España Irán
El catedrático en Relaciones Internacionales Rafael García Pérez, durante una entrevista con EFE. EFE/ Raúl Caro.

La posición de España sobre la guerra en Irán refuerza su aislamiento, según catedrático

Christian Afonso I Sevilla, (EFE).- La posición de España ante el conflicto abierto en Oriente Medio tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, sin haber sido coordinada con el resto de socios europeos, demuestra que el país se está quedando aislado y que su peso en la Unión Europea «es mínimo». Esa es la principal conclusión que extrae el catedrático en Relaciones Internacionales Rafael García Pérez.

Aunque el profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla reconoce, en una entrevista con EFE, que la postura de España se ajusta a lo dispuesto en el convenio suscrito entre Madrid y Washington -cuya última gran actualización data de 2015, con cambios posteriores de menor calado-, también cree que el Gobierno de Pedro Sánchez tendría que haberlo tratado antes con los socios.

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Postura de hostilidad

El doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid señala que el problema no está «en el hecho de no dar la autorización» para el uso de las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) por el Ejército estadounidense, sino en hacerlo sin coordinación y manteniendo «una postura de hostilidad hacia Washington» en una situación que se está tornando «muy grave».

Entiende que puede «multiplicar extraordinariamente los riesgos y las amenazas» no solo para España, sino también para el conjunto de la Unión, por lo que en el contexto en que se mueve el mundo, «tendría que haber sido más prudente» o al menos asegurarse previamente de que las consecuencias negativas se podrían haber contrarrestado.

La decisión «no supone nada especial, nada llamativo en términos de cumplimiento de las obligaciones de cada país» en el marco del convenio suscrito, ni tampoco va a suponer una afectación para la logística estadounidense en el conflicto, ya que tiene otras bases donde ubicar sus unidades por el Mediterráneo o en el resto del continente.

Pero recuerda que la política internacional «no solo es el texto de los acuerdos, de los tratados o las relaciones entre gobiernos» puntuales, y que eso es lo que a su juicio está olvidando el Ejecutivo español, que «no está teniendo en consideración, ni mucho menos, las relaciones con Estados Unidos, pero también con sus socios más estrechos, los de la Unión Europea».

La acción exterior solo como vehículo electoral

Ha lamentado que los gobiernos españoles desde Felipe González solo llevan a cabo una acción política exterior que atiende «principalmente a la política interna».

Esto es, han utilizado elementos de la política exterior «como focos de polarización, de movilización política hacia sus intereses electorales». Una forma de actuar que ve en esta decisión del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

«Si me preguntan para dar más detalles, pues tengo la sensación de que el Gobierno piensa en términos electorales (…), que puede aspirar en una próxima convocatoria a elecciones a captar voto a su izquierda», insiste el catedrático.

Y justifica su opinión en que, si hubiera habido una verdadera acción política coordinada por parte de España, este tipo de declaraciones no se habrían hecho a la prensa ni en el formato en que lo hizo Sánchez este miércoles, sino que tendría que haberse solicitado una reunión del Consejo Europeo, buscando una coordinación previa entre los socios comunitarios.

«Nada de esto se está dando. Nuestro peso político dentro de la Unión Europea es mínimo. Nuestra posición en la OTAN, en donde también llevó a cabo una acción de estas características, nos está aislando cada vez más», advierte Rafael García Pérez.

Y, en su opinión, «es el peor momento para estar aislado en una situación de enorme vulnerabilidad». Mantener esa actitud, cree, es una postura «irresponsable».

La UE «no puede ser dócil»

Rafael García Pérez también alerta de cómo se ha conducido la UE ante la llegada del presidente de EEUU, Donald Trump, en su segundo mandato. Dice que los Veintisiete no pueden tener una actitud «dócil, sumisa ante los requerimientos norteamericanos».

Evitar, en definitiva, «la bajada de pantalones» que se presenció el verano pasado por parte de la Comisión «aceptando la imposición de aranceles» porque refuerza la «amenaza» que trata de imponer Trump a sus socios, en un momento del que asegura no recordar otro peor en los años de historia de la UE y sus antecesoras.

Y es que, en frente, concluye, no solo está un conflicto armado en el continente que dura ya cuatro años, sino también un socio al otro lado del Atlántico que en su «ambigüedad», está «debilitando» a todos los miembros de la OTAN: «Creían que constituía la base de su disuasión, y por lo tanto de su defensa, y eso ya no está tan claro». EFE