún durará mucho, pero podría hacer otras cosas para socavarlo», remarca Shinar.

Según detalla, el procedimiento está aún en fase probatoria, de comparecencia de testigos, una etapa temprana que da margen al jefe de Gobierno para «seguir con el statu quo vigente».

Benjamin Netanyahu en el juzgado de la Corte de Distrito del Este de Jerusalén, en marzo de 2022
Benjamin Netanyahu en el juzgado de la Corte de Distrito del Este de Jerusalén, en marzo de 2022. EFE/EPA/ Yonatan Sindel/ Pool

Proceso lento

El proceso también avanza lentamente por ser una macrocausa con muchas personas implicadas e ingente información a analizar, señala Amir Fuchs, experto legal del Instituto para la Democracia de Israel.

«Hay cientos de testigos y se permite a la defensa hacer preguntas durante semanas. A veces la misma persona testifica durante dos o tres semanas seguidas», explica.

Los jueces también abordan los tres casos en los que Netanyahu está procesado a la vez, por lo que tardarán más en emitir dictamen final que si lo hicieran separadamente, añade Fuchs.

Hasta ahora, Netanyahu se ha sentado pocas veces en el banquillo de acusados y se le eximió de asistir a las sesiones actuales, pero deberá estar cuando la defensa le interrogue.

«Pasará mucho tiempo en el juicio o con sus abogados, y no podrá dedicar la atención necesaria a gobernar», alerta Shinar.

A largo plazo, cree que Netanyahu podría jugar la maniobra de intentar hacer dimitir o forzar la renuncia de la fiscal general, Gali Baharav-Miara, autoridad con poder para determinar el proceso.

«Podría reemplazar a la fiscal con alguien más afín a sus puntos de vista que retrase el juicio de una forma u otra», vaticina.
El nombramiento de un nuevo fiscal cercano a Netanyahu podría hacer que se desestimara el caso o que el primer ministro llegara a un acuerdo de culpabilidad con el que evitar la prisión, «una vía más fácil sin necesidad de aprobar nueva legislación», afirma Fuchs.

También podría dejar simplemente pasar el tiempo y que su defensa lo use para dilatar el juicio y retardar el veredicto.
Según Shinar, pueden pasar «tres o cuatro años hasta que todo esté terminado», y si Netanyahu es inculpado, «apelará probablemente a la Corte Suprema», lo que tomará más tiempo para deliberaciones.

Aún hay camino por recorrer y la situación podría cambiar, pero todo parece indicar que a corto y medio plazo Netanyahu estará en el poder sin que sus cuentas con la Justicia le desbanquen.