Los actores Juan Echanove (d) y Joaquín Climent (i) han presentado este jueves la obra 'Esencia', de Ignacio García May, que se representará en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria este viernes y sábado. EFE/Ángel Medina G.

Echanove y Climent llegan al Cuyás con ‘Esencia’, una obra que pone en duda la realidad

Las Palmas de Gran Canaria (EFE).- Dos viejos amigos, una conversación y una espera que nunca se resuelve. Con estos mimbres, Juan Echanove y Joaquín Climent protagonizan ‘Esencia’, la obra que llega este fin de semana al Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria para poner en duda la realidad y desafiar la percepción del espectador.

Escrito por Ignacio García May y dirigido por Eduardo Vasco, este montaje es una producción «arriesgada» y un texto «profundamente vertiginoso» que «muchas veces te pone al borde del abismo para que tomes tus decisiones», ha explicado en la presentación este jueves el actor Juan Echavone. Sin embargo, ha recordado, desde su estreno el año pasado llena los teatros.

Se trata de la primera vez que ambos actores trabajan juntos en teatro y también de la primera ocasión en que el Cuyás acoge una obra escrita por Ignacio García May, que podrá verse el viernes 30 y el sábado 31 a las 19.30 horas.

El texto está encuadrado dentro de una colección que se llama ‘Teatro de la Conspiración’ y habla sobre la posibilidad de una conspiración universal, de que la realidad que vivimos es ficticia e inventada y de que la historia tal y como la conocemos puede estar manipulada y realmente somos piezas de un destino universal que ya está escrito, ha explicado el actor.

La historia va sobre dos amigos, Pierre y Cecil, que se encuentran en un café en Quebec después de 14 años sin verse cuando uno de ellos ha sido citado allí para hacerle una entrevista a un autor maldito canadiense «que no se sabe realmente si es canadiense, pero que en todo caso lo podríamos encuadrar dentro de los autores malditos como J. D. Salinger o Thomas Pynchon, esos autores de los que no se saben ni cómo son, que no hay fotografías», ha explicado Echavone.

A partir de ahí se trenza entre los dos un diálogo que tiene muchas vertientes y en las cuales el espectador tiene que tomar partido.

Ambos actores han insistido en la complejidad del texto. Joaquín Climent ha admitido que no se había encontrado nunca con un proceso así y ha comparado el esfuerzo de su estudio al de unas oposiciones, al tiempo que ha señalado que desentrañar esta historia ha sido «sorprendente» y la interpretación en esta obra «una de las experiencias más placenteras» de su vida.

También lo ha expresado así Juan Echavone al recordar que el ha hecho monólogos de una hora y 20 minutos, pero no tan complejos y que requirieran tanta precisión lingüística, «incluidas comas, puntos y preposiciones», así como agilidad mental para poder ejecutarlo, y ha dicho que es de las cosas de las que más orgulloso está de su vida.

«Es una sensación inigualable. Es una pieza que tiene tantos matices, tiene tantas curvas a gran velocidad y que precisa tal concentración para poder hacerla, que cuando realmente termina y la sentimos como bien ejecutada digo: ¡caray!, ha valido la pena casi 50 años ya de trabajar en el teatro para sentir lo de hoy».

Un trabajo minucioso destinado a que, contrariamente, el espectador no lo perciba y que lo reciba es una actuación que «fluye entre los dos personajes, que llega hasta a rozar la comedia y, a veces, lo cotidiano», a pesar de «las capas que hay que ir desentrañando de lo que se cuenta», porque, asegura Echavone, «tiene muchas lecturas».

Climent ha apuntado que la obra es para todo tipo de público «porque es muy transversal» y «todo el mundo se lleva algo, se ríe o sale impactado». EFE