presos camino Santiago
Lejos de los muros del centro penitenciario de Almería, cinco presos han emprendido un viaje que trasciende lo puramente geográfico para adentrarse en las profundidades de la reflexión personal en el Camino a Santiago. EFE/ Centro Penitenciario El Acebuche

Presos de la cárcel de Almería buscan redención en el Camino Portugués a Santiago

Miguel Martín Alonso I Almería, (EFE).- El sonido de las puertas cerrándose a sus espaldas ha sido sustituido temporalmente por el crujir de las botas sobre los senderos del Camino de Santiago y lejos de los muros del centro penitenciario ‘El Acebuche’ de Almería, cinco presos han emprendido un viaje que trasciende lo puramente geográfico para adentrarse en las profundidades de la reflexión personal.

Este año, la tradicional peregrinación organizada por la prisión almeriense ha cambiado su ruta habitual para sumergirse en el Camino Portugués, una senda donde la dureza física se entrelaza con la búsqueda de una paz largamente anhelada.

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Experiencia jacobea

La aventura comenzó el pasado lunes. Alrededor de las ocho de la mañana, el grupo dejaba atrás Almería para desplazarse hasta la localidad pontevedresa de Tui, punto de partida de esta particular experiencia jacobea.

En esta ocasión, la expedición está formada íntegramente por hombres -cinco reclusos-, todos ellos novatos en estas lides, ya que desde el centro se prioriza ofrecer esta oportunidad a personas distintas que no la hayan vivido con anterioridad. Junto a ellos caminan la subdirectora de Tratamiento de ‘El Acebuche’, María del Mar Soriano; el capellán del centro, Manuel Navarro; y dos voluntarios de la Pastoral Penitenciaria.

El equipo avanza actualmente en plena etapa en el tramo que discurre entre Pontevedra y Caldas de Reis. Lo hacen bajo un intenso calor que mitigan en los momentos de descanso, rodeados de un paisaje natural que describen como impresionante.

La subdirectora explica que se ha repetido la fórmula por la que la administración penitenciaria y la Pastoral dividen sus esfuerzos. Esta última realiza una generosa aportación, ya que no solo sufraga parte de los gastos de alquiler del vehículo de apoyo, sino que ha proporcionado a los internos mochilas, sacos para protegerse de la lluvia y se ha hecho cargo de sufragar los albergues donde pernoctan cada noche.

Unas mochilas vitales

Pero más allá del despliegue logístico, el verdadero peso de este Camino reside en las mochilas vitales que acarrea cada peregrino. Para Antonio, uno de los reclusos, la experiencia está resultando “muy dura, pero muy gratificante a la vez”. En sus palabras se resume el esfuerzo constante del caminante: “Piensas a veces que no vas a llegar y al final llegas. De eso se trata”. Una oportunidad que nunca descartó hacer en un futuro y que ahora, por fin, ha logrado materializar.

Para otros, el recorrido es un bálsamo restaurador. Es el caso de Pablo, quien confiesa haber hallado en estos senderos un gran sosiego. Su testimonio refleja a la perfección el contraste entre su pasado y su presente: “Después de una vida de tormenta, me encuentro una paz inmensa por el camino”. Pablo aprovecha cada kilómetro de esta travesía de forma introspectiva para “pensar, disfrutar de la naturaleza y reflexionar”.

El componente emocional de la marcha alcanza su punto álgido en las motivaciones más íntimas de los caminantes, como las de Braulio. Sus pasos no son solo por él, sino por su familia. Camina impulsado por su hermana, que padece un tumor, y en memoria de su madre y de su hermano, ya fallecidos. “Es un cúmulo de emociones increíble”, reconoce al abrir su corazón en medio de la travesía.

Más que un esfuerzo físico

Desde la perspectiva espiritual y de apoyo, el capellán Manuel Navarro subraya que esta experiencia dista mucho de ser un simple esfuerzo físico o turístico. “El Camino no es solamente físico, sino que es un camino hacia el interior de uno mismo, hacia el interior de tu corazón y de tu vida”, reflexiona. Para el sacerdote, se trata de un espacio idóneo para “discernir y encontrarte contigo mismo en esas dificultades”.

“El Camino siempre te cambia. Siempre es una experiencia que no pasa indiferente en tu vida. A veces no tiene un efecto inmediato, pero sí a medio o a largo plazo. Sí te va haciendo su efecto”, añade.

Paso a paso, entre la dureza del asfalto y la tierra, estos cinco internos de ‘El Acebuche’ continúan su marcha hacia Santiago de Compostela. Atrás queda temporalmente la rutina penitenciaria, sustituida por el esfuerzo físico, la convivencia mutua y, sobre todo, la inmensa paz al caminar hacia el interior de uno mismo. EFE