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Todavía no ha amanecido cuando Diego López llega al corral donde tiene guardado su rebaño de ovejas a las afueras de Los Corrales, en la Sierra Sur de Sevilla, y se dispone a sacarlas al campo a pastar. EFE/ Fermín Cabanillas

El pastoreo, una actividad que sobrevive de sol a sol y sin relevo a la vista

Fermín Cabanillas I Los Corrales (Sevilla), (EFE).- Todavía no ha amanecido cuando Diego López llega al corral donde tiene guardado su rebaño de ovejas a las afueras de Los Corrales, en la Sierra Sur de Sevilla, y se dispone a sacarlas al campo para el pastoreo. Volverá a casa cuando haya llegado la noche. Así, todos los días del año, sin entender de fiestas, frío o calor, igual que hace siglos.

Es una actividad muy sacrificada, y por eso puede que esté condenada a desaparecer con el paso de los años. De hecho, seguramente sea muy difícil encontrar a un joven de menos de 20 años que alguna vez se haya cruzado con un rebaño de ovejas o cabras por un campo cercano a su casa.

Diego tiene 60 años, y asegura es pastor “de nacimiento”. Es parco en palabras, muy parco, posiblemente acostumbrado a estar todo el día en compañía de sus animales en mitad del campo, pero acepta explicar a EFE algunas de las claves de su trabajo, que realiza con la destreza de alguien que siempre se ha dedicado a esta profesión.

“El día es siempre igual, desde que amanece hasta que oscurece”, asegura, sin cambios en el calendario, porque los animales tienen que comer todos los días, y, de paso, el campo tiene que aprovecharse de su trabajo natural de poda y mantenimiento gracias al paso de su rebaño.

“Se venden a partir de los 40 días”

Normalmente hace su labor solo, aunque algunos días se acompaña de un joven que podría ser su aprendiz, pero sus inquietudes van por otro lado. Diego dice que en su familia hay “un chaval” que podría retomar su trabajo cuando él se jubile, pero “le gusta estudiar más que las ovejas”, así que el relevo no está garantizado.

Sí tiene la ayuda de cuatro perros pastores, que controlan a la perfección a las 200 ovejas del rebaño casi con la mirada, mientras Diego emite sonidos ininteligibles casi para cualquiera, pero que son órdenes directas para los animales.

No es fácil tener un rebaño, igual que no lo es sacarle rentabilidad. En Andalucia hay que tener un código REGA (Registro General de Explotaciones Ganaderas), todos los animales (ovejas, cabras) deben estar correctamente identificados sanitariamente, contar con un corral doméstico y superar una inspección de la Administración para verificar las condiciones higiénico-sanitarias.

A partir de ahí, “la lana no se vende, ni la leche”, y Diego, como muchos pastores, tiene que rentabilizar el negocio vendiendo sus animales para consumo humano. “Se venden a los 40, 50 o 60 días, según cada uno”, afirma el pastor, que, con la llegada de la primavera, ve cómo la actividad aumenta para su ganado, sobre todo después de las intensas lluvias de primeros de año.

El fin del pastoreo

Recuerda que ,cuando el agua apretó, el ganado estuvo setenta días sin salir al campo, y le tuvo que alimentar sin lo que le da la naturaleza a diario. Eso ha provocado que este año tenga pérdidas. Además, estuvo enfermo casi cuatro meses, de modo que, sin poder trabajar, tuvo que buscar un sustituto, lo que tampoco ayuda las cuentas finales de su explotación ganadera.

Ahora, intenta recuperar tiempo y dinero con largos paseos con sus ovejas cada día, que comienzan en su corral y terminan casi donde se cruza el río Blanco con la carretera A-378, que llega al pueblo desde Osuna.

El caso es que, “cuando se mueran los viejos, se acaba el pastoreo”, lamenta, porque solo con la tenacidad de las personas mayores se pueden dedicar tantas horas a una actividad cuya rentabilidad es escasa. De momento, Diego no piensa en retirarse pero tiene claro que cuando lo decida se tendrá que ir progresivamente, sin que sus ovejas cambien a un pastor más joven y con nuevas ideas. EFE