Al menos 56 muertos en cuatro días en choques tribales en Sudán del Sur

El Cairo (EFE).- Al menos 56 personas murieron y otras 17 resultaron heridas por choques tribales entre jóvenes armados del condado de Pibor y del estado de Jonglei, en el este de Sudán del Sur, informaron este martes medios locales.

«La actualización de las bajas en la ciudad de Gumuruk es de 56 muertos, mientras que 17 heridos se encuentran actualmente en la ciudad de Gumuruk» recibiendo tratamiento, afirmó el ministro de Información de Pibor, Abraham Kelang Jiji, a la emisora local independiente Eye Radio.

En el ataque, que comenzó el pasado día 24 y se agudizó ayer por la mañana, «lucharon los jóvenes de Pibor contra los atacantes», que son de Jonglei, indicó Kelang a la emisora sursudanesa The Radio Community, y añadió que los combates continúan.

El conflicto se produce entre las tribus Nuer, el segundo grupo étnico más grande de Sudán del Sur, y la Murle, sin que se conozcan los motivos.

La Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS) advirtió el pasado miércoles de que estaba «profundamente preocupada» por los informes sobre la movilización de jóvenes de la tribu Nuer armados en la zona del Gran Jonglei.

«Estas movilizaciones pueden desencadenar ataques violentos que afecten gravemente a la población civil», indicó en un comunicado.

Asimismo, añadió que «cualquier recrudecimiento del conflicto socavará los recientes logros de paz alcanzados mediante un acercamiento entre los líderes del estado de Jonglei y el Área Administrativa del Gran Pibor (GPAA)».

La ONU hizo ese día «un llamamiento a los líderes de las comunidades Nuer y Murle para que ejerzan una influencia positiva y constructiva sobre sus grupos de jóvenes, animándoles a abrazar el diálogo y a abstenerse de utilizar la violencia como medio para resolver agravios».

Hasta el momento, ni el Gobierno sursudanés ni la misión de la ONU han reaccionado ante esta información, solo ofrecida por los medios locales.

Sudán del Sur, que se independizó de Sudán en 2011, lleva una década entre luchas sangrientas y choques tribales por el ganado y la tierra.