Isabel Laguna I Cádiz, (EFE).- Casi 20 años después de su muerte, ve la luz «Lo que dura una canción», una novela inédita sobre la contracultura de la Sevilla del 68 del crítico de arte, comisario de exposiciones y agitador cultural de La Movida Francisco Rivas Romero-Valdespino, conocido como Quico Rivas.
«La propia novela tiene su novela», explica a EFE el gestor cultural Fran G Matute, que no llegó a conocer a Quico Rivas (1953-2008) en persona pero que, impulsado por la curiosidad sobre su figura, investigó su intensa vida para escribir su biografía «A Quico Rivas. Por una revolución de la vida cotidiana» (Athenaica).
Rodeado de leyenda
«Quico es un personaje que siempre ha estado rodeado de leyenda. Una de ellas es que había escrito una novela, y que la tenía en un cajón», cuenta Matute.
En 1998 un incendio en su casa destruyó muchas de sus cosas, así que se pensó que esa novela habría sido una ellas. Sin embargo, tras su muerte, su hija ordenó su archivo y allí encontró una novela escrita a máquina «totalmente terminada».
Para escribir la biografía del crítico, Matute tuvo acceso a ese archivo y pudo leer esa novela de 200 páginas. «Me encontré con una joya», asegura.
El Colectivo Bruxista, dedicado a recuperar novelas sobre subculturas, la ha publicado ahora. «Saber que existía una novela sobre los hippies en la Sevilla de 1968 les encajaba totalmente en el catálogo. Sevilla fue la zona cero de la contracultura española, y Quico Rivas estaba ahí para contarlo», explica Matute.
Dos quinceañeros en la Sevilla del 68
La novela relata la historia de dos quinceañeros de corte burgués que viven en la Sevilla que se empieza a llenar de melenas y discos de bandas que nadie conoce y que empezaron a sonar gracias a los americanos de las bases estadounidenses andaluzas, en una ciudad en la que emergen drogas como el LSD y el amor libre.
Uno de los amigos decide meterse de lleno en ese mundo del «hippismo», pero al otro, influenciado por la cultura que ha mamado en el franquismo, le cuesta dar ese paso.
Con estos protagonistas, «Quico hace un retrato de lo que pasó en Sevilla a finales de los 60, de como se transformó la ciudad y surgió una escena musical muy potente de grupos de rock».
«Es casi un documento histórico porque todo lo que cuenta está basado en experiencias reales», asegura Matute.
Quico Rivas vivió aquella efervescencia en Sevilla, donde creó con Juan Manuel Bonet el Equipo Múltiple, un colectivo que impulsó acciones culturales en la ciudad. «Fueron dos revolucionarios del arte y la política clandestina», indica para recordar que el crítico «fue un marxista muy comprometido políticamente».
Según Matute, el crítico de arte terminó de escribir la novela en el año 80 y la dejó reposar. «Nos consta que en los 90 la retocó, porque en el manuscrito hemos encontrado a bolígrafo algunos ajustes muy pequeñitos», señala.
Lo que dura una canción
«Era una máxima en él lo de escribir y crear y no publicar. Sólo podemos especular. Fue muy duro como crítico de arte y literatura, había dado tanta caña que igual tenía miedo a las reacciones. Y era un perfeccionista. Entre estas dos ideas debe estar la respuesta a por qué no publicó nada en su vida y por qué sólo hizo una exposición al final de su vida. Nunca quiso participar del juego de la cultura», reflexiona el gestor cultural.
«Lo que dura una canción» es una frase de la que Rivas «estaba enamorado» y que usó en infinidad de textos. Fue además el nombre que puso a otra novela autobiográfica que empezó a escribir en sus últimos años para contar su paso de Sevilla a Madrid.
«De esa lo único que queda es un índice», cuenta Matute.
A buen seguro sería un documento único sobre los entresijos de La Movida madrileña.
La inquietud cultural llevó en 1976 a Quico Rivas a un Madrid en el que estaba a punto de «explotar» la Transición.
Ese carácter le llevó a convertirse en «un catalizador importante» de La Movida madrileña. «Se dedicó a juntar a gente como Alberto García Álix, Santiago Auserón o Ceesepe y a conseguir que ocurrieran cosas, organizando encuentros y exposiciones en las que se mezclaban disciplinas, algo que luego será el magma de La Movida», concluye Matute. EFE