2022: El año en el que volvimos a tener astronautas españoles

Elena Camacho |

Madrid (EFE).- 2022 ha sido el año del espacio. Nos hemos maravillado con las imágenes del telescopio James Webb, hemos visto el agujero negro de nuestra galaxia, hemos estado en misiones históricas y, por fin, hemos vuelto a primera línea de la exploración espacial con dos nuevos astronautas.

Ambos son de León y estudiaron en la misma universidad. Son Pablo Álvarez, ingeniero aeronáutico, que será astronauta titular, y Sara García, biotecnóloga e investigadora del cáncer, que será suplente.

La Agencia Espacial Europea (ESA) los ha seleccionado treinta años después que a Pedro Duque, quien viajó al espacio en dos ocasiones, una en el transbordador Discovery y otra hacia la Estación Espacial Internacional.

Ante ellos se abre ahora un futuro de vértigo, con un intenso proceso de formación -en el caso de Pablo Álvarez-, y la posibilidad de hacer historia y ser el primer europeo (o la primera mujer) en pisar la Luna.

Y es que nuestro satélite vuelve a estar en el punto de mira de la exploración espacial. La misión más importante ha sido Artemis I, la primera de las tres misiones de un programa de la NASA que pretende establecer una base lunar como paso previo para viajar a Marte.

Esta primera misión -experimental y no tripulada- pretendía comprobar si la cápsula Orión (en cuyo diseño han involucrado a muchos científicos españoles) podía llevar y traer astronautas a la Luna de manera segura. Lo hizo, y con nota.

Después de circunnavegar la Luna, Orión alcanzó la mayor distancia que una nave espacial ha llegado jamás (430.000 kilómetros de la Tierra) y veintiséis días después de iniciar la aventura, cayó sobre el Pacífico después de reentrar en la atmósfera terrestre a más de 2.800 grados celsius. Un éxito rotundo.

La misión también puso a prueba el nuevo cohete de la NASA: el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el más potente de la historia gracias a cuatro motores RS-25 y dos propulsores que le dan un 15% más de potencia de la que tenían los Saturno de las misiones Apolo.

El programa Artemis, que se ha estrenado haciendo historia, continuará en 2024 con el lanzamiento de Artemis II -esta vez con tripulación- y de Artemis III, en 2025, una misión en la que los astronautas, entre ellos una mujer, volverán a pisar el suelo lunar 53 años después de Neil Armstrong.

La misión Artemis I, uno de los hitos de la ciencia en el espacio en 2022
La misión Artemis I. EFE/Cristobal Herrera-Usashkevich

Un espacio cada vez más global

Pero desde hace tiempo ya, la exploración espacial no se limita a Estados Unidos y Europa. Cada vez son más los países que apuestan por el sector espacial, como China que, tras varios años apostando fuerte por su programa espacial, empieza a recoger los frutos.

Entre otras hazañas, el gigante asiático ha logrado alunizar una sonda (Chang’e 4) en la cara oculta de la Luna -nadie más lo ha hecho-, y llevar un rover a Marte (Tianwen-1), algo que solo habían conseguido Estados Unidos y la antigua URSS.

Su último éxito ha sido concluir la estación espacial Tiangong («Palacio celestial»), más pequeña y tecnológicamente mucho más avanzada que la Estación Espacial Internacional (EEI), a la que por seguridad militar tenía vetado el acceso.

Tiangong, construida en menos de dos años, operará los próximos 15 años a unos 400 kilómetros de la superficie terrestre y, como sus predecesoras, la MIR y la EEI, servirá de laboratorio espacial.

Armageddon sin Bruce Willis

Pero sin duda una de las misiones más mediáticas (y uno de los diez avances científicos del año según la revista Science) ha sido DART, en la que por primera vez en la historia se intentaba desviar la trayectoria de un asteroide, como en Armageddon pero sin Bruce Willis.

El asteroide, Dimorphos, giraba en torno a otro más grande (Didymos) en 11 horas y 55 minutos. Tras el impacto de DART, su órbita era 32 minutos menor.

La misión, en la que el Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña fueron esenciales, no buscaba explotar el asteroide en millones de pedazos, sino modificar su trayectoria.

El experimento fue un éxito y un gran avance para la defensa planetaria que ayudará a proteger -en el futuro- infraestructuras espaciales como la Gateway, la estación espacial permanente que la NASA quiere construir en la Luna.

Las maravillas del cosmos

Y mientras estas misiones se lanzaban a la conquista del espacio, los telescopios nos mostraban los misterios y maravillas del universo.

La primera imagen con la que el James Webb -el telescopio espacial más grande de la historia- deslumbró al mundo fue con la Gran Nube de Magallanes. Fue en julio, tan solo seis meses después de ser enviado al espacio plegado en el interior de un cohete Ariane 5.

Al llegar a su destino, a casi dos millones de kilómetros de la Tierra, desplegó el enorme parasol (del tamaño de una pista de tenis) que mantiene a todos los instrumentos a -266º C, la temperatura necesaria para que el telescopio detecte la luz infrarroja.

Gracias a su equipación de última tecnología, esta máquina del tiempo puede observar objetos fríos y muy lejanos, ver cómo se formaron las primeras galaxias, estrellas y sistemas planetarios, y analizar la composición y las propiedades físicas de exoplanetas y de los objetos que están detrás del polvo.

El telescopio, que para la revista Science es el avance científico del año, lleva poco tiempo en activo pero ya ha producido una gran cantidad de resultados científicos extraordinarios que están cambiando nuestra imagen del Universo. Y esto es solo el principio.

La otra gran imagen del espacio en 2022 nos la mostró el equipo científico del Telescopio Horizonte de Sucesos (EHT) que, tres años después de publicar por primera vez la imagen de un agujero negro (el M87), captaba una nueva e impactante instantánea: la de Sagitario A, el agujero negro supermasivo del centro de la Vía Láctea.

La nueva imagen, que mostraba un anillo no perfectamente esférico amarillo y naranja con tres puntos más brillantes, captaba la luz curvada por la fuerza gravitatoria de este monstruo gravitacional, cuya masa es cuatro millones de veces la del Sol, y del que nada, ni siquiera la luz, puede escapar.

Emocionante, histórico, extraordinario o revolucionario son algunos de los calificativos usados por los responsables de este hallazgo que ha tenido una importante participación española.

Además, nuestros científicos han sido esenciales en el diseño y desarrollo del James Webb, en las misiones DART y en la Artemis I.