BELCHITE (ZARAGOZA).- Varias personas visitan la localidad de Belchite. El turismo de memoria alcanza su máxima expresión en el Pueblo Viejo de Belchite pero también en la llamada Ruta de Orwell, que sigue, a través de trincheras y búnkeres, el relato del escritor durante su participación como voluntario en el frente de Monegros, en la árida estepa aragonesa. EFE/Javier Cebollada

Del frente de guerra al turismo de memoria: vestigios recuperados y abiertos para aprender

Zaragoza (EFE).- Trincheras, búnkeres, polvorines o refugios antiaéreos de la Guerra Civil, silenciados durante décadas bajo la maleza y el olvido, reciben visitantes una vez recuperados y musealizados por las administraciones. Constituyen un patrimonio al que se acercan turistas interesados en aprender sobre el terreno la historia, preservar la memoria y reflexionar sobre unos hechos que partieron al país en dos.

Próximos a cumplirse 90 años del inicio de la contienda, el visitante puede tocar los muros tras los que se atrincheraron soldados republicanos y franquistas en la Ruta Orwell, caminar por senderos que recorrieron brigadistas internacionales, visitar algunos enclaves del frente de Teruel o adentrarse entre las ruinas del Pueblo Viejo de Belchite y comprender, desde la experiencia física del paisaje y de este patrimonio bélico articulado con coherencia y rigor histórico, la magnitud y el drama de esa guerra fratricida.

ALCUBIERRE (ZARAGOZA).- La directora comarcal de Turismo en Los Monegros, Natalia Arazo, contempla la vista desde el interior de un búnker restaurado en la Sierra de Alcubierre. EFE/Javier Cebollada

Los Monegros, pioneros del turismo de memoria

La comarca de Monegros fue la primera en Aragón que apostó por este tipo de turismo hace casi 20 años. «Nos guste o no, es nuestra historia», asegura a EFE la directora de Turismo de la comarca, Natalia Arazo.

Se empezó rehabilitando dos trincheras con un taller de empleo y surgió lo que hoy se conoce como el Frente de Los Monegros, que recibe la visita de colegios, familias y turistas españoles y extranjeros, sobre todo franceses, ingleses y alemanes.

Del total de consultas que se realizan en la Oficina de Turismo Comarcal, entre un 35 y un 40 % corresponden a estas visitas y al Centro de Interpretación de la Guerra Civil en Aragón, que se ubica en Robres. Este año se prevé alcanzar un récord, con 2.000 turistas con visita guiada.

El uso turístico de estos enclaves no estuvo en sus orígenes exento de desencuentros entre vecinos favorables a que se mostraran las trincheras de la Guerra Civil frente a otros que consideraban que era «levantar heridas», según Arazo. Defiende que la iniciativa busca «dar a conocer lo que pasó y no crear polémicas».

Para ello se visita una trinchera de cada lado -republicana y franquista-, aunque también se pueden visitar de forma individual con un código QR.

ALCUBIERRE (ZARAGOZA) (ESPAÑA).- Vista de un cartel de la ruta Orwell en Alcubierre (Zaragoza) donde varias iniciativas pretenden dignificar y dar a conocer los lugares en los que se desarrollaron batallas de la Guerra Civil. EFE/Javier Cebollada

El Centro de Interpretación de Robres propone un recorrido histórico con fotografías, prensa y objetos cotidianos ordenados cronológicamente. Empieza con la proclamación de la República y acaba en el Franquismo. Muestra además un audiovisual con testimonios reales de personas de los dos bandos que vivieron los hechos.

Belchite, cuando las ruinas cuentan la historia

El aspecto emocional y el relato de los supervivientes también se ha trabajado en las visitas guiadas al Pueblo Viejo de Belchite, donde se conjuga con los datos históricos.

La necesidad de preservar las ruinas del pueblo, que años atrás estaba abierto y fue expoliado y objeto de numerosos grafitis, llevó al ayuntamiento a acotarlo e iniciar en 2013 visitas guiadas. El aumento de la demanda propició la creación, en 2019, de la Fundación Pueblo Viejo para profesionalizar y gestionar este enclave único en España en el que las calles silenciosas y las ruinas hablan por sí solas y que recorren cada año unas 40.000 personas.

BELCHITE (ZARAGOZA) Varias personas visitan la localidad de Belchite. El turismo de memoria alcanza su máxima expresión en el Pueblo Viejo de Belchite pero también en la llamada Ruta de Orwell, que sigue, a través de trincheras y búnkeres, el relato del escritor durante su participación como voluntario en el frente de Monegros, en la árida estepa aragonesa. EFE/Javier Cebollada

«Ponemos nuestro granito de arena para que esto no vuelva a suceder e intentamos contar historias de nuestras familias o de otras personas que vivieron durante esos días», explica la guía María Pilar Martínez, en referencia a la batalla que se libró durante 14 días en el verano de 1937.

Resalta además la importancia del turismo para mantener y difundir la historia que preservan estas ruinas y apuntalar la economía de la zona.

Rubén Torres, de Barcelona, visita Belchite por primera vez durante un viaje familiar. «Sabíamos un poco lo que había sucedido aquí y era una buena oportunidad para verlo de primera mano, es muy interesante», asevera. Está convencido de la necesidad de estas iniciativas tanto para entender lo ocurrido como para ayudar a la economía local.

Llegado desde Córdoba, René Palacios tenía conocimiento de Belchite porque su hijo es arqueólogo vinculado con la memoria histórica. Su abuelo estuvo en la zona antes de la batalla del Ebro, donde murió. «Me ha llamado la atención que aquí no se usan banderas de un bando ni de otro, es curioso», afirma. Valora que se mantengan estos lugares de memoria «para la concienciación».

‘Atrinchérate’ recupera el frente de Teruel

Responder a la demanda turística para conocer los enclaves y paisajes en los que se vivió la contienda en la provincia de Teruel propició la creación del proyecto ‘Atrinchérate’. La Comarca Comunidad de Teruel empezó a investigar con un taller de empleo los vestigios de la guerra existentes y localizó 17 posiciones que, «por su interés histórico, estado de conservación y accesibilidad podían convertirse en recursos turísticos», señala la técnico responsable de turismo, Carmen Alonso.

Se instalaron mesas interpretativas en las que se explica la importancia del enclave en la batalla de Teruel, señales indicativas y puntos de aparcamiento cercanos. Se ofrece también una lectura paisajística de estos vestigios entre los que se cuentan trincheras, búnkeres, puestos de mando o nidos de ametralladoras.

Cada posición está geolocalizada y los visitantes pueden descargarse un cuaderno de viaje desde la web de la comarca. En algunos puntos, como Corbalán, la experiencia se completa con recursos de realidad aumentada.

Aunque no se ofrecen de momento guiadas, Alonso destaca que se percibe «un incremento de visitas» a la zona a través de reseñas y el aumento de la actividad en bares y restaurantes. ‘Atrinchérate’ ha demostrado que el turismo de memoria es también «motor de desarrollo rural en municipios pequeños y despoblados».

Pasado, presente y futuro

El turismo de memoria se consolida en Aragón como una herramienta para preservar el patrimonio bélico, educar en la paz a las nuevas generaciones y dinamizar territorios rurales castigados por la despoblación para construir desde el pasado un futuro más próspero.

Lourdes Sarsa