Miguel Martín Alonso | Almería (EFE).- La diseñadora almeriense Patricia Rosales, cuyas creaciones exclusivas han llegado a calzar a figuras como Madonna o Beyoncé, ha encontrado en las impresoras 3D y en las nuevas tecnologías el aliado inesperado para dar una segunda vida a su último invento.
Rosales presentó ADIN, un sistema patentado de adornos intercambiables para prendas y calzado. Sin embargo, su propio nivel de exigencia se convirtió en un obstáculo. Al fabricar cada tornillo y cada base en latón, aplicando técnicas de alta joyería como pulidos, soldaduras y baños electrolíticos, el proceso resultaba demasiado complicado para que otros creadores pudieran integrarlo en sus colecciones.
La respuesta a ese callejón sin salida no llegó de los tradicionales talleres de orfebrería, sino de la experimentación doméstica. Tras meses de pruebas junto a su marido investigando con distintos filamentos de impresión 3D, han logrado reproducir la patente en un material plástico de alta resistencia, según relata la diseñadora en una entrevista con EFE.
Trascendiendo fronteras
El sistema ha empezado a trascender las fronteras de su estudio en Almería. En el ámbito de la moda flamenca, la diseñadora Charo Villanueva ya está integrando estos tornillos plásticos en flores, peinetas y pinzas, permitiendo que un mismo adorno se enrosque indistintamente en el cabello o en el empeine de un zapato. Otras firmas, como Navari o Real Trece, lo están aplicando ya a pendientes de metacrilato o a los puños de camisas de fiesta.
Ante la dificultad técnica de explicar el funcionamiento de una patente sobre el papel, Rosales ha optado por lo visual. Ha diseñado una colección propia de adornos en metacrilato y cristal que abarcan desde apliques genéricos hasta motivos cofrades, «como un nazareno ahora con motivo de la Semana Santa, que se puede poner de pisacorbatas o con un pin en una solapa».

El escáner contra el dolor de pies
Esta inmersión forzosa en la tecnología 3D ha acabado transformando también la esencia de su oficio zapatero. Rosales ha vuelto a confeccionar calzado a medida, pero esta vez alejada del capricho estético de las alfombras rojas para centrarse en los «pies difíciles» que no encuentran consuelo en las hormas estándar.
Frente a la moda actual del calzado ‘barefoot’ o minimalista —»que tampoco es bueno para todo el mundo», advierte— o las suelas industriales excesivamente estrechas, la creadora atiende ahora a clientas con problemas de juanetes, mujeres mayores, o casos de asimetría extrema. «Estoy haciendo ahora unos para una señora que tiene una talla 42 de largo, y de ancho viene a tener un 38. Tiene tan fino el pie que todos los zapatos le bailan», explica.
Para darles respuesta sin disparar los presupuestos, realiza un estudio de medidas por videollamada, traza una horma digital y moldea la suela exacta a la anatomía plantar de la clienta. El tacón se imprime en 3D y todo el conjunto se cose a mano, descartando el rígido cuero en la planta en favor de gomas flexibles que mejoren la amortiguación del metatarso.
Al evitar la talla de la madera tradicional en la industria auxiliar, la clienta ahorra los cerca de 150 euros que costaría encargar una horma física, logrando un zapato totalmente cosido a su medida con los diseños de Rosales por un coste menor.
La inquietud de la almeriense ya tiene un nuevo objetivo de cara a la próxima temporada estival. Lanzar una pequeña línea de sandalias. Estas, sin llegar a ser cien por cien a medida, permita a la compradora europea algo muy habitual en Estados Unidos pero casi inédito a este lado del charco, que es elegir no solo el largo, sino el ancho exacto de su zapato. EFE