La historia del guardia civil herido de bala que vive gracias al torniquete

Logroño, 27 nov (EFE).- Hace cinco años que el guardia civil Juan Carlos Guisado volvió a nacer cuando un compañero le puso un torniquete en una pierna tras un impacto de bala. Le salvó la vida gracias a los conocimientos de primeros auxilios en entornos hostiles que ambos tenían y que hasta ese momento veían como “algo ajeno” y “lejano”.

Aquello pasó un 8 de septiembre y, desde entonces, cada año Guisado celebra la efeméride invitando a comer al cabo Arturo, su compañero y “rescatador”, que se ha convertido para él en un hermano mayor.

Guisado, de 36 años, trabaja en el grupo operativo de respuesta y rescate del Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil y acude a la entrevista con EFE en Logroño con el sargento primero Pedro Salinas, su responsable y especialista en sanidad táctica, es decir, en la atención y cuidados que se ofrece a un herido en ambientes hostiles.

Lo primero que Salinas enseña a todo aquel a quien forma es sencillo: cómo y cuándo poner un torniquete, a qué altura, apretando hasta rabiar de dolor. Hay que aprender a ponerlo tanto al compañero como a uno mismo.

Aunque parezca mentira, una persona puede desangrarse hasta caer fulminado y morir muy rápido, en cuestión de pocos minutos, por una herida como la que tuvo Guisado en la pierna por un impacto de bala.

La importancia de actuar rápido es el primer aprendizaje que recibe todo aquel a quien forma Salinas, que colabora con SEMES (Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias). También la Guardia Civil insiste en esas lecciones en sus cursos ‘HEAT’ de adaptación a entornos hostiles dirigidos en ocasiones a diplomáticos o periodistas.

Cuando Guisado tuvo el “accidente”, no sabía bien lo que le estaba pasando. Solo sabía que le dolía muchísimo la pierna. Su compañero vio rápido la sangre y aplicó rápido el procedimiento.

“Me salvó la vida, sin lugar a dudas. Me lo dijeron los médicos que me atendieron”, explica a EFE, visiblemente emocionado.

Pedro Salinas, que impulsa junto a expertos sanitarios programas inspirados en los de Estados Unidos para difundir el uso del desprestigiado torniquete también entre la población civil, asegura que el ejemplo de Guisado demuestra que instruir en Sanidad Táctica tiene su resultado: salvar vidas.

“Esas son las medallas que se llevan en el corazón”, dice Salinas sobre el hecho de que su compañero siga vivo y sea ahora un miembro de su equipo.

En los seis meses de baja después de accidente, Guisado nunca pensó en dejar su trabajo o pasar a un puesto más tranquilo -el GAR es una unidad de élite de la Guardia Civil especializada en la lucha contra el terrorismo- sino que se reafirmó en su vocación.

“Haber sido rescatado me animó más a seguir mi camino porque quizás un día yo tenga que ser el rescatador y salve a otra persona”, dice el guardia civil, que asegura a EFE que nunca abandonaría a un compañero ni a cualquier otra persona que necesite su ayuda.

En el Centro de Adiestramientos Especiales (CAE) de la Guardia Civil, también en Logroño, trabaja Sergio González Fernández, un guardia civil que instruye a sus compañeros y en ocasiones también a civiles a moverse en zonas de conflicto.

Una de las lecciones principales es la relativa a la Sanidad Táctica.

“En España tenemos un sistema de sanidad eficiente, llamamos al 112 y en un tiempo reducido nos atienden, pero cuando nos encontramos en determinados países eso no existe”, explica a EFE Sergio, que enseña las técnicas básicas para mantener con vida a las personas hasta la llegada de un profesional.

Pero no solo fuera; también en España saber poner un torniquete puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.