Mercedes Martínez | Montoro (Córdoba) (EFE).- Las manos de Manuel Mohedo son la cuarta generación de unos artesanos de la piel que comenzaron en 1850. Lo hicieron en un pequeño local de Montoro. Hacíar, sobre todo, calzado para trabajar en el campo y aperos para los animales. Y ahora son las que ‘visten’ los pies del Imperio Romano.
El Imperio Romano es una tradición arraigada en la localidad montoreña desde el siglo XVII. Está datado que, en 1694, un devoto decidió abonar la salida procesional de una compañía de soldados para que acompañasen la estación de penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
El cuerpo del Imperio Romano está bajo las órdenes de un comandante. Lo forman en la actualidad cuatro escuadras de gastadores, banda de cornetas y tambores, cuerpo de mandos e insignias y el cuerpo de granaderos, con un total de casi quinientos componentes.
Y cada una de las cuatro escuadras tiene unas botas diferentes. Y todas salen de las manos de Manuel Mohedo, igual que antes salían de las de sus tíos y su padre, que aunque jubilado suele acudir todos los días a «echar una mano en lo que haga falta».
El cuerpo de gastadores del Imperio Romano lleva botas de cuero con tiras azules y blancas con dos borlas blancas en cada bota. El de granaderos con el fondo rojo y tiras en verde. Los oficiales que son de terciopelo rojo bordadas. Por último, las de la banda que van con el fondo blanco y las tiras en rojo. Así lo ha explicado Mohedo en una entrevista con EFE.
Además también realizan las botas del Imperio Romano de Bujalance. Estas son con el fondo rojo y las tiras negras.Las de Puente Genil van con tela de raso de distintos colores, según el atuendo que lleve el que las vista.
Trabajo artesanal
Acostumbrado a trabajar la piel, sobre todo la de vacuno que es la que utilizan, Manuel Mohedo reconoce que «no es un trabajo fácil» . Ello, sobre todo, porque «seguimos haciéndolo todo completamente artesanal».
La elaboración de una bota para el Imperio Romano, o cualquier otro tipo de calzado, lleva un proceso lento y «completamente artesanal». Este comienza tomando medidas a la persona y moldeando la piel, para luego cortarla, según un patrón.
El cuero se moja en agua tibia y con unas tablas de madera, que se llaman ‘pernetas’, se les da la forma. Se estira para que no queden arrugas y en unas 48 horas estará seco para darle la forma definitiva del pie.

Desde que le encargan unos zapatos o unas botas hasta que salen del establecimiento suelen pasar entre 30 y 40 días. «Las botas del Imperio Romano un poco menos, porque tenemos el tiempo tasado», ha añadido Mohedo.
Esta dedicación durante las semanas antes de la Semana Santa provoca que «tenemos que dejar aparcados el resto de compromisos».
El secreto para mantenerlas toda la vida
Para Mohedo, el secreto del mantenimiento de las botas «más que el uso es que cómo se guardan, con las pieles de calidad que se usan unas botas pueden durar toda la vida».Esto es así porque «sólo se usan dos días al año, eso sí muchas horas pero sólo dos días al año».
De hecho, al cruzar la puerta para entrar en ‘Mohedo’, en Montoro, podemos contemplar unas de las primeras botas para el Imperio Romano que hicieron entre el padre y los tíos de Manuel. Esto fue hace más de sesenta años. Se mantienen en perfecto estado.
En cualquier caso, todos los años tiene que hacer «un número considerable» para renovar algunas de las que llevan los casi quinientos romanos que desfilan por las calles de Montoro el Jueves y el Viernes Santo.
El padre de Manuel Mohedo, que lleva el mismo nombre, se queja de que «en general no se valora el trabajo de los artesanos». Así lo entiende porque «enseguida te dicen que todo es muy caro, sin tener en cuenta las horas de trabajo que tienen unos zapatos o unas botas».
Recuerda que cuando sus hermanos y él trabajaban el cuero hacían muchas más botas para el Imperio Romano «porque era de peor calidad la piel». Era pero «hacíamos mucho más calzado para el campo, sobre todo, muchas sandalias, podíamos hacer 8 ó 10 al día» en la época estival.
Exclusividad
Cuando pasa la Semana Santa los trabajos se centran, sobre todo, en lo relacionado con el mundo del caballo, pero en lo concerniente al jinete, las botas camperas pero también zapatos y bolsos, «lo que nos pidan, nosotros hacemos lo que nos pidan», asegura Mohedo.
En su opinión, en los últimos años el comercio artesanal ha evolucionado hacia «la exclusividad» porque «lo que es verdad es que no hacemos ningún zapato igual a otro».
Así, Austria, Alemania, Suiza, Francia son algunos de los destinos de la artesanía de la piel que Manuel Mohedo modela a diario con sus manos en Montoro.