Ciudadanos del Donbás se resisten a dejar su hogar pese a los bombardeos rusos

Aunque los bombardeos rusos sobre las zonas del Donbás controladas por Ucrania continúan, muchos habitantes de la región se resisten a dejar su casa, por encima del riesgo que corren sus vidas, la falta de suministro de gas y la campaña de «evacuación obligatoria» de las autoridades ucranianas.

Unos cuatro mil residentes han abandonado las zonas en peligro en Donetsk desde el 1 de agosto, cuando se inició la evacuación obligatoria organizada, en un intento de trasladar a más personas a un lugar seguro.

Todavía quedan en la región unos 350.000 residentes, según informó el jefe de la administración militar regional, Pavlo Kyrylenko, en su comparecencia del viernes ante la prensa.

Problemas con los suministros

Junto a los peligros de la ofensiva rusa, la evacuación se debe principalmente a la imposibilidad de preparar las infraestructuras de la región para las temperaturas más frías del invierno.

Según la viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, directora del Centro de Coordinación de la evacuación, no hay suministro de gas en la región y el de electricidad es intermitente.

EFE/EPA/SERGEY KOZLOV
Ciudadanos ucranianos escuchan las instrucciones para la evacuación que propone el Gobierno. EFE/EPA/Sergey Kozlov

Pese a llamársele evacuación obligatoria, nadie está realmente forzado a marcharse. Las autoridades han simplificado las normas de evacuación de los niños, mientras se calcula que 50.000 menores permanecen en la región. Los residentes que rechazan la oferta de evacuación deben hacerlo constar explícitamente por escrito.

Valentin, de 75 años y habitante de Kramatorsk, afirma que las autoridades aún no se han puesto en contacto con él, aunque sabe que los funcionarios han pedido a los residentes que se marchen lo antes posible.

Por ahora, no tiene previsto abandonar su ciudad. «¡Confiamos en las Fuerzas Armadas ucranianas!», afirma a Efe por Messenger. Sostiene que la mayoría de sus conciudadanos comparten su parecer.

«Los que querían irse, ya lo hicieron», añade Valentín, para quien la ciudad sigue llena de vida. A pesar de los bombardeos, muchas tiendas están abiertas, hay suficientes productos y el transporte público funciona.