La subida de la luz y la falta de relevo amenazan a las panaderías tradicionales

Lucía Ruiz Simón |

Madrid (EFE).- El olor a pan recién hecho de las panaderías puede convertirse en breve en un agradable recuerdo si se mantiene el penoso apagado de los hornos de las panaderías tradicionales, ahogadas por el «subidón» de la factura de la luz y por la falta de vocaciones para asegurar el relevo generacional.

«Hace nada que han cerrado tres panaderías emblemáticas en la provincia de Vizcaya, otras dos en Valencia y una en Soria», rememora el presidente de la patronal de los panaderos artesanos (Ceopan), Eduardo Villar.

Detrás de este goteo, aún persisten 12.000 locales de fabricación de pan artesanal en España que dan empleo a unas 190.000 panaderos, un oficio que «puede estar en peligro de extinción», apunta Villar.

Como en todas las crisis, hay factores estructurales, como la falta de relevo generacional, y coyunturales muy concretos, en este caso, la subida «bestial» de los insumos, desde las harinas, al gas y sobre todo la electricidad.

La subida de la luz y la falta de relevo amenazan a las panaderías tradicionales
Una trabajadora de una panadería atiende a los clientes. EFE/ Paco Paredes

«En mi panadería he pasado de tener una factura de luz de 1.600 a pagar 5.100 euros», ejemplifica Villar, un incremento que «obviamente no se puede repercutir al precio final».

De la situación dramática que están viviendo y que les ha llevado a convocar un «apagón» de sus hornos en señal de protesta quieren hablar con el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, en la reunión que le han solicitado para buscar soluciones «antes de que sea tarde».

Y es que a pesar del empuje de los artesanos panaderos, con familias vinculadas a esta tarea durante generaciones, «puede pasar como con otros oficios, pues ya es más fácil cambiar un mueble que arreglarlo porque no existen carpinteros».

Sobre la falta de jóvenes para ponerse frente al horno, Villar apunta que la maquinaria ya facilita mucho la tarea y la conciliación familiar, pero que a pesar de los esfuerzos por trabajar con el centenar de escuelas de panaderías, «no terminamos de llegar a los jóvenes».

La subida de la luz y la falta de relevo amenazan a las panaderías tradicionales
Pan recién hecho en una panadería. EFE/Jaime León

Esta situación de «ahogo económico» coincide con una de las mejores etapas en la faceta creativa y artística de la panadería española; «La panadería española está a un nivel fabuloso, incluso tiene ya más renombre internacional que la de Francia», apunta el presidente del gremio.

España cuenta, por ejemplo, con el mejor panadero del mundo, Domingo (Domi) Vélez, que regenta un establecimiento familiar en su pueblo, en Lebrija (Sevilla).

En el Día Mundial del Pan, que se celebra este domingo coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, anima a los consumidores a «buscar un pan de calidad, un pan bien elaborado, bien fermentado y procesado».

Para este chef del pan «no hay que olvidar nunca que hay que buscar ese pan de calidad que aún se puede encontrar en todas las ciudades».

Después de cinco generaciones pegados a su horno, para Vélez «todos los días son día del pan», pero no piensa dejar de celebrar este día en familia, con un buena comida y, por supuesto, buenos panes.

La panadería tradicional tiene, por tanto, el difícil reto de subsistir con la herramienta de la calidad y las escasas vocaciones en un entorno de subidas de precios, de caídas de consumo y de competencia de las elaboraciones industriales.

Edición web: Nuria Santesteban