La reportera especializada en conflictos y crisis humanitarias y escritora Patricia Simón. EFE/Ricardo García Vilanova/ Patricia Simón

La reportera Patricia Simón defiende que oír a las víctimas de guerra reconoce su dignidad

Salvador Ruiz | Málaga (EFE).- La reportera especializada en conflictos y crisis humanitarias y escritora Patricia Simón defiende en su último libro, ‘Narrar el abismo’, que informarse y oír los testimonios de las víctimas de las guerras «es un pacto ético de reconocimiento de la dignidad de estas personas».

Tras recorrer más de 25 países y cubrir guerras como las de Ucrania, Mali, Sudán o Colombia, ha asegurado que «personajes que destruyen nuestras sociedades como Trump, Bolsonaro, Daniel Ortega en Nicaragua u Orbán presentan a los periodistas ya explícitamente como enemigos del pueblo» porque saben que suponen «un dique de contención para su ímpetu en destruir la democracia».

Con dos décadas de trayectoria profesional a su espalda y varios premios, ha manifestado en una entrevista con EFE que el periodismo de conflictos es ahora más peligroso que antes: «La incorporación de drones en el frente ha empeorado los riesgos de cubrir conflictos».

Periodistas, objetivo prioritario en conflictos

«En el último mes han sido asesinados tres compañeros periodistas en el Donbás por drones rusos. Aumenta muchísimo el riesgo y ahora los periodistas somos objetivo, desde el principio Rusia dejó claro, cuando yo cubría la invasión, que los periodistas eran objetivo prioritario», ha añadido.

En este sentido, ha indicado que «Israel lo ha demostrado con el asesinato masivo de 260 periodistas y en Sudán también se están utilizando drones ya por paramilitares».

Con motivo de la presentación de su libro en Málaga, considera que el periodismo de conflictos es más arriesgado: «Ir identificados como periodistas es desaconsejable» porque los hace «más identificables» y porque «las armas autónomas y semiautónomas agravan muchísimo el riesgo».

40 % de españoles que evitan ‘noticias aterradoras’

Ha explicado que el libro surge de su inquietud por explicar los conflictos al ciudadano, especialmente a casi el 40 % de la sociedad española, «que evita activamente informarse, que se siente desbordada, frustrada por ese caudal de noticias aterradoras y, al sentir que no puede hacer nada con ese dolor, evita encontrarse con esa información».

Simón (Estepona, Málaga. 1983) ha precisado que las personas a las que entrevista en los conflictos dan su testimonio «porque esperan que la ciudadanía destinataria de esa información le escuche cuando todo lo que le rodea es impunidad, silencio y mensajes de que ‘tu vida no vale nada'».

«Mientras nos seguimos informando y el dolor ajeno nos sigue interpelando, indignando y doliendo, preservamos parte de nuestra humanidad. Si cala el discurso que nos quiere indiferentes e ignorantes. estaremos un poco muertos en vida. Y quienes van a ganar más poder es quienes quieren secuestrar las democracias», ha señalado.

Lo que más le impacto fue «el genocidio de Gaza», que cree que definirá esta era. Ha añadido «por lo que ha arrasado, más allá de las vidas palestinas».

Investigar quién se lucra con el negocio de la guerra

Sostiene que tiene sentido narrar el dolor, pero que no basta. «Hay ir a los conflictos a recoger testimonios de las atrocidades, pero siempre para investigar quiénes son responsables. Y señalarlos con nombre y apellidos, y quiénes se lucran con ese negocio que es la guerra».

«Es muy importante que no hagamos entretenimiento con el dolor. Sino que el sufrimiento sea la forma de seguir la senda de las responsabilidades», ha incidido. Además ha destacado que «el periodismo es una herramienta para combatir la cultura de la impunidad».

Guerra, no un videojuego

«Es importante -dice- que no contemos la guerra como si fuese un videojuego, importa lo que ocurre en el frente. Pero no puede convertirse en un partido de fútbol como al principio de la invasión rusa de Ucrania. Entonces nos pasábamos semanas (diciendo) si un frente había avanzado 100 metros o no».

Apuesta por «poner el foco en lo que ocurre en la retaguardia, que se ha tratado tradicionalmente como información secundaria, fuera de la épica bélica».

«En realidad la épica ocurre ahí, en los sótanos donde las mujeres que se quedan con las familias atrapadas son capaces de convertir muebles en combustible y de multiplicar las latas de conserva para dar alimento durante semanas a todo el bloque, crean vida donde solo hay muerte», indica. EFE