José Mercé, con pañuelo rojo al cuello, y el guitarrista Mario Parrana durante su actuación en el balcón del Ayuntamiento de Pamplona. EFE/ Jesús Diges

La segunda jornada del «flamenco en los balcones» abarrota las plazas de Pamplona

Pamplona (EFE).- La voz de José Mercé, con pañuelo rojo al cuello, y el rasgueo de la guitarra de Mario Parrana, sustituyendo a Manuel Cerpa, indispuesto, han vuelto a llenar este viernes la plaza del Ayuntamiento de Pamplona. Una plaza que ha estado abarrotada de cabezas giradas hacia arriba y balcones y ventanas ocupados por un público entregado con las actuaciones en balcones de la ciudad durante el Flamenco on Fire.

El escenario, teñido de blanco y rojo hace poco más de un mes, ha acogido el acento andaluz del flamenco como si fuera propio.

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Desde las alturas, Mercé ha interpretado distintos palos durante su actuación, pasando por alegrías de Cádiz hasta fandangos.

El jerezano ha vuelto a encontrarse con un público que, fuera del foco del género, anteriormente ha asegurado que recibe el flamenco desde el “respeto, la curiosidad y el cariño”.

La voz de José Mercé, con pañuelo rojo al cuello, y el rasgueo de la guitarra de Mario Parrana, han vuelto a llenar este viernes la plaza del Ayuntamiento de Pamplona.EFE/ Jesús Diges

Tras tres canciones, ha agradecido su presencia a la marea que lo observaba con atención al grito de «¡Otra, otra!», de la que se ha despedido con un sonoro «Eskerrik asko» (muchas gracias), aprovechando, además, para recordar al pueblo gitano.

Veinte minutos después, desde el primer piso del Gran Hotel La Perla, Carmen Carmona al cante y Juanjo León, acompañándola a la guitarra. Han ofrecido un recital atravesado por la sensibilidad y la intimidad. Y lo han hecho ante la atenta mirada de quienes se han acercado desde la Plaza Consistorial y quienes ya los esperaban con anterioridad.

La emoción de Carmen Carmona

La joven cantaora, visiblemente emocionada ante la Plaza del Castillo, ha tenido que limpiarse las lágrimas y coger aire antes de comenzar ante el respetuoso silencio sepulcral de los presentes.

Tras la tercera canción, los artistas han lucido, como el jerezano en el Consistorio, el pañuelo rojo de los Sanfermines, arrancando con una cuarta canción entre los vítores de su público.

Niños, adultos, ancianos e incluso perros; de pie y sentados; quietos y bailando, disfrutando de los balcones flamencos que ya se han convertido en tradición pamplonesa. EFE