El «choleo»: la omnipresente discriminación étnica del Perú

Dina Páucar es una de las máximas exponentes del «huayno», la música tradicional del mundo andino, pero esto no ha impedido que sea víctima del «choleo», la omnipresente discriminación étnica, cultural y económica que sufren en Perú aquellos originarios de la sierra andina.

Con más de 30 años de carrera a sus espaldas, Páucar está acostumbrada a hacer «oídos sordos» a los mensajes de odio que recibe desde que a los once años dejara su aldea natal, en las montañas de Huánuco, para ganarse la vida en Lima, tal y como han hecho millones de sus paisanos serranos en las últimas décadas.

«Desde que llegamos a Lima, por tener la carita rosadita, o roja, golpeada por el frío intenso, porque allí estamos a 3.700 metros sobre el nivel del mar, y tenemos los rostros quemados por el frío, y por tener rasgos andinos, la gente serrana, provinciana se convierte en ‘la serranita’, la ‘chola’… La discriminación se nota», explicó a Efe desde su vivienda limeña.

País mestizo y racista

Pese a que según las encuestas más del 70 % de los peruanos son de ascendencia indígena o mestiza, el «choleo» es una práctica pertinaz y sistemática que identifica a mujeres y hombres andinos como pertenecientes a un eslabón inferior en la escala social, incultos e ignorantes, sucios y solo hábiles para trabajos manuales.

En contraposición al «cholo» se encuentra el «blanco», sujeto y objeto de privilegios. Cuanto más «blanco» es uno, más privilegios ostenta, cuanto más «cholo», más sometido está.

«En el Perú hay mucha discriminación, y mucho racismo. Y eso que somos un país multirracial. Tenemos gente de color, chinos, japoneses, coreanos… muchas razas mezcladas, pero da pena que hasta el día de hoy se reciban insultos racistas», acotó Páucar.

Llanto y orgullo

De joven, mientras trabajaba como empleada doméstica o vendiendo desayunos en las calles de Lima, la artista se acostumbró a recibir insultos «por las puras» o afrentas como «que te tiren de las coletas», en referencia al peinado con el que mujeres andinas llevan sus habitualmente largos cabellos.

Sin embargo, ya como artista exitosa y muy popular, ha sido el advenimiento de internet lo que más daño le ha causado.

«Con internet estuve deprimida por recibir insultos sin motivo alguno. No podría repetir lo que me han dicho por ahí. He vivido cuadros de depresión fuertes, he llorado muchas veces escondiéndome de mis hijos, que me dicen,’¿para qué miras?'», dijo.

«Mis hijas me enseñaron a borrar y bloquear personas, si no te quieren ¿para qué?… Una cosa es que te digan qué feo cantas, pero si te dicen ‘¿qué cantas, serrana de m….?’ Eso si que no hay que escucharlo y así te evitas problemas», razonó la artista, que ha dejado la gestión de sus redes en manos de otras personas.

Fotografía cedida por la oficina de prensa de Dina Páucar que muestra a la artista peruana mientras posa. EFE/ Cortesía Oficina de prensa de Dina Páucar

Los límites del choleo

La percepción de lo «cholo», sin embargo, ha cambiado poco a poco en los últimos tiempos en el país, hasta el punto de ser reivindicado por muchos con orgullo o cariño.

«Hay formas y formas, a veces te dicen, ‘mira cholita’ y se nota el cariño… Otras veces el ‘cholita’ duele. Pero te digo que nuestro orgullo es más grande. Decimos que somos serranos y estamos orgullosos de nuestra raza, de nuestra estatura, las formas de hablar, de la ropa, la cultura y la comida», apuntó Páucar.

Parte de ese «orgullo cholo« se debe al creciente éxito profesional y económico de los pobladores andinos, que han roto el estigma de pobreza sistemática que también cae sobre los serranos.

«Lima es ya de los provincianos, muchos provincianos son empresarios de éxito, que viven en distritos donde antes no eran vistos… Y es una fortaleza que estemos ahí… A mi esposo una vez le dijeron en el barrio si era el portero del edificio… no le importó porque siempre trabajó para ganarse los frijoles… Muchos no entienden que con esfuerzo se puede tener éxito», reconoció.

Paisana Jacinta

Pese a las transformaciones sociales, las estadísticas demuestran que la percepción racial está aún muy presente en la vida cotidiana, tal como demostró un estudio de 2018, que señaló que hasta un 53 % de peruanos cree que el país es racista o muy racista, mientras que el 25 % de la población nativa de la Amazonía prefiere que sus hijos no sigan sus costumbres para evitar la discriminación.

Entre los serranos de etnia quechua o aimara, cerca de un 30% se ha considerado discriminado, ya sea por su etnia, su vestimenta, o su forma de hablar y, precisamente, también esta discriminación es la que provoca que cada vez menos padres que hablan lenguas indígenas se las transmitan a sus hijos.

También es evidente la relativa tolerancia con la que se ve al «choleo» en el país, como evidencia la popularidad de «La Paisana Jacinta«,un polémico personaje de cine y televisión que durante los últimos 20 años ha dividido al país entre los que ven un espectáculo racista o solo un divertimento.

Ese personaje cómico, interpretado por un hombre, representa a una mujer andina desdentada, de caminar simiesco, de escasa comprensión, y que habla un castellano que la hace objeto de burlas de los limeños, al tiempo que es sucia e ignorante.

Ante esta situación, Páucar tiene un consejo para sus conciudadanas: «que hagan oídos sordos» y tomen la discriminación «como un impulso para salir adelante en tu propio país».

«Que se tapen los oídos y salgan hacia adelante.(…) Que nos serraneen, pero no son superiores, que piensen que ante Dios somos todos iguales y no se depriman, que son dignos de ganar su vida con esfuerzo y sudor», concluyó.

Álvaro Mellizo