Ocho localidades zamoranas del entorno de la frontera con Portugal participan en la romería de los Viriatos, que destaca por los altos pendones blancos, visibles en la distancia.. EFE/Mariam A. Montesinos

Ocho pendones únicos en altura y blancura asoman a los Arribes del Duero en una romería



Fariza (Zamora), (EFE).- Ocho pendones únicos por su mayor altura y por su blancura han asomado este domingo por la tarde a los Arribes del Duero fronterizo con Portugal en la romería de los Viriatos, una tradición documentada por escrito desde principios del siglo XVII que se desarrolla en una ermita del término municipal de Fariza (Zamora).

La romería, que congrega a pueblos de la zona zamorana de Sayago y recibe también a muchos vecinos portugueses de la zona de Miranda do Douro, se caracteriza por los pendones de hasta nueve metros de altura cada uno, que al ir a la cintura pueden alcanzar los diez metros, que se llevan en la procesión de ida y vuelta entre el casco urbano de Fariza y la ermita de la Virgen del Castillo.

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La experta en esta tradición, investigadora y autora de un libro sobre los elementos característicos de esta peculiar romería, Carmen Tapia, ha declarado a EFE que se trata de unos pendones que se diferencian del resto tanto por su porte como por ser totalmente blancos y civiles, aunque luego lleven elementos alusivos a la parroquia de la que proceden o el santo que celebran en esa localidad.

Los pendones, junto a la comitiva de cada pueblo, las pendoentas y las cruces parroquiales han llegado el domingo por la mañana en procesión a las afueras del casco urbano de Fariza.

Ocho localidades zamoranas del entorno de la frontera con Portugal participan en la romería de los Viriatos. EFE/Mariam A. Montesinos

En la localidad han confluido los vecinos de los pueblos participantes en la romería, que junto al anfitrión, son los de Argañín, Badilla, Cozcurrita, Mámoles, Palazuelo de Sayago, Tudera y Zafara.

Son todas ellas localidades humildes y con pocos vecinos, de la veintena de las más pequeños hasta menos de dos centenares las de mayor tamaño, aunque en esta romería se multiplican con la llegada de migrantes e hijos del pueblo.

Camino hacia la ermita en el tramo fronterizo

Todos ellos han disfrutado de una comida popular y por la tarde han emprendido juntos el camino de unos tres kilómetros hasta la ermita de la Virgen del Castillo, situada en pleno parque natural de Arribes del Duero, en el tramo del río fronterizo con Portugal.

Es en ese camino, de ida y vuelta hasta la ermita en la que se han visto las estampas más bellas e imponentes, con los pendones distinguibles en la distancia, y tras ellos las pendonetas, las cruces parroquiales de los pueblos participantes y, por último, la Virgen del Castillo, que da nombre a la ermita.

También es ahí cuando se han mostrado los momentos de mayor dificultad para llevar los pendones, que portan una persona que lo carga a la cintura y, para mantener el equilibrio, otras tres que equilibran el Viriato, los denominados cordeleros, que sujetan una cuerda de 22 metros que va por delante del pendón y dos de unos catorce metros a los lados.

Las medidas de los pendones, también llamados Viriatos, se mantienen invariables desde hace al menos un siglo, aunque la tradición de esta romería se remonta a mucho más atrás y está documentada desde el año 1611. EFE