Santander (EFE).- Cansados ya de falsos mitos que rodean a su profesión, algunos jueces abogan por divulgar más y acercarse a la sociedad porque, según destacan, ni pertenecen a castas que se perpetúan en la carrera judicial, ni la suya es una profesión endogámica, ni tampoco está masculinizada, ya que las mujeres son mayoría en los tribunales.
EFE ha hablado con algunos magistrados, que están convencidos de que hace falta explicar más la realidad sobre la figura del juez en España para acabar con ideas preconcebidas.
Lo cree así el magistrado del Tribunal Constitucional César Tolosa.
«Decir que solo determinadas clases o determinados niveles económicos pueden acceder a la judicatura es absolutamente y radicalmente falso», remarca.
En esta línea, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, José Arsuaga, señala que la mayoría de los compañeros con los que ha trabajado vienen de familias que han dado estudios a sus hijos en la universidad pública.
«Cuando se dice que los jueces son hijos de jueces (…) se hacen estadísticas y creo que la última no llega al 6 %», indica.
La presidenta de la Sala de lo Social del alto tribunal cántabro, Elena Pérez, también es clara: «No existe endogamia alguna en la carrera judicial».

«Cuando decidí preparar la oposición, una de las primeras preguntas que hice a mi preparador fue precisamente si la carrera era endogámica y si era necesario tener algún tipo de vinculación con la Justicia para poder aprobar la oposición. Y su respuesta fue categórica: no es necesario. Existe una falsa concepción en esto», afirma.
Generaciones preparadas
Estos magistrados destacan la preparación de quienes entran en la carrera judicial y la dureza de las oposiciones.
César Tolosa, el más veterano al haber entrado en la carrera judicial en 1982, opina que la formación de los jueces está ahora más fortalecida que la que tuvo él en su momento.
Las oposiciones, señala, «siguen siendo suficientemente exigentes como para que entren en la carrera judicial los mejores».
«Es una oposición que no es fácil. Exige mucho esfuerzo y mucho trabajo», comparte la presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Cantabria.
Y cree que el tener que pasar un proceso selectivo tan exigente «forja el carácter».
«Vas a tener una gran capacidad de trabajo y un gran espíritu de sacrificio», apunta.
La magistrada cree que son aspectos que luego van a ayudar a «sobrevivir en la profesión».
Las nuevas generaciones sí tienen una clara ventaja para esta magistrada: son nativas digitales, y lo tienen mucho más fácil para manejar herramientas, por ejemplo, de inteligencia artificial, «que puedan facilitar el trabajo o las búsquedas documentales».
Más mujeres
También subrayan estos magistrados que la suya no es una profesión masculinizada.
De hecho, ellas son mayoría en los tribunales.
Según los últimos datos ofrecidos por la presidenta del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló, en este momento, el 56 % de la carrera judicial está compuesta por mujeres.
Supone cinco puntos por encima de la media europea.
Y evidencia que «en España la incorporación de la mujer a la Justicia ha sido una realidad», manifiesta Tolosa.
En las nuevas promociones, además, ese porcentaje de mujeres crece hasta llegar al 74 %.
Con todo, no hay aún una correspondencia exacta que se refleje en la asunción de especiales responsabilidades, en puestos gubernativos, de gestión y al frente de altos tribunales.

José Arsuaga subraya que, en cualquier caso, en los altos cargos judiciales cada vez hay más mujeres.
«Eso es así y eso es un proceso inevitable», asevera.
Tolosa comparte esa idea de avance.
«En los últimos dos o tres años, por ejemplo, en el caso del Tribunal Supremo, que conozco mejor porque es mucho más cercano a mi última etapa profesional, la incorporación de la mujer ha sido muy numerosa», incide.
Elena Pérez abunda en que esa mayor presencia de mujeres en la carrera judicial es fruto del sistema de acceso, que «garantiza la objetividad al entrar y permite que no haya sesgos».
«Este sistema de oposición permite que el mérito acceda a la carrera con independencia del género de la de la persona. Permite que las personas que estén más preparadas sean las que entran», resalta Pérez.