Inés Morencia | Valladolid (EFE).- De la cancha de Huerta del Rey, donde ha desarrollado sus diez temporadas en la máxima categoría del balonmano español, a su próximo destino como agricultor en su pueblo de Castroverde de Cerrato (Valladolid), Miguel Camino es sinónimo de entrega absoluta, pasión por su trabajo, respeto y profesionalidad.
Siempre tuvo claro que se recoge lo que se siembra, primero en el balonmano como una pieza clave para el crecimiento y consolidación del Recoletas Atlético Valladolid, y después en el campo, en las tierras de su familia como agricultor profesional, una labor que incluso no descuidó entre partidos, viajes y entrenamientos.
«No creo que haya dado tanto como lo que he recibido. Jugar en Huerta del Rey con tanta gente, representar a mi ciudad durante tanto tiempo, es un sentimiento inexplicable, o ver cómo ha ido creciendo el club, paso a paso, haciendo las cosas muy bien, con las ideas claras y el objetivo de avanzar para, por qué no soñar, jugar en Europa», ha explicado en una entrevista con EFE.

Bajar a la tierra
Miguel Camino siempre ha tratado de tener un plan A, B y C, con el que asegurar su futuro y, aunque su intención era poder jugar mientras aportara al equipo y disfrutara, y dedicarse al campo, otra de sus pasiones, tal y como él reconoce, «no estaba de más contar con otras opciones», ha matizado.
Cuando su padre se jubiló, hace ya algunos años, compatibilizó su trabajo como agricultor con el de jugador de balonmano, lo que supuso un importante esfuerzo y sacrificio, quitar muchas horas a su familia, amigos y pareja, a los que en su nueva etapa tras anunciar su retirada como deportista, espera resarcir por tantas ausencias.
Así, sembraba, primero, y cosechaba después, en los terrenos de Castroverde de Cerrato, su pueblo natal, colza, cereal, trigo, cebada, viñedos y girasol, en los que ahora emplea mucho más tiempo, disfrutando en el campo de la misma manera que hizo en las canchas.

De casta le viene
Su vida como jugador ya estaba prácticamente marcada por el apellido, ya que sus dos hermanos -Alberto y Diego- y su hermana Mercedes lo practicaron antes que él, y desde muy pequeño ya iba a las canchas a animarles, por lo que el balonmano pasó a formar parte de su ADN.
Desde los 6 a los 18 años jugó en el patio del colegio La Enseñanza de Valladolid, y lo hizo como central y lateral, para, en la selección de Castilla y León pasar al extremo izquierdo, posición en la que supo desplegar todas sus cualidades tanto ofensivas como defensivas.
En ataque ha sido resolutivo, con una buena definición, y en defensa, una auténtica pesadilla para los rivales siempre que actuaba como avanzado, lo que le convirtió en un jugador muy completo y fundamental en los esquemas tácticos de los entrenadores que le han dirigido.
El último de ellos ha sido, David Pisonero, con el que se ha entendido a la perfección, pero deja claro que ha aprendido «de todos» los técnicos que ha tenido, tanto en el BM Zamora, en el que militó durante sus años de carrera allí, hasta que finalizó los estudios de Ingeniería Civil, como en Valladolid.
Diez temporadas
Se ha ido de la misma manera que llegó, con humildad y un profundo agradecimiento, en un momento en el que todavía podía dar mucho en el Recoletas Atlético Valladolid, que ha dejado en la mejor posición de su historia -sexta-, después de diez temporadas en las que ha disputado 303 partidos y marcado 532 goles.
Le ha dado además grandes amigos que «lo serán para toda la vida», y la posibilidad de jugar contra grandes profesionales como Juanín García o Nikola Karabatic, sus dos principales referentes después de sus hermanos, Alberto, al que tuvo como rival, y Diego, con el que compartió pista durante varias campañas y que «fue otro regalo» para él.
Seguirá acudiendo a Huerta del Rey, pero como aficionado, lo que admite que le va a resultar raro después de tantos años sobre la pista, y de una memorable despedida que le sigue poniendo «la carne de gallina» por el inmenso cariño que recibió del público.
Apuesta por el balonmano
Ahora «es el momento de apostar por el balonmano en Valladolid, porque es uno de los máximos representantes de la ciudad en el ámbito nacional, junto a los equipos de rugby, y el Recoletas tiene un proyecto sólido que está aportando muchos éxitos deportivos», ha vaticinado.
Ha superado algunas lesiones, y un grave accidente de coche que le han enseñado a «valorar aún más cada momento». Por eso, a pesar de haber dejado una de sus predilecciones desde niño, refuerza su romance con la agricultura con el mismo empeño e ilusión porque sabe que son el mejor abono para seguir teniendo éxito y para ser feliz. EFE










