La «Pamplona Tattoo Expo» vuelve sin restricciones a Navarra

Pamplona (EFE).- Unos 70 tatuadores ofrecen este fin de semana en Pamplona una muestra de las últimas tendencias en diseños, colores y técnicas. Se trata de la cuarta edición de la «Pamplona Tattoo Expo», que combina la oferta de trabajos en directo a los clientes que acudan con talleres, conciertos y un concurso entre los profesionales.

Durante tres días la planta baja del Palacio de Congresos Baluarte bulle con el sonido de las máquinas de tatuar en manos de los artistas, acompañado del rumor de las conversaciones de clientes y curiosos que se asoman a los puestos, donde este sábado ya eran muchos quienes tumbados en camillas esperaban curiosos a ver terminado el trabajo que el experto les dibujaba en la piel.

Pamplona, cita «familiar» para los tatuadores

La directora de la convención, Laura Cubero, ha reconocido a EFE que la reunión de Pamplona «gusta mucho a los profesionales porque se suman varios factores: es una ciudad preciosa, comes y bebes de maravilla, y es una convención muy familiar. Pasamos de una como la de Barcelona en la que hay 300 stands de tattoo, con muchísima gente internacional y nacional, a esta, que es más familiar pero muy chula».

«Aquí los tatuadores puede hablar mucho más entre ellos, es mucho más cercana y eso nos gusta a todos», indica satisfecha. Mucho más este año en el que ya no hay restricciones obligatorias por la Covid-19, o que además propicia que se vaya internacionalizando esta cita, con algún tatuador portugués y colombiano, además de la mayoría española.

Sobre la creciente moda de los tatuajes, valora que «afortunadamente, cada vez es más normal. Antes hacer una convención de tattoo era como de locos, ahora se encuentra más natural», dice para señalar que en el caso de Pamplona el público que se acerca se sitúa en dos extremos muy marcados: el de gente que viene a tatuarse muy decidida, y el de gente que pasa por aquí con mucho desconocimiento y no sabe qué se va a encontrar dentro».

Arranca a "Pamplona Tattoo Expo"
Uno de los tatuadores que participa en la Pamplona Tattoo Expo avanza en su trabajo en la piel de un cliente. EFE/Villar López

En uno de los puestos trabaja el madrileño Maik Romero, que lleva 13 de sus 39 años tatuando, y que ha acudido «todos los años» a Pamplona: «Es una cita que no me pierdo porque me gusta mucho el ambiente que hay de trabajo y entre tatuadores, la amistad y cómo se come en Pamplona, que es un plus siempre».

Reconoce la evolución que ha visto en más de una década trabajando en este sector, que conoce mucho antes como cliente: «Cuando yo me empecé a tatuar, hace unos 22 años, esto era de macarras, 100 % para gente de calle, hasta el punto de que mis propias vecinas que me habían criado de pequeño se cambiaban de acera. Una tontería porque yo era exactamente la misma persona», dice sonriendo.

La mayor comercialización y apertura de este arte en la piel «tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. Ha crecido mucho y no está tan mal visto, pero hay determinadas zonas del cuerpo que entiendo que para algunos puestos de trabajo no vas a ir con la cara tatuada. Pero sí que ya no es tan inconveniente como hace 15 años».

En todo caso, Maik Romero advierte de que la tendencia últimamente es a hacerse tatuajes «más pequeños y más simples. Quizá es por tema económico o por tema de sensibilidad al tatuaje, pero antes sí que el que se tatuaba se hacía un brazo entero, una espalda entera, y ahora se están haciendo cosas más pequeñas».

Pamplona Tattoo Expo
La capital navarra acoge este fin de semana la Pamplona Tattoo Expo, la IV Convención Internacional de Tatuaje con unos 70 profesionales de este arte en la piel. EFE/Villar López

En cuanto a las imágenes que le piden son dibujos con mensajes que tienen sentido para quien se los tatúa: «Es más importante que para tí signifique algo, más allá de la estética», dice este profesional, que él mismo lleva muchos tatuajes pero que tardó en hacérselos en los brazos «porque es la zona más visible. Me lo pensé mucho y es para siempre».

Señala que lo más laborioso para tatuar son las espaldas enteras, porque conllevan una planificación para que quede una pieza uniforme al final de las muchas sesiones que se necesitan, aunque reconoce que la técnica ha mejorado con la ayuda de los formatos digitales actuales y la tableta gráfica, frente a la técnica de antes que requería mediciones, hacer calcos manuales o borrar para rectificar.

Tatuar en los párpados

Preguntado por lo más curioso que ha tatuado señala que no es tanto el dibujo sino dónde lo ha hecho, los párpados, «una zona muy difícil de tatuar porque debe de ser muy dolorosa y el cliente no deja de mover los ojos oculares», dice para señalar que otra zona especial es el labio por dentro, algo que él mismo lleva tatuado.

Su clienta en ese momento, Daniela, de 45 años y de Bulgaria, vecina de Pamplona, se está estrenando en el mundo del tatuaje, aunque ha acudido «muy decidida y muy tranquila», segura de que el dibujo elegido lo querrá para siempre, porque es su propia cara y la de su nieta con su nombre.

«Para mí simboliza mucho. Nunca me decidía a tatuarme pero ahora que tengo la primera nieta estoy muy contenta con la decisión», señala sonriente.

Pamplona Tattoo Expo
Una mano de goma tatuada, en uno de los expositores de la Pamplona Tattoo Expo que se celebra este fin de semana. EFE/Villar López

A unos metros de su puesto está el de Ángela García, de 34 años, quien trabaja en un estudio en León y lleva 5 años haciendo tatuajes, en los que ha apreciado que «cada vez hay gente de más edades y piden cosas más originales. Yo hago más linea fina y geometría, flores, caras de chicas… Lo que más se pide son letras».

«Lo habitual es que tenga significado para quien lo pide», dice para reconocer que «lo más difícil son los círculos, porque es muy complicado que te quede completamente redondo en la piel», aunque la experiencia ayuda.

En ese momento trabaja con Ana, pamplonesa de 40 años que lleva numerosos tatuajes en el cuerpo, referidos a sus padres, sobrinos, la despedida a un tío fallecido, símbolos, la huella de un perro, una playa de Cádiz…

«Son cosas personales. Ahora me estoy haciendo este que son unas flores como las que tiene mi padre en su jardín, y que llevan una referencia al símbolo de mi horóscopo», señala.

«Voy probando cosas, sitios…El primero que me hice fue una media luna y una estrella hará cinco o seis años, porque yo empecé tarde. No tenía intención de hacerme ninguno más, pero siempre ves una cosa y quieres algo y terminas cayendo sí o sí», dice resignada.