Córdoba (EFE).- La jefa de la Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Carmen Prada, acusada de homicidio involuntario y denegación de asistencia a un paciente, ha asegurado en el juicio que el fallecido nunca tuvo tendencias suicidas y que su muerte se debió a una cardiopatia que se complicó con la ingesta de fármacos antidepresivos.
Durante la primera sesión del juicio, celebrado en la Sección de lo Penal 4 del Tribunal de Instancia de Córdoba, la encausada ha afirmado que la muerte de uno de los pacientes de la Unidad de Salud Mental se debió a una «concatenación evolutiva» que coincide con un accidente y ha descartado que fuera un suicidio.
Francisco Miguel León Benítez falleció en junio de 2020, según la acusada, por una cardiopatía básica e hígado graso que desembocó en un edema pulmonar, tras la ingesta de medicamentos, fundamentalmente antidepresivos, pero en ningún caso por haberse quitado la vida.
46 veces en Urgencias
El fallecido recibió atención por la Unidad de Salud Mental del Hospital cordobés desde el año 2006 hasta su fallecimiento, excepto entre 2015 y 2018 que estuvo en prisión.
Durante ese período, Francisco Miguel León estuvo en Urgencias del centro sanitario 46 veces, 50 en la Unidad de Salud Mental, tuvo ocho ingresos, siete de ellos involuntarios, y en atención primaria recibió asistencia 120 veces, según los datos ofrecidos por la defensa, que pide la libre absolución para su representada.
Prada ha desgranado la patología que sufría el fallecido, un trastorno de personalidad mixto que se agravaba por el consumo de tóxicos, lo que le llevaba a sufrir disfuncionalidad, agitación y episodios psicóticos agudos.
La psiquiatra ha reiterado en varias ocasiones que no se trataba de una enfermedad mental grave. Ha hecho hincapié en que si no hubiera consumido tóxicos no hubiera tenido las pérdidas de control que padecía. Estas le llevaron a ser hospitalizado en siete ocasiones de forma involuntaria.
Sin tendencias suicidas
La Fiscalía, que pide cuatro de años de prisión para Prada, ha insistido en que al fallecido no se le dio asistencia domiciliaria para hacer un seguimiento de la enfermedad, ni se atendió las peticiones de la familia que alertaban de que podía poner en riesgo tanto su vida como la de las personas con las que se relacionaba.
Sin embargo, este tipo de patología no conlleva atención domiciliaria, según ha señalado en varias ocasiones la psiquiatra.
También ha insistido en que el que pudiera poner en riesgo su vida no tiene relación con tendencias suicidas, y ha puesto como ejemplo a un persona que conduce a 200 kilómetros por hora y con ello pone en riesgo su vida pero no quiere decir que quiera quitársela.
El caso de Francisco Miguel León, según Carmen Prada, era comparable con esa circunstancia porque consumía medicamentos y de forma esporádica alguna sustancia estupefaciente que le hacían perder el control, pero ello no implicaba que quisiera suicidarse. EFE









