Alberto Valdés |
La Laguna (Tenerife )(EFE).- Al cumplir los 30 años, el artista canario Borja Jiménez Mérida (1994), más conocido como Bejo, decidió dar un paso hacia las profundidades de su mente y crear “El Interiorista”, un álbum que trasciende lo musical y que encuentra su máxima expresión sobre el escenario, donde el material audiovisual y las acciones perfomativas dinamitan los límites de un “yo” generacional.
El Teatro Leal de La Laguna acogió en la noche de este jueves el final de gira de esta figura clave en la escena cultural contemporánea del archipiélago, quien completó un trío de funciones con llenos absolutos durante tres días consecutivos en el que es uno de sus lugares de referencia, junto a su natal isla de El Hierro y a Madrid, donde emigró para estudiar y donde explotó como fenómeno musical.
“Ya no soy lo que era, nueva era. Otro paisaje, la misma loquera. Ya no le pido al nisperero peras”, espeta Bejo en los primeros versos de su nuevo disco, formado por ocho canciones y por un corto en el que el cantante comienza corriendo por paisajes herreños hacia el Puerto de la Estaca mientras es observado por los Carneros de Tigaday, una referencia cargada de simbolismo y tradición canaria.
Una canción en la que afirma que está “esperando a que se acabe el carnaval, las caretas y lo banal” mientras intenta llegar al barco que une El Hierro con Tenerife, a pesar del fuerte oleaje, sin embargo “las olas van y vienen” y él, como todos los jóvenes canarios de su generación a los que representa, “sigue clavado”.
Con este marco conceptual, Bejo aborda la crisis que enfrenta la juventud isleña con una perspectiva cada vez más popular, regresar a las raíces culturales de sus lugares de nacimiento, una idea que aparece a través del “farero” que le guía en voz en ‘off’ durante su periplo en el escenario, el cómico tinerfeño Ignatius Farray.

Para hacerlo, el artista se sirve de una innovadora propuesta visual que funciona como una especie de teatro de sombras, donde las proyecciones se superponen a la figura del cantante y éste puede habitarlas e interactuar con ellas, creando un formato que rompe con los límites tradicionales de la puesta en escena de un cantante de rap.
Y es que el canario, desde sus comienzos hasta el día de hoy, ha basado su prolífica y multifacética carrera en jugar con el límite de lo posible en cada una de las áreas en las que ha desplegado su arte: la música, los videoclips, la pintura, la ilustración y la poesía, entre otros.
Pero siempre con el toque humorístico que le caracteriza, una herramienta que le sirve para ahondar de manera sencilla pero profunda en las contradicciones de la realidad que le rodea y que en “El Interiorista” alcanza su máxima expresión.
Bejo también realizó un repaso por su discografía y cantó algunas de sus canciones más famosas, pintó un cuadro en directo, danzó con un grupo de seres que parecían salidos de uno de sus lienzos y se enfrentó en una luchada a uno de los carneros, todo ello entre un sinfín de juegos de luces y sombras.
Incluso el artista conejero César Manrique tuvo espacio dentro del espectáculo, toda una referencia en las islas que sirvió para ilustrar una de las partes vitales del discurso del rapero, la necesidad de una generación “marcada por la ansiedad y la depresión” de “resistir”, de “dejarse de ir por las ramas y volver a la raíz”, a pesar de que existan “muchas fatigas y muchos problemas”, para imitar el ir y venir de las pardelas. EFE