Arrate Vicuña
Pamplona (EFE).- A Paloma Fantova le hubiera gustado más cantar que bailar. “Yo soy cantaora frustrada”, reconoce durante una entrevista con EFE, “porque con eso hay que nacer”. Pero en el baile encontró una disciplina con la que llegar a lo más alto.
Desde esa altura vuelve al Flamenco on Fire este 29 de agosto para poner la guinda al ciclo nocturno ‘Tablao on Fire’ del Hotel Tres Reyes y cerrar la edición 12+1 del festival con un espectáculo que “no se ha visto en ningún lado” y en el que “no hay nada montado”.
Su relación con el baile
Nacida en una familia humilde de Puerto Real, Fantova no se formó en academias. Su padre la llevaba a ver a artistas que actuaban cerca y el resto dependía de las horas que dedicaba en casa.
Repetía frente a la televisión una y otra vez los vídeos de una cinta VHS en la que su padre, guitarrista, había grabado actuaciones de Manolete, Farruco o Manuela Carrasco.
“Me pasaba horas y horas viendo esos vídeos”, recuerda sobre las que fueron sus clases. “Después, mi padre me quitaba la imagen y seguía bailando porque ya tenía el sonido metido dentro”. “Lo que hacía era educarme el oído”, afirma.
“Cuando mis amigas venían a buscarme para salir a jugar les decía que no podía porque tenía que ensayar, así que subían y les hacía una actuación. Ese era mi juego”, cuenta.
El desarrollo de su trayectoria
La gaditana salió pronto de casa. A los 6 años apareció por primera vez en televisión; a los 7, Antonio Canales la “apadrinó” y le dio un papel principal en la obra ‘Bailaor y Raíz’, con la que pasó por el Teatro Apolo de Madrid; a los 8 ganó el concurso de talentos ‘Veo Veo’ y actuó con Rocío Jurado y José Mercé; y a los 9 recibió el Premio Revelación de Andalucía.
Acabaría trabajando con Joaquín Cortés, Tomatito o Pepe Habichuela. “He tenido la suerte de vivir una época muy bonita”, asegura la bailaora.

En 2013 recibió el Premio Venencia Flamenca en el Festival de la Mistela por espectáculo en solitario, ‘Estado puro’. “Cuando me llamaron y me lo dijeron no cabía de la alegría. Vi que tanto sacrificio había merecido la pena” rememora.
Sobre sus viajes por Asia y América en el pasado, asegura que hay seguidores que la conocieron entonces y que, a día de hoy, siguen buscándola para verla y seguir su carrera de cerca. “Es un honor, pero da pena decir que te valoran mucho más fuera que en España”, admite.
Su paso por Pamplona
Para Fantova, su regreso al Flamenco on Fire tras su primera participación en el año 2019 con ‘Mi verdad’ se justifica por su forma de cuidar a los artistas invitados y por las posibilidades que ofrece para desarrollar trabajos conjuntos.
Lo define como uno “de los que ya quedan pocos” y destaca, además, el vínculo que mantiene con él a través de figuras como Pepe Habichuela, embajador del festival y “una persona muy querida” para la artista.
“Vamos a cantar, bailar y, sobre todo, a disfrutar”, avanza sobre la exhibición que presentará en la presente edición. “Me gusta bailar así porque creo que es cuando sale la magia del duende”.
Innovación frente a tradición
Respecto a los espectáculos de corte más contemporáneo, advierte del error de presentarlos como flamencos y subraya la diferencia entre unos y otros: “El flamenco es racial. El bailaor es una cosa y el bailarín es otra”.

“Comparto que los artistas quieran innovar, yo también lo he hecho. Pero creo que cada propuesta debe presentarse tal y como es para no confundir al público”, sostiene.
Resume su trabajo de forma simple: “Yo lo que hago es bailar sin trampa ni cartón”. De la calidad técnica opina que nunca podrá ser suficiente si no tiene la capacidad de “despertar algo” en quien mira.
“Te puede gustar lo que estás viendo, pero si no te transmite, en vez de sacarte un ‘¡Ole!’ te saca un ‘’¡Hala!’”. “Y del ‘¡Hala!’ al ‘¡Ole!’ hay una diferencia muy grande”, sentencia.










