Imagen de la biblioteca de Eusebio Fernández con 25.000 libros en la cuadra reformada que tiene detrás de su casa, en el pueblo cántabro de Santa Olalla. EFE/ Eva García

Una biblioteca de 25.000 libros escondida en el pajar de una cuadra cántabra

Santa Olalla (EFE).- Eusebio Fernández soñó desde pequeño con, algún día, tener una biblioteca personal como la de Marcelino Menéndez Pelayo, y años después reúne 25.000 libros en la cuadra reformada que tiene detrás de su casa, en el pueblo cántabro de Santa Olalla.

Desde fuera, la cuadra parece una vivienda perfectamente mantenida, con un césped verde y cuidado, con flores y hasta algún frutal. Al entrar, todo tipo de campanos, cebillas, antigua maquinaria de campo y carretas son la antesala de una inesperada biblioteca en el piso superior, el antiguo pajar.

Su dueño, natural de Santa Olalla (Molledo), es catedrático de Filosofía del Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid y ha dedicado su vida a la investigación y la docencia de la Teoría del Derecho y la Filosofía Política.

En una entrevista con EFE, cuenta que la idea de crear su propia biblioteca se le ocurrió con 11 años, al ver y admirar la del escritor Marcelino Menéndez Pelayo, en Santander.

«Pensé: cómo me gustaría tener una biblioteca que no fuera una habitación o el salón de una casa, sino una biblioteca al lado de casa a la que poder ir, y cómo me gustaría tener tantos libros”, recuerda el catedrático.

Desde entonces, cada vez que alguien le preguntaba qué quería por su cumpleaños, no dudaba en pedir libros, y para cuando se fue a la universidad ya contaba con una pequeña biblioteca de unos 40.

Dos tomos de Menéndez Pelayo, su primera compra

Recuerda el primer libro que se compró él mismo en una librería religiosa, dos tomos escritos por Menéndez Pelayo, «La historia de los heterodoxos Españoles».

«Iba con mi hermana Merche y le dije que si me podía comprar el libro, y entramos a preguntar. Uno de los empleados me dijo que para qué quería yo ese libro, que si era para regalar a mi abuelo. Y le dije que no, que lo quería yo”, cuenta.

Resultó que en su tesina de la carrera acabó utilizando ese libro, que aun conserva y localiza con facilidad en una de las estanterías de su biblioteca.

Al sacarlo y abrirlo, muestra y explica cómo enumeró sus primeros libros, en 1969, en los que escribía ‘Biblioteca Menéndez Pelayo’, ponía el número que ocupaba cada tomo en su estantería, y firmaba.

Con la llegada a la universidad y los «bajos sueldos» de los profesores, Fernández recurría a los libros de la biblioteca de la Universidad Autónoma de Madrid, «una de las más completas», pero en cuanto se sacó la cátedra comenzó a comprarse sus propios ejemplares, y asegura no haber parado desde entonces.

«A principio de curso siempre animaba a mis alumnos a comprar libros, a empezar a construir su propia biblioteca», explica y añade que es una inversión que «merece la pena».

Un pajar para 25.000 libros

Los libros, que actualmente cifra en 25.000, han viajado con él por todas las casas en las que ha vivido, hasta que un día «ya no cabían» y tuvo que buscar una alternativa.

Es entonces cuando se le ocurrió que aquella cuadra con pajar de su padre, detrás de su casa, podría reformarse y adecuarse para albergar sus libros y tener una biblioteca permanente, como había soñado desde niño.

«La mayoría son libros profesionales míos, libros trabajados y subrayados, de Filosofía del Derecho, Filosofía Política, Ética e Historia de las Ideas, sobre todo», señala el jurista.

Cuando la gente conoce la biblioteca se queda «asombrada» porque no se esperan que un antiguo pajar, que aún conserva los aperos, la leña, herramientas de arado y otros elementos, guarde en secreto esa cantidad de conocimiento.

«A mí me gustaría que tanto la biblioteca como la parte de abajo, que es un medio museo, tuvieran un uso y un acceso público, para que la gente del pueblo y alrededores, sobre todo los jóvenes, puedan entender que el estilo de vida de los pueblos ha cambiado mucho», reconoce Fernández.

El catedrático sueña con poder prestar los libros a la gente del pueblo, que le pregunten sobre libros o se los pidan y dar a la biblioteca un uso, pero asegura que «venderlo bajo ningún concepto».

«Me siento muy contento porque esta biblioteca no la he heredado de nadie, la he hecho yo y veo mi vida a través de mis libros», afirma Fernández.

Autoría texto y foto: Eva García González