Eva García González | Santander (EFE).- Un programa de alfabetización científica en zonas rurales y barrios vulnerables que busca acercar la ciencia a niños de 6 a 10 años ha llegado a Casar de Periedo (Cabezón de la Sal) este curso.
La iniciativa, impulsada por la Fundación Margarita Salas por tercer año consecutivo, lleva las ‘Aulas Margarita Salas’ a distintos lugares del país y ya ha pasado por Extremadura, Asturias, Castilla León, Madrid, Andalucía y las Islas Canarias.
En el Centro cultural José Manuel Monasterio, en Casar de Periedo, Alba, la dinamizadora que imparte el taller, explica a varios niños cómo fabricar una veleta con materiales como cartulinas, pajitas, palos y una botella de plástico.
«Este trimestre nos hemos centrado en ser ‘detectives del clima’; entonces, aprovechando que aquí en Casas de Peredo se celebra la feria de la lluvia y la hortaliza, hemos visto los diferentes tipos de cultivos y lo que necesita cada una de las plantas», explica a EFE.
En cada sesión, los siete niños que participan en el programa y los hermanos pequeños de algunos de ellos llegan a clase «muy curiosos», con ganas de «cacharrear» y con deseo no solo de escuchar a la profesora hablar, sino también de poder aprender a través de experimentos que ellos mismos elaboran.
«Han pasado de pensar la ciencia como algo lejano y en personas encerradas en un laboratorio a pensar que la ciencia la hacen ellos mismos», resalta la dinamizadora, quien asegura que ha notado un cambio «muy grande» en los niños desde que arrancó el curso.

Talento científico por descubrir
Además de Cabezón, 18 municipios y barrios del país cuentan con este programa, ya que, como explica a EFE la presidenta de la Fundación e hija de Margarita Salas, Lucía Viñuela, «hay mucho talento científico por descubrir y hay que darles una oportunidad a todos los niños».
«Hay que terminar de colorear el mapa de España en cualquier territorio rural, desfavorecido, grande, mediano o pequeño que apueste por la excelencia científica y por la educación», sostiene Viñuela.
Raquel, una de las madres que acompaña a sus hijos al taller, al igual que varios familiares que ayudan con las manualidades, reconoce a EFE que, más allá de la ciencia, «los niños aprenden a compartir y abren la mente».
«Vienen con muchísima ilusión, la verdad. Hoy he traído hasta al hermano pequeño, que no viene nunca, pero al ver a los compañeros también quiere ir al ‘campamento de ciencia'», relata esta madre.