ganadero holístico
Manuel Troya dejó su trabajo en la oficina de una multinacional en Hamburgo (Alemania) para emprender una nueva vida como ganadero. EFE/ Román Ríos

Manuel Troya, ganadero holístico: “El trabajo en el campo tiene mucho margen de mejora”

Isabel Laguna | San José del Valle (Cádiz) (EFE).- Manuel Troya dejó su trabajo en la oficina de una multinacional en Hamburgo (Alemania) para emprender una nueva vida como ganadero holístico, un oficio al que ha llevado, además de tecnologías como el pastor o el cencerro eléctrico, un nuevo modelo, el de una ganadería holística que regenera el ecosistema.

«Uno se da cuenta de que dando un pasito atrás y dejando que la Naturaleza ejerza su rol de naturaleza, hay grandes resultados. porque la Naturaleza tiende a la abundancia», explica, en una entrevista con EFE en la Finca Pajaretillo de San José del Valle (Cádiz) en la que ha impulsado este proyecto que acaba de ganar uno de los premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles del año.

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El relevo de un oficio “poco sexy” para los jóvenes

Manuel Troya es nieto e hijo de ganaderos que siguieron los usos tradicionales del oficio en esta finca de 475 hectáreas de monte bajo mediterráneo. Su padre siempre quiso alejarle del trabajo en el campo. «Veía como un fracaso que me dedicara a algo tan duro”, cuenta.

Por eso estudió en Madrid Ingeniería Industrial, después en Francia y acabó trabajando en una multinacional en Hamburgo.

En 2015, cuando su padre falleció, decidió dejar el mundo de la ciudad y las oficinas y sumergirse en el del campo y la naturaleza.

«La edad media del sector es muy avanzada, en torno a 63 años. Hay poco relevo. Yo creo que es un oficio poco atractivo, poco sexy para la gente joven», dice este ganadero que ahora tiene 39 años y para quien su nuevo oficio se ha convertido en una auténtica pasión.

«El campo, por esa media de edad tan avanzada, creo que ofrece una gran oportunidad. El margen de mejora de lo que se hace, no voy a decir que sea infinito, pero sí que es muy grande», explica.

De eso se dio cuenta cuando regresó decidió gestionar la finca de su padre: «No distinguía un toro de una vaca», bromea.

El ganadero Manuel Troya en San José del Valle (Cádiz). EFE/ Román Ríos

Sistema «frágil, descabellado»

Con el capataz que durante décadas trabajó allí se puso al día del funcionamiento tradicional de una ganadería y se percató de que era un sistema «frágil, descabellado», que necesitaba muchos insumos y que además empobrecía el suelo por las prácticas intensivas. Imitar el comportamiento natural de las manadas

Quizá por acercarse al oficio «en blanco» y con la mentalidad de un analista de datos del siglo XXI, decidió investigar sistemas alternativos y dio con el modelo de ganadería holística que ha puesto en marcha.

«Se trata de imitar el comportamiento de los grandes movimientos de manadas de herbívoros que se movían juntos para protegerse de los depredadores y desplazándose buscando pasto fresco».

«Lo hacemos con una mínima tecnología, super-económica, que es un pastor eléctrico y un hilo que conduce la electricidad para delimitar las parcelas de pastoreo” dentro de la finca.

Pequeñas parcelas

Así, la finca se ha dividido en pequeñas parcelas de una hectárea, en las que sus 200 cabezas de ganado pasan habitualmente sólo un día, para luego cambiar a otra y no volver a ese espacio en muchos meses, casi un año. Eso permite que el ganado no erosione la tierra. Más bien al contrario, sus heces y orines la nutren y regeneran, por lo que siempre vuelven a un terreno con pasto.

«Hay gran cantidad de forraje que se produce de manera natural y los animales están muy bien porque recuperan su instinto natural», afirma.

«Es un sistema ‘simplejo’ en el que todo ocurre solo, es mágico tener la tierra en regeneración y es muy económico», asegura.

La finca ha creado una marca de «carne de pasto» que comercializa a grupos de consumo responsable de distintas provincias españolas: «nos gusta promover ese vínculo entre el productor y el consumidor que tanto falta».

En la finca no sólo se usan aplicaciones y tecnología para gestionar el ganado con “mucha más tranquilidad”, también se usan las redes sociales porque se sienten «en el deber de dar a conocer» un sistema con el que han constatado que la tierra afronta con muchos menos riesgos y daños tanto lluvias torrenciales como incendios.

Y que, además, hace de los ganaderos un oficio que atrae a jóvenes como Daryush, de 22 años, que trabaja en esta finca regenerativa: «me parece que no se vende esto correctamente. Para mi es un trabajo que llena, siento que aporto algo al ecosistema». EFE