Sevilla (EFE).- El aumento de las lluvias del invierno ha beneficiado a la vegetación del monte andaluz pero, con las temperaturas propias del verano que está dejando mayo, también ha provocado que Andalucía se vaya a adentrar en la temporada de peligro alto de incendios forestales con más riesgo de fuego.
Fuentes del Plan Infoca han apuntado a EFE que las mediciones de las lluvias del pasado invierno han sido más altas que el ejercicio anterior y han dejado avances por ejemplo frente a la sequía.
La vegetación alcanzaba un máximo de humedad en enero y febrero que se ha ido perdiendo con los meses hasta traducirse, con las altas temperaturas de mayo, en estrés hídrico, el cual lleva a las plantas a secarse por dentro.
El dato de entre el 25 y el 30 % de humedad relativa, que estima la cantidad de vapor de agua en el aire, es propio de julio o agosto y ha perjudicado en la evolución de fuegos como el que ha afectado al Parque Nacional de Doñana.
En términos generales, combustibles finos de vegetación como la hierba se secan rápido y se convierten en pasto, que es, según han detallado desde el Infoca, un buen iniciador y transmisor del fuego.
Mayor probabilidad de riesgo de fuego
Con estas condiciones, el periodo de peligro alto de incendios, que transcurre oficialmente entre el 1 de junio al 15 de octubre, comienza con mayor probabilidad de riesgo de fuegos por la alta cantidad de combustible natural.
La Red de Información Ambiental de Andalucía (Rediam) gestiona el inventario de biomasa y los mapas de modelos de combustible de la comunidad y sus datos se utilizan para organizar la campaña en este periodo.
Hay reuniones diarias en las que, con analistas del Infoca y técnicos de la Agencia Estatal de Meteorología, se preparan los mapas de riesgo forestal de cada jornada.
Uno de las variables que analiza la Rediam son las actuaciones en el medio forestal.
Desde el Laboratorio de Incendios Forestales, dependiente de la Universidad de Córdoba (UCO), advierten del efecto del abandono de las actividades tradicionales y de la necesidad de fijar población en el ámbito rural.
Actividades productivas rurales
El director del Laboratorio de Incendios Forestales, Juan Ramón Molina, ha explicado a EFE que las medidas de prevención en sitios claves que contempla la normativa deben verse reforzadas con la posibilidad de que los habitantes puedan desarrollar actividades productivas que a su vez reduzcan la cantidad de vegetación.
Molina ha señalado que hacía muchos años que no veía esta cantidad de combustible en el campo, con una «crecida muy grande con estas condiciones de precipitación» del matorral.
«Nunca llueve a gusto de todos», ha indicado el responsable de este laboratorio de la UCO, que ha señalado que, con la llegada de las temperaturas propias del verano, «la vegetación está lista para arder» ocasionando «importantes incendios» como los de estos últimos días en las provincias de Huelva o Sevilla.
Progresivamente, y en el marco de una tendencia que no es sólo propia de zonas de clima mediterráneo sino global, los incendios serán menos conatos y más grandes.
De hecho, según Molina, el tamaño de más de 500 hectáreas para definir a un gran incendio forestal «se empieza a quedar pequeño».
En este contexto, los expertos recomiendan también avanzar hacia un «paisaje que esté en mosaico» para facilitar en su caso las tareas de extinción. Aunque son conscientes de la limitación de los presupuestos. EFE










