Maliaño (EFE).- La industria nuclear española ha incrementado la presencia femenina en las últimas décadas, pero el gran desafío ya no es solo acceder al sector, sino consolidar el liderazgo y la visibilidad de las profesionales.
Para ello, redes como WiN buscan impulsar ese cambio desde dentro.
Durante años, hablar de energía nuclear era hablar de un entorno casi exclusivamente masculino.
Sin embargo, hoy el escenario es distinto, aunque todavía lejos del equilibrio.
«Hemos avanzado mucho, pero queda camino por recorrer», asegura la coordinadora de WiN Norte y responsable de I+D+i de la empresa cántabra Equipos Nucleares (Ensa), Emma Merino.
Merino insiste en que la transformación no es solo numérica, sino cultural.
Evolución positiva
En ese contexto trabaja WiN España, que forma parte de WiN Global y acaba de reforzar su presencia territorial con una delegación en Cantabria.
Es una asociación que nació en 1996 y que cuenta en la actualidad con más de 400 socias.
Busca mejorar la visibilidad, el liderazgo y la participación activa de las mujeres en el ámbito nuclear.
Merino explica que la presencia femenina ronda actualmente el 27 por ciento del empleo en el sector en España.
Se trata de una cifra que refleja una evolución positiva respecto a décadas anteriores, cuando la incorporación de mujeres era anecdótica.

Sin embargo, el verdadero reto aparece al analizar los puestos de mayor responsabilidad.
La realidad es que a medida que se sube en la escala jerárquica, el porcentaje disminuye y ahí es donde hay que incidir.
Falta de referentes en el sector
La coordinadora de WiN Norte, que lleva 18 años trabajando en distintos puestos en Equipos Nucleares, destaca que no se trata de una cuestión de preparación, ya que las mujeres que optan por carreras científicas y técnicas vinculadas al sector nuclear presentan expedientes brillantes y una alta cualificación, sino que el problema es la falta de referentes.
«Muchas no hemos tenido referentes cuando empezamos. Ahora queremos serlo para las que vienen detrás», explica Merino.
Añade que la visibilidad resulta fundamental para que niñas y adolescentes no descarten itinerarios STEM -disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas-.
A esa dimensión se suma la cuestión de la confianza y el llamado ‘síndrome de la impostora’ que aparece con frecuencia.
«A veces dudamos más de nosotras mismas, incluso estando igual o mejor preparadas», reconoce esta cántabra licenciada en Física.
También destaca la importancia de generar redes de apoyo, mentoría y espacios de intercambio profesional que refuercen la seguridad y la ambición legítima de asumir responsabilidades.
Crear comunidad
Desde WiN se apuesta por crear comunidad y tender puentes entre generaciones.
La asociación promueve encuentros, actividades divulgativas y foros de debate donde las profesionales puedan compartir experiencias y proyectar su trabajo hacia la sociedad.
«Tenemos que estar presentes cuando se habla de energía, de transición energética o de innovación tecnológica. La pluralidad de voces no solo mejora la calidad del debate, sino que ayuda a desmontar estereotipos arraigados», afirma.
La diversidad, además, no se plantea únicamente como un objetivo de igualdad.
Es también un valor estratégico, ya que tener equipos diversos aporta diferentes perspectivas y favorecen la innovación, algo esencial en un sector donde la seguridad y la mejora tecnológica son prioritarias.
Meta ambiciosa
El camino recorrido es innegable, pero la meta es ambiciosa: normalizar la presencia femenina en todos los niveles, especialmente en la toma de decisiones.
La conciliación, la corresponsabilidad y los planes de igualdad son piezas importantes.
Pero son insuficientes si no van acompañados de un cambio cultural profundo.
La industria nuclear española afronta desafíos técnicos y energéticos de primer orden y, en ese escenario, el papel de la mujer ya no puede entenderse como complementario, sino estructural.