Fernando Sanz |
Valladolid (EFE).- Medina de Pomar, un municipio de más de 6.000 habitantes en la comarca burgalesa de Las Merindades, se ha teñido de arcoíris este fin de semana para reivindicar la fiesta del Orgullo y romper los prejuicios que aún existen en el medio rural.
Una celebración más allá de los actos de las grandes ciudades de Castilla y León, una de las pocas autonomías que -junto al Principado de Asturias, cuya norma sigue en tramitación- carece de una ley LGTBIQ+ propia.
«Sí, en el medio rural persisten (los prejuicios), no te señalan por la calle, pero aún hay miradas incómodas», explica a EFE la concejala de Igualdad del municipio, Verónica Ortega, que destaca el apoyo social y de la hostelería del municipio a estos actos.
Sin embargo, Ortega reconoce que todavía tiene que lidiar con comentarios que pretenden «minimizar o ridiculizar» esta celebración, lo que a su juicio confirman aún más la necesidad de rememorar los disturbios de Stonewall, el 28 de junio de 1969, fecha elegida para celebrar el Día del Orgullo LGTBIQ+.
En este año, el municipio burgalés ha acogido conciertos, talleres de concienciación y pasacalles, y este domingo, culmina su programación con una visita guiada a la exposición con temática LGTBI, ‘Affectus’, en el Museo Histórico de Las Merindades, del artista brasileño afincado en el municipio Daniel Jaén y con la lectura de un manifiesto.
Retorno tras el ‘sexilio’
El germen de esta iniciativa en esta comarca histórica de Burgos reside en las propias vivencias de sus vecinos, explica a EFE Paloma García, la presidenta de Alternativa Medina, una organización que no es específicamente LGTBIQ+, pero que organiza esta celebración desde 2025.
«Gente que se crió aquí, sintió ese rechazo, hizo que se fuera temporalmente y que en la actualidad han vuelto», señala García, antes de subrayar que son sobre todo esas personas «las que están incentivando y luchando por visibilizar estos temas».
Es el caso de Samuel Pereda, que sufrió acoso durante su adolescencia por su orientación sexual y eso le empujó a abandonar su lugar de origen, en un fenómeno conocido como ‘sexilio’, que le llevó mudarse a Bilbao y a Reino Unido.
Pereda volvió a Medina de Pomar tras la pandemia de la covid-19, pero lo hizo con una perspectiva distinta, según explica a EFE y con el ánimo de, junto a otros miembros de la asociación, de luchar contra la LGTBIfobia.

Castilla y León, sin ley LGTBIQ+
Pereda insiste en la necesidad de informar sobre el colectivo en los entornos rurales, ya que «muchísimo rechazo viene por el desconocimiento» y respecto a que Castilla y León sea la única Comunidad que ni siquiera tenga una Ley LGTBI propia a debate, opina que es «bastante decepcionante».
En concreto, señala ámbitos como la salud de las personas trans y el trato de las fuerzas de seguridad, ya que, a su juicio, todavía «hay discriminaciones y agresiones que se tratan de forma superflua».
Sin embargo, la ausencia de esta ley no ha impedido que personas del colectivo LGTBIQ+ hagan el camino de vuelta y se instalen en el municipio para desarrollar una vida sin limitaciones.
Generaciones futuras
Es el caso de Tania Martín, nacida en Bilbao, residente en varios municipios de Vizcaya a lo largo de su vida y que en 2024 se instaló en la cabecera de comarca de Las Merindades donde pasaba los veranos, atraída por la calidad de vida del municipio.
Martín reconoce que «aún queda mucho camino por recorrer» y reflexiona sobre el auge del discurso LGTBIfóbico y el impacto para las generaciones venideras.
«A nosotros, con 30 años, con nuestras parejas y la vida hecha, tenemos más capacidad para si alguien viene a decirnos algo rebatirlo, pero la gente más joven es la que nos preocupa y eso influye directamente en que la gente se vaya del pueblo», advierte.
Mientras tanto, Medina de Pomar cierra la segunda edición del Orgullo con una bandera arcoíris de ocho metros en la muralla y con el objetivo de que este municipio se convierta en un espacio seguro y de reflexión a favor del colectivo LGTBIQ+. EFE










