Santander (EFE).- Recuperar y devolver el cine al centro de las ciudades se ha convertido en la principal inquietud de algunas de las salas de barrio, como es el caso de los cines Embajadores que cumplen un año en Santander con una «mejor acogida» de la que esperaban sus propietarios.
Su dueño, Juan Barquín, explica que esta es la filosofía tanto de sus salas en Santander como en las de Madrid, donde nació Embajadores, y la de Oviedo, mientras esperan abrir próximamente en Logroño.
«Que las provincias tengan su cine en el centro, como lo tenían antes. Un cine mucho más cuidado, independiente y adulto», explica el objetivo de Embajadores su dueño.
Reivindica que no toda la oferta cinematográfica debe centrarse en grandes producciones taquilleras, pero aboga por un equilibrio entre la programación familiar y el cine de autor.
Con un público principalmente ‘senior’, la iniciativa de una sala de cine en el centro de las ciudades busca tanto acercar la cultura y servicios a las generaciones más mayores como dinamizar la vida de los barrios.
Más gente en el barrio
Barquín asegura que gracias al cine, propietarios de los bares de la zona le trasladan que cuentan con más afluencia los viernes y los sábados, algo que antes de esta vida cultural no siempre sucedía.
En los cines de ciudad, asegura el dueño, la programación apuesta por un cine independiente y de autor que en los centros comerciales «no tiene cabida», porque es «más de pensar, de verlo, de disfrutarlo» y «menos palomitero». Está diseñado a «deleitar» y verlo en sala, añade.
Aún así, este cine de barrio combina este tipo de películas con actividades más familiares, ciclos de clásicos, coloquios y proyecciones especiales e iniciativas destinadas a centros educativos, en los que ofrece sus salas a colegios e institutos para proyecciones y ‘cine forums’.
El reto es la juventud
Barquín lamenta que atraer al público joven es «dificilísimo», por lo que se ha convertido en el «gran reto» de este segundo año de vida de la sala.
La idea es hacerlo con más proyecciones en versión original, sesiones especiales de cine de terror ochentero o citas de cine y cerveza, que ya existen en el cine Oviedo.

«El público joven no está acostumbrado a pasarse dos horas y media en una sala concentrado, viendo una cosa sin otra pantalla, sin poder moverla», señala, y añade que las plataformas de vídeo bajo demanda están haciendo que se vean menos películas y se vean sin prestar atención.
Las sesiones para estudiantes no son la única iniciativa promovida por este cine, que también apuesta por el ciclo de los lunes, ‘Embajadores del arte’, con películas relacionadas con artistas y movimientos artísticos, o los ‘Jueves de clásicos’, que Barquín asegura que llena las salas.
Dar vida al cine
«Hay que darle vida. No puedes programar y sentarte. Lo que tienes que hacer es darle mucha vida», reclama el dueño del cine.
Además, gracias a la relación entre los cines Embajadores de otras partes de España, logran establecer conferencias con directores y proyecciones especiales, como las últimas con Isabel Coixet y Sean Baker, que tuvieron lugar en Madrid y se proyectaron en las salas de Santander.
«Tiene que haber muchas sinergias y hay que hacer muchos eventos, porque tienes que tener mucha vida. El público consume muchísima cultura en Santander y tienes que dársela continuamente», resalta.
Barquín celebra la «buena acogida» que ha tenido el cine en su primer aniversario y asegura que ya está planeando muchas más iniciativas para este año.