Alfredo Valenzuela I Sevilla, (EFE).- La espiritualidad de las iglesias evangélicas en las comunidades gitanas de Cataluña Madrid y Andalucía ayudó a detener los estragos causados en estas comunidades por la «epidemia» de la heroína administrada por vía intravenosa que se desató en los años ochenta, según la antropóloga Manuela Cantón.
«Existe una relación directa, aunque no fue la única causa» del freno a los estragos causados por la droga en esas comunidades, según ha dicho a EFE Manuela Cantón, profesora de la Universidad de Sevilla que acaba de publicar «La imaginación en llamas. Un viaje antropológico por las espiritualidades contemporáneas» (Ariel).
Especializada desde hace algo más de treinta años en la antropología de los nuevos movimientos religiosos, Cantón ha asegurado que esa nueva espiritualidad fue el freno al avance de una droga que «hizo que el entramado familiar y social se viniera abajo», mientras que los denominados «patriarcas» o jefes de clanes «no veían el modo de parar un fenómeno que minaba las bases de la familia gitana y no reconocía ninguna autoridad».
Reconversión del individuo
El éxito de las iglesias evangélicas -ellos, matiza la antropóloga, hablan de «culto», no de iglesia- se debió a que sus pastores también eran gitanos, lo que también incidió en el éxito de los centros de desintoxicación auspiciados por las propias iglesias evangélicas y a que gitanos fueran los «hermanos sombra» que acompañaban a los drogodependientes en su proceso de desintoxicación.
El éxito también fue debido a que cultos como los de la Iglesia de Filadelfia proponen «una reconversión completa del individuo, que se transforma en una nueva persona, algo que puede resultar extraño a quienes no son creyentes, pero que tiene un poder de convicción muy fuerte».
Los primeros contactos de las comunidades gitanas españolas con esta religiosidad se produjo en la década de los cincuenta en la región francesa de la Bretaña, donde acudían emigrantes españoles para la vendimia, de modo que primero llegó a Cataluña para producirse después una expansión de norte a sur, de manera que los dos primeros pastores o predicadores que llegaron a Andalucía eran ya gitanos.
Iglesias netamente gitanas
«Se tratan de iglesias netamente gitanas, de seguidores que antes ejercieron un catolicismo meramente instrumental», ha insistido la antropóloga que también ha constatado un enfrentamiento de estos creyentes con la iglesia católica, absolutamente jerarquizada en comparación con las de estas comunidades.
Cantón, que ha dedicado casi quince años a estudios de campo sobre iglesias en Centroamérica, principalmente en Guatemala y el estado mexicano de Chiapas, también describe en su libro algunas de las «posesiones satánicas» que ha presenciado en estos cultos religiosos en varios barrios de Sevilla, los más desfavorecidos, como Los Pajaritos, el Polígono Norte y el Polígono Sur, que incluye el núcleo de las Tres Mil Viviendas.
La antropóloga advierte que «psiquiatrizar los comportamientos religiosos es un error del comportamiento humano», antes de asegurar que estas «posesiones», que se producen durante los cultos religiosos, los creyentes «los viven más como una experiencia que como una creencia».
En cierta ocasión, a la pregunta de si no hay posesiones fingidas, un pastor respondió a la antropóloga que, en efecto, las había, y que «las instigaba Satanás», de modo que desde el punto de vista antropológico, lo que crean o no los creyentes, resulta irrelevante porque lo que se trata de estudiar es «el registro de la realidad en que se mueven».
Con «La imaginación en llamas», su autora ha efectuado un repertorio de imaginarios espirituales «lo más extenso y desconcertante posible», alejado del estilo académico y con aspiración divulgativa, en el que reúne nueve estudios, entre ellos el vudú haitiano y los rituales de zombificación, el espiritismo, el culto a la muerte en México y los cultos mediúmnicos de posesión en Brasil. EFE










