El Palmar
Manuel Morilla que fue novillero, apoderado y crítico taurino, coleccionista de arte y curiosidades, proveedor de enseres litúrgicos para la iglesia cismática de Palmar de Troya (Sevilla) y, sobre todo, restaurador artesano. EFE/ Raúl Caro

De torero a proveedor de objetos litúrgicos de El Palmar, las aventuras de un restaurador

Alfredo Valenzuela | Sevilla (EFE).- Hay personajes tan polifacéticos que sus especialidades no caben en un párrafo, como el caso del novillero, apoderado y crítico taurino, coleccionista de arte y curiosidades, proveedor de enseres litúrgicos para la iglesia cismática de El Palmar de Troya (Sevilla) y, sobre todo, restaurador artesano Manuel Morilla, a quien acompañan tantas aventuras como recuerdos.

«Lo de ser novillero lo viví con mucha intensidad e ilusión, fue algo que me hizo más persona; hay que tener en cuenta que en 1975 para ir de Sevilla a Nerva o a Constantina había que coger tres autobuses, y que yo iba solo con mi maletita y mi traje de luces y me vestía de torero yo sólo en la enfermería de la plaza, donde había garrafones de ‘Coca-Cola’… menos mal que no tuve una ‘corná'», dice Manuel Morilla (Utrera, Sevilla, 1957).

Coleccionista de arte, posee una talla de tamaño natural atribuida a La Roldana, el primer boceto en terracota de la Virgen de la Paz de Sevilla, el primer boceto también en barro de la talla de la Virgen de la Capilla de los Marineros de Triana, debido a las manos del escultor Antonio Illanes, entre cientos de piezas, muchas de las cuales las aceptó como pago por trabajos de restauración de muebles, como el hermoso bargueño de dos siglos en el que trabaja ahora.

Manuel Morilla proveedor de enseres litúrgicos para la iglesia cismática de Palmar de Troya (Sevilla) y, sobre todo, restaurador artesano durante la entrevista con EFE. EFE/ Raúl Caro

Una sorpresa

Morilla ha contado ha EFE una de las últimas «sorpresas» con las que se ha tropezado, que fue al adquirir las figuras de un paso de Semana Santa, entre las que lo que en apariencia era un San Juan, en talla del XIX, terminó siendo una Dolorosa:

«Lo primero que me llamó la atención fue el torso, que parecía de mujer, después nos dimos cuenta de que las barbas, que eran de estopa, habían sido adheridas muy posteriormente; una vez terminada la restauración vino a verla un cura y dijo que era una Virgen muy humana, y es verdad, tiene cara de mujer, porque hay otras Vírgenes que parecen muñecas».

La talla de esa imagen de la Virgen que durante años pasó por un San Juan fue restaurada por la escultora Encarnación Hurtado, que también tiene su taller en Utrera y es -para Morilla no hay duda- una de las principales imagineras de Andalucía, de la misma estirpe que La Roldana.

Objetos litúrgicos para excomulgados

De tallas religiosas, pasos -o tronos- de Semana Santa íntegros o por partes, ropajes de culto, candelería y utensilios litúrgicos, además de mobiliario barroco, surtió Morilla durante años a los excomulgados de El Palmar de Troya, y lleva a gala haber tratado «a los tres Papas», Clemente, Manuel Alonso Corral y un tercero de cuyo nombre no quiere acordarse por haber provocado un cisma dentro del cisma.

Morilla se entendió muy bien con Manuel Alonso Corral, aunque también con Clemente, quienes le pedían objetos barrocos: «Eran caprichosos y ostentosos, sobre todo les gustaba la ostentación, querían sillones grandes que reflejaran que allí había poder; eran muebles que ya estaban en decadencia porque hay gente que el ‘estilo remordimiento’ no lo quiere ni regalado desde hace tiempo».

Entre las piezas de su colección, Morilla tiene una Dolorosa del XVII de la escuela gaditana digna de ser sacada en procesión por una cofradía del más rancio abolengo y una pintura de tamaño colosal de Andrés Rossi, pintor que a finales del XIX fue conservador de los Reales Alcázares de Sevilla, pero la que tal vez sea la más curiosa -y desde luego no la menos valiosa- procede de un burdel jerezano de hace cien años:

Se trata del original de un cartel taurino -en tamaño reducido- que reproduce a Belmonte y Joselito en un óleo sobre tabla, pero la obra tiene una particularidad que la hace única: Si se vuelve del revés se observa que la tabla está horadada y que ese hueco está disimulado con un trozo de lienzo que permite la visión, de modo que las mujeres pudieran ver a los clientes antes de salir, no fuera que se encontraran con algún conocido del pueblo o de la familia. EFE