Al fondo la obra de Pablo Picasso 'Busto y Paleta', que forma parte de la nueva exposición temporal del Museo Picasso de Málaga. EFE/Jorge Zapata

El Museo Picasso explora el impacto de la obra que marcó un antes y después en el pintor

Málaga (EFE).- El Museo Picasso de Málaga explora en su nueva exposición temporal el impacto que supuso el óleo ‘Estudio con cabeza de yeso’ (1925), que impresionó a artistas como Dalí o Lorca y que se considera una línea divisoria en la trayectoria artística del creador malagueño.

Esta obra, cedida para la ocasión por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, está acompañada por las interpretaciones que realizaron los propios Dalí y Lorca. Y por más de un centenar de piezas firmadas por Giorgio de Chirico, Fernand Léger, Jean Cocteau, Man Ray o René Magritte, entre otros.

El comisario de la exposición, Eugenio Carmona, ha apuntado este jueves en la presentación que Picasso pintó dicho cuadro en los años 20. Unos años «que se tienen siempre por felices, pero fueron más conflictivos de lo que parece».

Fue el momento «en el que empezaron a surgir algunos regímenes totalitarios, se produjo la emancipación de las mujeres y de las clases no privilegiadas». Y en algunos países como la Unión Soviética o Italia «el arte moderno empezó a ser conculcado».

También en esa década «el expansionismo colonial europeo alcanzó su máxima potencia. Pero al mismo tiempo se produjeron las primeras manifestaciones anticoloniales», y Picasso «se unió a la defensa de la negritud», según Carmona.

La directora de Comunicación de la Fundación Unicaja, Cristina Rico; la viceconsejera de Cultura de la Junta, María Esperanza O’Neil; el director artístico del MPM, Miguel López, y el comisario de la exposición, Eugenio Carmona, durante la presentación de la nueva exposición temporal del Museo Picasso de Málaga, ‘Picasso. Memoria y deseo’. EFE/Jorge Zapata

El tiempo y el sujeto

Hasta ese momento histórico, además, «el tiempo había sido lineal, fijo y monótono, y a partir de entonces pasado, presente y futuro se fusionaban, lo que hizo que la vivencia de la historia comenzara a ser diferente», a lo que se unió un cambio «en la noción de sujeto».

En ese verano de 1925 en el que pintó el cuadro, Picasso «era enormemente feliz con su mujer y su hijo». Sin embargo «su pintura se volvió desasosegada y turbulenta», algo que «recogía el signo de los tiempos», ha añadido el comisario.

«Empezó a pintar un bodegón como homenaje a las bellas artes, pero explotó en el lienzo y se convirtió en una obra convulsiva, y ese busto de yeso que era una alusión a la figura paterna -el también pintor José Ruiz Blasco- se desdobló en diferentes perfiles».

Hay después una serie de obras en las que Picasso repite el mismo tema, con una última pieza de 1938, que coincide con la derrota del ejército republicano en la batalla del Ebro durante la Guerra Civil, y en este cuadro el malagueño «sustituye el busto de yeso por una cabeza de toro, un emblema de la cultura española».

Transformarse en madurez

En 1925, Picasso tenía 45 años, una edad con la que en esa época «era un adulto plenamente en el paso a la madurez». Y empezaba a llegar «al escenario artístico por creadores una generación más jóvenes que él, los surrealistas, que lo consideran un referente».

Por ello, el malagueño «debe transformarse en plena madurez y estar a la altura de las nuevas circunstancias». Y «la reflexión sobre qué es el arte se convierte en su principal tema».

El comisario ha admitido que la exposición «es dura y dramática». Lo es porque presenta «un momento convulso para un creador, que hace emblema de su intranquilidad y su desasosiego».

«Picasso parece un artista en el Olimpo que persigue a las muchachas, pero es un intelectual de primer orden. Y todo lo que ocurría lo registraba en su manera de hacer», ha subrayado Carmona. Ha lamentado que haya «construcciones narrativas» en torno al artista «que han quedado como canónicas, pero lo encierran en el laberinto de su propia intimidad y sus propias relaciones personales».

Según Carmona, la «relación privilegiada» con otras instituciones como los Museos Picasso de París y Barcelona, el Centro de Arte Reina Sofía, el Centro Pompidou de París o la Casa Natal de Picasso ha permitido contar con destacadas piezas en esta exposición, patrocinada por la Fundación Unicaja. EFE