El festival «Son de Negro» reivindica tradiciones afro en el norte de Colombia

Por Hugo Penso Correa |

Santa Lucía (Colombia), (EFE).- Bajo la sombra de frondosas ceibas a orillas del canal del Dique, un brazo del río Magdalena, jóvenes del pueblo colombiano de Santa Lucía pintan sus cuerpos unos a otros con una mezcla de polvo mineral y aceite de cocina para participar en los bailes del festival «Son de Negro».

Es un ritual parecido al de los guerreros que se preparan para la batalla en este pueblo del departamento del Atlántico, situado a 95 kilómetros de Barranquilla y donde esta manifestación folclórica mezcla teatro, baile y poesía como una expresión de resistencia y reivindicación de derechos.

Son de negro es una danza que tiene su origen en la época de la Colonia en Cartagena de Indias, ciudad en donde desemboca el Canal del Dique, y que se extendió a lo largo de todas las poblaciones ubicadas a la orilla del cuerpo de agua artificial construido con mano de obra esclavizada e inaugurado en 1650.

Significado cultural

Bailarines actúan por las calles durante la celebración del Festival Son de Negros en Santa Lucía (Colombia). EFE/Ricardo Maldonado Rozo

El investigador cultural y promotor del festival «Son de Negro» Alex Jordan manifiesta a EFE que «las morisquetas que hacen los bailarines son una burla de los negros esclavizados hacia los españoles».

El experto anota que en un principio «los grupos eran solamente hombres, pero con los años han incorporado a mujeres que participan en los coros».

«Guillermina fue una esclava a la que el amo español violaba. Su esposo decide disfrazarse de ella y cuando el abusador llegó tuvo como respuesta la venganza por la defensa del honor de su mujer», dijo Jordan para explicar las razones por las cuales en el grupo de bailarines hay un hombre maquillado y con vestido de mujer.

Con pantalón a media pierna como los que usan los campesinos a las orillas del río, el cuerpo semidesnudo pintado de negro y un sombrero adornado con flores o papeles de múltiples colores, los bailarines usan collares y se arman de machetes de madera para representar al mismo tiempo las batallas y el trabajo agrícola, pesquero y minero de épocas pasadas.

Aunque en un principio al festival «Son de negro» solamente llegaban grupos de poblaciones aledañas al canal del Dique como Calamar, Soplaviento, Arenal, Repelón, Manatí, San Cristóbal, Evitar, San Basilio de Palenque y San Marcos de Malagana, hoy esta expresión cultural se ha expandido a muchos otros lugares de la región Caribe de Colombia.

Tradición que no se pierde

Bailarines actúan por las calles durante la celebración del Festival Son de Negros en Santa Lucía (Colombia). EFE/Ricardo Maldonado Rozo

«En Santa Lucía en todos los actos que se realizan durante el año está presente la danza Son de negro y es algo que se fomenta desde las escuelas en la población», explica Lilibeth Cantillo, una de las organizadoras del festival.

Para ella la tradición no se perderá porque «desde que son muy niños todos bailan al ritmo de la rama del tamarindo».

Justamente con el coro de «La rama del tamarindo», canción popular que se remonta a mediados del siglo XVII y conocida por las versiones grabadas por Checo Acosta, Juan Piña y Petrona Martínez, los grupos recitan versos que varían en cada pueblo de la región.

En ellos se rememora la forma burlesca en la que las personas esclavizadas daban su «grito de libertad».

Festejar ante la adversidad

Bailarines actúan por las calles durante la celebración del Festival Son de Negros en Santa Lucía (Colombia). EFE/Ricardo Maldonado Rozo

El Canal del Dique es conocido por sus recurrentes inundaciones y porque allí botaron muchos cadáveres de víctimas del conflicto armado colombiano en las últimas décadas.

Como todas las poblaciones a orillas del canal del Dique, los habitantes de Santa Lucía han sufrido las consecuencias de las crecientes del canal.

En 2010 el rompimiento del terraplén que sostiene la carretera provocó que quedaran sumergidas todas las viviendas y debieron evacuar a los 12.000 habitantes del pueblo.

Ni esa inundación, ni la pandemia de la covid-19 impidieron que en Santa Lucía se siguiera realizando el festival, que en el 2021 se hizo de forma virtual debido a las restricciones sanitarias para evitar la propagación del coronavirus y para seguir reivindicando las tradiciones afro del norte de Colombia.

Edición web: JuanK Ochoa