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La familia de acogida de una niña de siete años, sus amigos y sus compañeros de clase reclaman la vuelta de la pequeña a su rutina y a su "hogar" en Granada. EFE/ Maria Ruiz

La lucha de los Ferrer-Gómez, la familia de acogida que quiere que Lucía vuelva a casa

María Ruiz I Granada, (EFE).- La familia de acogida de una niña de siete años, sus amigos y sus compañeros de clase reclaman la vuelta de la pequeña a su rutina y a su «hogar» en Granada, en el que ha vivido durante un año y medio y del que salió para un proceso de adopción que ha fracasado, por lo que está de nuevo en un centro de menores.

Tiene siete años, una sonrisa dulce, un peluche de apego, unos dibujos favoritos, dotes teatrales, un libro casi a estrenar y una historia demasiado dolorosa para su corta edad que además sigue sumando capítulos duros.

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Lucía, el nombre ficticio de esta menor, también tiene una familia de acogida que la extraña, unos compañeros de juegos y aula que reclaman su vuelta, y un pueblo -Gójar, en el área metropolitana de Granada- que se ha movilizado para exigir su vuelta.

Pepe Ferrer y Loli Gómez tienen tres hijos y un nieto y también son -eran hasta el pasado mayo- padres de acogida. Esta pareja de granadinos obtuvo en mayo de 2023 el dictamen de idoneidad que concede la Junta de Andalucía para convertirse en familia de acogida y Lucía fue la segunda menor que llegó a su casa.

«Llegó en muy mal estado, con terrores nocturnos, con muchos miedos, pero se esforzó como nos esforzamos nosotros para mejorar cada día», explica a EFE Loli Gómez, que poco a poco se convirtió en su persona de confianza, en la encargada de calmar sus pesadillas, de dormir a su lado.

De la acogida a la adopción

Lo hacía en una habitación que conserva sus juguetes y que compartía con Leonor, la menor de una familia muy familia: «Hacemos muchas cosas juntos, vivimos todos cerca y ella se lleva muy bien con mi nieto Adrián, que es casi de su edad», añade Ferrer.

Cuando la historia con su madre biológica se desmoronó por completo, Lucía encontró un hogar de acogida en el que mimaron también sus lazos familiares porque la menor sabe quiénes son sus padres y su abuela, cuida de sus hermanas pequeñas y no necesita otra familia.

Por eso, en Gójar vivía con Pepe y Loli, no con otros padres, y compartía tiempo con amigos que la ayudaron a aprender a leer, a disfrutar del teatro, a celebrar cumpleaños en los que también estaban sus hermanas, y a sentirse parte de un grupo.

Cuando la madre de Lucía perdió en firme su tutela, la Junta comenzó un proceso de adopción que sacó de la ecuación a los Ferrer-Gómez, que propusieron cambiar la figura a un acogimiento permanente, una opción que deja a la menor en casa, sin estar adoptada, para que cuando cumpla los 18 años decida sobre su futuro.

Sin embargo, Menores seleccionó para la pequeña un padre adoptivo monoparental de Málaga, un perfil que no se adaptaba a sus necesidades porque a Lucía le cuesta el apego con hombres.

«Mostramos nuestras reticencias y explicamos que no encajaba con su perfil, pero también intentamos que funcionase», recuerda Loli. Un intento que se quedó en eso, por lo que la adopción fracasó y la menor volvió a un centro tutelado, esta vez sin sus hermanas y lejos de la familia de acogida.

Un centro de menores

La Junta ha explicado a EFE que no pueden proporcionar información específica de ningún proceso en el que estén implicados niños pero que siempre actúa atendiendo «al interés superior del menor».

Según esta familia de acogida, la Junta los responsabilizó de no facilitar el acople de la menor con el padre adoptivo y ahora los «castiga» alejando a la menor de casa, pero también quitándoles la idoneidad que les permitió acoger a una niña a la que ya no ven.

«Fueron al colegio sin decirnos nada, sin notificar por escrito, y se llevaron a la niña cuatro o cinco policías con técnicas de Menores. Sin poder despedirnos, sin llevarse sus enseres más personales. Y no la hemos vuelto a ver, no nos dejan visitarla», lamenta Ferrer.

Aunque los Ferrer-Gómez solicitaron medidas cautelares en la Sección de Familia, Infancia y Capacidad del Tribunal de Instancia de Granada, plaza 2, no han podido verla ni explicarle que siguen peleando por ella.

También se han sumado a la lucha con escritos y cartas personalizadas vecinos como Rocío Fernández Aguilar, la madre de Daniela, otra menor que se convirtió en la mejor amiga de Lucía y que ahora pide a sus padres que la adopten para poder volver a verla.

La familia de acogida y los amigos de Lucía han pedido que vuelva a la casa en la que «por primera vez» se sintió querida y a salvo, a un colegio y un pueblo del que ya formaba parte y que siempre serán más hogar que un centro de menores. EFE