Arenas de Iguña (EFE).- Los puentes que durante siglos -algunas referencias apuntan desde 1522- comunicaron los valles de Iguña, Anievas y Toranzo, cobran nueva vida a través de una investigación que rescata una memoria colectiva olvidada en los archivos y que también salta al teatro vecinal.
La investigación es fruto del empeño de un grupo de vecinos pertenecientes al Movimiento Cultural Iguña.
Estos vecinos han tenido las ganas de conocer la historia del actual puente de San Antonio, en Arenas de Iguña. Su búsqueda acabó abriendo una puerta mayor y permitió descubrir otros dos puentes que se remontan a la Edad Media.
Todo comenzó con un estudio del ingeniero de Caminos Luis Villegas Cabredo sobre el puente de San Antonio, en servicio.
Fue proyectado por el ingeniero José Pardo con una longitud de 72 metros, cinco de anchura y dos vanos, el principal con una luz de 21 metros. Se inauguró en 1913.
La bóveda, destruida en la Guerra Civil
Villegas recuerda que su bóveda principal resultó destruida por una bomba durante la Guerra Civil.
Pero fue reconstruida utilizando hormigón, aunque revestida en su exterior de piedra para mantener la apariencia del puente original.
Sin embargo, la necesidad de cruzar el río es, en realidad, mucho más antigua de lo que se había supuesto, ya que, incluso, el emperador Carlos V cruzó el río Besaya por esa zona en 1522 en su segundo viaje hasta Castilla.
Durante la investigación, gracias a testimonios de vecinos, antiguas actas concejiles, muros de piedra cubiertos por la maleza o viejos estribos cuya razón de ser se había perdido, aparecieron los tres puentes para documentar una curiosa historia.
“Fuimos a buscar la historia del puente actual y nos encontramos en la misma zona con la historia de tres puentes”, resume la portavoz del Movimiento Cultural Iguña, Cruz Pardo.
De pontones de madera a hierro
La existencia desde la Edad Media de pueblos en la zona obligó a mantener comunicaciones entre ambas márgenes del río mediante estructuras de madera.
La sorpresa llegó al descubrir que, a finales del siglo XIX, se construyó a pocos metros río arriba del actual puente de San Antonio.
Y a tiro de piedra de los pontones de madera, otro paso de dos vanos del que aún sobreviven los estribos pétreos y parte de sus accesos.

Las actas del Concejo de 1898 hablan de trabajos de reparación y pintura en una estructura formada por hierro y madera.
Y otro documento, de 1900, advierte de su deterioro por el paso de carros demasiado cargados y de límites de peso para evitar su hundimiento.
La documentación ha permitido reconstruir casi pieza a pieza este puente de dos vanos, de 25 y 11,6 metros, y 3,6 metros de anchura, con dos vigas de hierro que sostuvieron cada tramo.
Sobre ellas descansan traviesas y tablones de madera cubiertos después por piedra y grava.
Según Villegas, lo más bonito de la investigación ha sido reconstruir la historia de ese puente metálico.
De aquella estructura desaparecida aún permanecen pistas suficientes como los estribos y restos de los pretiles encajonadas entre algunas casas del pueblo.
Este puente, el segundo por antigüedad, acabó perdiendo su función.
Y en 1924 el Ayuntamiento de Arenas promovió su venta a través de publicaciones en la prensa de época.
«El puente concejo» llevado al teatro
La recuperación no ha quedado encerrada en planos y documentos.
El colectivo vecinal decidió convertir la historia de los tres puente en memoria viva mediante una pequeña obra teatral.
Se trata de la función ‘El puente concejo’, interpretada por los habitantes del pueblo ataviados con trajes de época.
El montaje, cuyo guión ha sido escrito por la inglesa Jane Cronin, afincada en Arenas de Iguña, recrea aquellos concejos que debieron decidir cómo conservar los pasos del río y dar voz a los propios puentes.
Así, se convierte la investigación histórica en relato colectivo.
De esta manera, el Movimiento Cultural Iguña ha hecho que los viejos pasos sobre el río Besaya vuelvan de manera simbólica a cumplir su función.
La función de unir orillas, en este caso el presente con la memoria de quienes durante siglos necesitaron cruzarlos.










