Salvador Ruiz | Málaga (EFE).- La alegre campana de los sueños, que tocan en hospitales pacientes como los de cáncer al acabar su tratamiento o ante buenas noticias en el proceso, llega ahora a un colegio y trae consigo historias de superación como las del joven exalumno ‘Samu’ o Cristina, madre de un escolar.
Una ‘campana solidaria’ así luce en el patio del colegio salesiano ‘San Bartolomé’, en Málaga, pero no servirá como las clásicas de los centros educativos para llamar a clase o marcar los cambios de hora, sino para celebrar la vida.
Aunque se inaugura este viernes con los toques de Samu y Cristina, arropados por familiares, la comunidad escolar y responsables de la congregación salesiana y de asociaciones contra el cáncer, la campana está abierta a otros pacientes malagueños que deseen tocarla.
«Lo queremos hacer extensible a los ciudadanos de Málaga que lo soliciten, fijaremos un día y se hará un acto con los seres queridos de esa persona que quieran estar», ha explicado a EFE el director del centro, José Miguel Tello.
Idea de un exalumno que pasó cáncer
La iniciativa partió de Samuel ‘Samu’ Elías Aspillaga, exalumno de 19 años que pasó cáncer y lo superó. La idea fue acogida por la dirección del colegio y dedicaron una verbena a recaudar fondos para este fin.
La campana se acompaña de un cartel donde aparecen una imagen de Domingo Savio -uno de los primeros colaboradores del fundador salesiano, Don Bosco, y fallecido muy joven de una enfermedad-; otra del centro escolar y un poema de Samu sobre sus sentimientos durante el cáncer hasta «la victoria».
Además del apoyo familiar y del proceso médico, contó que le ayudaron sus vivencias en el colegio con compañeros y profesores y su fe.
«Se trata de que los chicos del colegio vean que el centro se preocupa cuando llegan problemas de salud de la gente que conocemos, es un recorrido complejo cuando alguien pasa por un problema de salud y con este acto se cumplirán las expectativas de los afortunados que salen de él», ha destacado Tello.
El cole: «gran familia»
Samu prepara ahora oposiciones a la Guardia Civil, recuerda a sus profesores y compañeros del colegio como una «gran familia» y confiesa a EFE que durante el cáncer el centro le servía para despejarse del problema: «Era como otro mundo que me aliviaba».
Su motivación cuando iba al Hospital Clínico de Málaga era la campana, «objetivo de todos los pacientes oncológicos», e ideó trasladar esa iniciativa al lugar donde se estaba «liberando mentalmente: el colegio». Su objetivo: estimular a la comunidad escolar ante situaciones como la que él vivió con 17 años.
Recuerda que uno de sus profesores, Pepe, también padecía cáncer y que se despejaba con poemas, lo que él emuló en las «muchas horas» de aburrimiento en las sesiones de quimio.
«Era un profesor espléndido, hace dos meses se jubiló, superó el cáncer. No era lo mismo hablar sobre cáncer con quien no lo ha tenido que con alguien que sí, con él tenía un vínculo diferente a los demás profesores al poder hablar de cosas que él entendía», ha asegurado sobre aquellas conversaciones que suponían cierta terapia. Los docentes hacían «de sicólogo» y eran «un amigo».
Los mayores con los que compartía sala de espera de hospital estaban tristes, pero se alegraban al verlo feliz, comenta.
Dos operaciones, cuatro quimios y 18 radioterapias
Cristina González, activa madre de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) del centro, sufrió cáncer. Acaban de darle el alta tras dos operaciones de ‘limpieza de márgenes’, cuatro sesiones de quimio y 18 de radioterapia. Pero no fue capaz de tocar la campana del Hospital Materno de Málaga tras su victoria sanitaria -admite a EFE- «por respeto» a los compañeros pacientes.
En el cole sí lo hará: «En el Materno cuando tocas la campana los que están son enfermos. No sabes si el que está al lado tiene metástasis y le quedan seis meses de vida, por respeto no fui capaz de tocarla». EFE










