Valladolid (EFE).- Las mujeres cineastas en España enfrentan retos particulares como una menor presencia en el sector, unos presupuestos menos holgados y la masculinización de algunos puestos, como los relacionados con la fotografía, el sonido o los efectos especiales.
Así lo ha apuntado este martes la directora de cine catalana Judith Colell, que ha compartido con las también directoras Amparo Climent, Inés G. Aparicio y Candela Sotos, una mesa redonda del ‘Encuentro de mujeres cineastas’ celebrada en el paraninfo de la Universidad de Valladolid (UVa) y que se enmarca en la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).
Más presupuesto
«Las mujeres hacemos de todos y por ese mismo motivo tendríamos que ser capaces de poder acceder a algunos presupuestos a los que acceden con mucha más facilidad los directores hombres», ha asegurado Colell, que cree que no existe un motivo concreto contra las creadoras, sino que es fruto de una «inercia» de que las realizadoras hacen proyectos «más intimistas».
Una premisa que no se cumple en su última película, ‘Frontera’ – un largometraje de época sobre el paso de los refugiados del nazismo por los Pirineos y que el festival vallisoletano ha estrenado en su Sección Oficial fuera de concurso-, pero le ha dado pie a explicar que, aunque no siempre sea necesaria, más financiación hace más competitivas a las películas.
Compromiso
Bajo el título de ‘Cine militante’, las cuatro creadoras han abordado la implicación política y social de sus trabajos, la labor de recuperación de la memoria democrática a través de la recuperación de historias, incluso las más cercanas, y la importancia de una mirada ética y estética en sus producciones.
Amparo Climent, directora e impulsora del Festival Internacional de Cine por la Memoria Histórica (FESCIMED), ha explicado que «siempre ha hecho cine de género», siempre ha puesto «el foco en la mujer, ya que ha sido la más opacada de la Historia», ya sea en los campamentos de migrantes en el monte Gurugú (Marruecos) o en los campos de refugiados de Indomeni (Grecia).
Una visión que también ha trasladado en su película de no ficción ‘Dolores Ibárruri. Pasionaria’, en la que explora la vida de la comunista vasca, no tanto desde su lado más político más conocido y tratado de forma «despectiva durante el franquismo», sino su faceta más íntima.
Memoria
Por su parte, Candela Sotos, sobrina nieta del pionero del documentalismo español Guillermo Fernández Zúñiga y autora de ‘Yrupé’ -que se puede ver en la sección ‘Tiempo de historia’ de la Seminci-, ha reconocido la «responsabilidad» que sintió al abordar esta historia, casi desconocida para ella y en la que encontró dificultades incluso dentro de la familia del cineasta.
Sotos ha incidido en que para ella ‘Yrupé’ es un «ejercicio de memoria» y un ejercicio de «justicia poética» no sólo para recordar la figura de Zúñiga, que formó parte de las ‘Misiones pedagógicas’ de la II República y que se exilió durante la primera década de la dictadura franquista, sino para mostrar también a las mujeres como guardianes de la memoria.
«Yo di prioridad a las mujeres, a las historias que me contaba mi madre, porque los hombres van a la guerra, luchan y mueren, pero las que conservan los fotos y las historias son ellas y eso no es causalidad», ha subrayado.
Cuplé reivindicativo
Inés G. Aparicio, que presenta en el certamen vallisoletano su cortometraje de animación ‘La diva, mi abuela y yo’, se ha centrado en la parte más cercana de la militancia, la que recuerda las canciones de las mujeres y de las cupletistas que utilizaban su arte para transmitir sus reivindicaciones».
«Las cupletistas eran las auténticas ‘influencers’ de los años 30», ha asegurado, a lo que Amparo Climent ha apostillado que «las cupletistas, de alguna manera, metían esas perlas» en sus canciones y actuaciones y ha subrayado la necesidad de valorar a «todas mujeres que fueron silenciadas».
Preguntadas por las críticas que pueden sufrir estas creadores en un momento de elevada polarización política y social, Climent ha señalado que su cine «incomoda a quien se quiere incomodar» y ha insistido en la importancia de recuperar el pasado para que no vuelva a ocurrir que «otros cuenten nuestra historia».
La conversación la ha zanjado Inés G. Aparicio, que ha señalado que ella tiene dos motores para crear («el cabreo» y «la curiosidad») y ha enfatizado en que el mejor arma contra los comentarios hirientes es la indiferencia: «combinar esas tres cosas puede ser lo que nos salve, para no desmoralizarnos y no darles el poder que quieren». EFE