casco histórico
La masificación turística en el centro de Sevilla provoca una "desertificación" del casco histórico, donde, según testimonios recogidos por EFE, la falta de servicios y la carestía de la vivienda dificultan la vida cotidiana, empujando a las familias a periferias más cómodas. EFE/Luis González

El casco histórico de Sevilla se acerca a la «desertificación» por la presión turística

Luis González | Sevilla (EFE).- La masificación turística en el centro de Sevilla provoca una «desertificación» del casco histórico donde, según testimonios recogidos por EFE, la falta de servicios, aparcamientos y vivienda encarecida dificultan la vida cotidiana, empujando a las familias a periferias más cómodas.

La falta de infraestructuras para los residentes se señala como el principal motor de este éxodo. «Muchos vecinos no podían llegar a sus casas con las bolsas del supermercado; no puedes descargar y no tienes dónde aparcar porque los estacionamientos reservados han desaparecido», ha explicado a EFE una profesional farmacéutica de la zona.

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Según este testimonio, la eliminación de micro-aparcamientos en las plazas del centro ha sido clave en la pérdida de población, «de toda una calle de plazas para estacionar, ahora quedan cuatro o cinco; esa incomodidad hace que la gente se vaya a vivir a otras zonas donde sea posible entrar y salir con el coche para ir a trabajar».

Incluso el suministro de bienes básicos debe adaptarse a la masificación. En calles emblemáticas como Mateos Gago, los proveedores de medicamentos deben completar el último tramo del reparto a pie con carros debido a la imposibilidad de acceder con vehículos de carga.

Aunque el suministro resiste, la logística diaria se vuelve una carrera de obstáculos. Y termina por desgastar el arraigo de quienes aún intentan vivir en el corazón de la ciudad.

Un cartel sobre las buenas prácticas en el casco histórico de Sevilla. EFE/Luis González

Aulas vacías y barrios sin niños

Esta crisis demográfica se refleja con especial crudeza en el sistema educativo público. Eli, madre de un alumno del colegio público San Isidoro, situado en la calle Mateos Gago, advierte de que el centro cuenta con clases de apenas doce o trece estudiantes y teme por su continuidad a medio plazo.

«Cada vez se nota que hay menos niños porque la zona está llena de apartamentos turísticos y hoteles; la vivienda es cara y no hay oferta para familias», ha lamentado.

La situación complica incluso la rutina escolar más básica. La salida del colegio obliga a padres y alumnos a «pedir permiso constantemente» para poder avanzar entre las aglomeraciones de turistas.

Transformación comercial y gastronómica

El impacto económico ha transformado el comercio de proximidad y el sector de la hostelería. Así está haciendo desaparecer la gastronomía local frente a los gustos culinarios del turista.

«Ya no queda pequeño comercio; las fruterías son escasas y caras porque todo está enfocado al turismo», ha señalado Eli.
Esta especialización del centro encarece el coste de vida para los pocos residentes que quedan. Y hace que realizar tareas cotidianas como la compra de alimentos frescos sea un problema logístico y financiero.

A esta pérdida de identidad se suma el avance de las franquicias de comida rápida. Estas ganan cuota de mercado día a día en detrimento de los establecimientos tradicionales.

El centro histórico de la capital hispalense, aunque calificado como «maravilloso» por sus habitantes, se vuelve un entorno hostil para el día a día de una familia media.

La gestión de los flujos turísticos

Incluso dentro del sector servicios, la falta de control sobre las aglomeraciones empieza a afectar a la calidad de la experiencia.
Miguel Brusciano, auxiliar de guía turístico, denuncia una «carencia de organización» en monumentos y calles estrechas. Allí a menudo es imposible transitar sin formar pasillos humanos entre la multitud.

«No podemos darle al cliente ‘medio producto’ porque haya demasiada gente; si se hiciese con una organización sucesiva, el potencial de mejora sería muy grande», ha explicado Brusciano a EFE, quien destaca la afluencia masiva de visitantes ingleses y franceses durante todo el año.

El sentimiento generalizado entre los residentes es de una pérdida de identidad y de espacio vital.

Los vecinos coinciden en la falta de equilibrio entre el uso turístico y la vida vecinal. Eso está convirtiendo el casco antiguo en un escaparate sin alma. Allí el derecho a vivir en el propio barrio se ha convertido en un lujo difícil de mantener frente a la presión de la globalización turística. EFE