Tortugas en libertad, símbolo de la conservación y la educación en la Amazonía peruana

Por Paula Bayarte |

Iquitos (Perú) (EFE).- En mitad del caos de mototaxis y palmeras, en una de las principales plazas de Iquitos, ciudad enclavada en el corazón de la Amazonía peruana, descansan cientos de huevos de tortugas taricayas que, cuando eclosionen, pondrán rumbo a su hábitat natural, donde serán un símbolo de conservación y turismo sostenible.

Pese a que cronistas del siglo XVIII describían asombrados las inmensas poblaciones de estas tortugas en los ríos amazónicos, la especie estuvo a punto de desaparecer por su explotación y consumo humano en el siglo XX.

Para conservarla, la Reserva Nacional Pacaya Samiria ha realizado en los últimos años proyectos de repoblación que, ahora gracias a la alianza de diversos actores, se replican en otros puntos de la cuenca amazónica.

La liberación de las tortugas

El festival de liberación de unas 4.000 taricayas es un proyecto capitaneado por el Grupo AJE al que se han sumado entes públicos, que celebra este año su cuarta edición con el objetivo de promover la educación ambiental y el turismo sostenible.

«A pesar de que somos naturales de esta zona, nunca hemos conocido esta especie, para nosotros esto es algo alegre porque nuestros niños están conociendo lo que muchos de nuestros antepasados habían visto y ahora en la actualidad estamos orgullosos», dijo a EFE el teniente gobernador de la Comunidad San José de Lupuna, José Pacaya Maytahuari, minutos después de la liberación de las tortugas.

Su comunidad, de 550 habitantes, es testigo y parte del ritual de dejar en su hábitat natural a miles de pequeñas tortugas que bajaban con prisa una suave pendiente que les dejaba en el río Nanay, afluente del Amazonas.

Fotografía de tortugas taricayas tras su eclosión el 3 de noviembre de 2022, en Iquitos (Perú). EFE/ Paula Bayarte
Fotografía de tortugas taricayas tras su eclosión, en Iquitos (Perú). EFE/ Paula Bayarte

Tras haber nacido bajo los ojos de escolares de la ciudad, ahora eran otros niños de la comunidad quienes les guiaban con cuidado en su camino al agua.

Cadena de conservación

Desde 2019, el Grupo AJE compra huevos de taricayas a comunidades cercanas a la capital para que estas nazcan en pequeñas playas artificiales instaladas en distintos distritos de Iquitos y que la población pueda ver y aprender sobre esta especie.

Cada tortuga pone de 20 a 35 huevos, el proceso de incubación dura aproximadamente 70 días y, en cuanto estas nacen en los terrarios, se trasladan a pequeñas piscinas unas semanas.

«Se intenta que no estén en cautiverio mucho tiempo para que no pierdan instintos naturales», explicó la regidora de la municipalidad Maynas, María Elena Lau.

La última etapa de este recorrido de conservación es su puesta en libertad en varios puntos de la cuenca amazónica, como San José de Lupuna.

«Una tortuga que ha habitado aquí durante miles de años»

«Estamos muy contentos, este es el final del proceso de eclosión y educación con los niños, el objetivo final es la educación ambiental para que se pueda preservar una especie tan emblemática como la taricaya que es una tortuga que ha habitado aquí durante miles de años», explicó a EFE el gerente global de sostenibilidad del Grupo AJE, Alberto Suárez.

Niños participan en una liberación de tortugas taricayas el 3 de noviembre de 2022, en Iquitos (Perú). EFE/ Paula Bayarte
Niños participan en una liberación de tortugas taricayas, en Iquitos (Perú). EFE/ Paula Bayarte

Con una taricaya albina en las manos, un especial ejemplar del que solo nace uno cada 10.000 crías, Suárez afirmó cómo la incidencia en los niños es fundamental para que la conservación de la especie perdure en las futuras generaciones.

«Mi linda taricaya, bendito mi Dios que con sabiduría te puso en esta bella tierra de mi hermosa Amazonía», decía uno de los poemas de niños premiados en el festival.

Políticas públicas

La regidora municipal destacó que son necesarias políticas públicas que impulsen la conservación de especies para que puntos de la localidad y comunidades se apunten a esta misión.

Recordó que, en la época del caucho, que comenzó de finales del siglo XVIII y se extendió hasta el XIX, se recolectaban los huevos para sacar el aceite y usarlo como combustible, lo que, sumado al alto consumo local, provocó una merma en la población y reproducción de la especie.

Ambos responsables coinciden que este proyecto no busca limitar el consumo de taricayas y sus huevos a las comunidades, sino un «manejo sostenible» del mismo, ya que estas tortugas forman parte de la dieta de multitud de pueblos.

Adcionalmente, Lau explicó que la recuperación de esta especie de tortugas puede posicionar a Iquitos y las comunidades cercanas como destino turístico sostenible, algo que beneficiaría al desarrollo de las mismas al mismo tiempo que se protege a las taricayas.